Día del Medioambiente: La ONU llama a luchar contra la pérdida de alimentos

Lanzó la campaña “Piensa. Aliméntate. Ahorra: Reduce tu huella alimentaria”. La Segunda, 05 de junio 2013. ;


Los esfuerzos contra el desperdicio y la pérdida de alimentos producidos y almacenados es el reto planteado para la conmemoración, hoy, del Día Mundial del Medioambiente.

En un comunicado emitido hoy, el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) asegura que “una de cada cuatro calorías producidas por el sistema agrario global se pierde o desecha,” lo que complica "la capacidad del planeta de reducir el hambre y satisfacer la demanda alimenticia de una población en rápido crecimiento.”

El análisis publicado por el PNUMA indica que más de la mitad de la comida desperdiciada en Europa, EEUU, Canadá y Australia se desecha en la etapa de consumo, mientras que en los países en desarrollo, dos tercios de las pérdidas se producen durante el almacenaje.

En este sentido, el estudio destaca una invención nigeriana llamada “zeer": un sistema de refrigeración por evaporación que puede conservar frutas y vegetales sin electricidad.

"El sistema -señala el texto- cuesta menos de 2 dólares y puede almacenar hasta 12 kilos de productos. Los tomates y las guayabas, que durarían unos dos días sin estar almacenadas, pueden llegar a conservarse hasta 20 días en un ’zeer’.”

El informe asevera que, para 2050, el mundo necesitará un 60 por ciento más de calorías que hicieron falta en 2006, si se mantiene la actual tendencia de demanda.

Los autores apuntan que la reducción de las tasas de pérdida y desecho de comida reducirían este impacto, además de ahorrar agua, energía, pesticidas y fertilizantes, y de suponer un gran apoyo para la seguridad alimentaria del planeta.

"Todos, desde los granjeros a los minoristas, pasando por (…) restaurantes y hogares, tienen su papel, y así contribuirán a (…) eliminar desigualdades en los países ricos y pobres, y a crear un camino medioambientalmente sostenible para miles de millones de personas,” dijo el director ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner.

Las iniciativas en marcha en Nigeria, Estados Unidos, Afganistán o Australia a este respecto podrían -según el texto- reducir los 1.300 millones de toneladas de comida desperdiciados cada año.

Con el agua desechada se podrían llenar 70 millones de piscinas olímpicas, mientras que la extensión de tierra necesaria para producir la comida desperdiciada equivaldría a un territorio del tamaño de México.

El lema del presente Día Mundial del Medioambiente es “Come, piensa, ahorra. Reduce tu impacto.”


Un tercio de alimentos que se producen no llegan de la granja a la mesa


Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU, recordó a través de un comunicados que a pesar de que la producción de alimentos supera con creces la demanda, 870 millones de personas sufren de desnutrición y el retraso del crecimiento infantil es una pandemia silenciosa.

“Una forma de reducir la brecha del hambre y mejorar el bienestar de los más vulnerables es hacer frente a la pérdida y el desperdicio masivo inherente a los sistemas alimentarios actuales. Hoy en día, al menos un tercio de todos los alimentos que se producen no llegan de la granja a la mesa. Esto es, ante todo, una afrenta a quienes padecen hambre, pero también representa un enorme costo ambiental en términos de energía, tierras y agua”, señala.

En los países en desarrollo, las plagas, la falta de instalaciones de almacenamiento adecuadas y la ineficiencia de las cadenas de suministro son los principales factores que contribuyen a la pérdida de alimentos.

En los países desarrollados, los alimentos desechados en los hogares y los establecimientos de venta de comestibles y de restauración se pudren en los vertederos, emitiendo cantidades significativas de metano, un potente gas de efecto invernadero.

La infraestructura y la tecnología pueden reducir la cantidad de alimentos que perecen después de la cosecha y antes de llegar al mercado.

Los gobiernos de los países en desarrollo pueden trabajar para mejorar la infraestructura básica y potenciar al máximo las oportunidades de comercio con los países vecinos; los países desarrollados pueden apoyar el comercio justo y racionalizar las fechas de caducidad y otros sistemas de etiquetado; las empresas pueden examinar los criterios que aplican para rechazar productos agrícolas; y los consumidores pueden reducir al mínimo los desperdicios comprando solo lo que necesitan y aprovechando los restos de comida.

 

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