Medio ambiente y naturaleza, una ausencia reiterada

Columna de opinión de Flavia Liberona, directora ejecutiva de Fundación Terram, publicada en el blog de La Tercera el 27 de junio 2013. Vea blog AQUI.


La ausencia y/o debilidad de propuestas en las temáticas ambientales y de naturaleza de los candidatos presidenciales y/o parlamentarios no es algo nuevo, sino que se repite en cada periodo electoral. Estas temáticas son abordadas como un tema accesorio o un pie forzado sobre el cual “hay que decir algo”. Probablemente esto se debe a una gran incomprensión sobre la importancia de esta dimensión en la vida de las personas, del país d y del planeta, pues los candidatos, y en general el mundo político, mantiene la creencia que el bienestar social pasa sólo por mejorar el bienestar económico, como si esto estuviese desligado del territorio donde ocurre, de las relaciones entre las personas, de éstas con la naturaleza y con las actividades económicas. Los conflictos socioambientales parecen ser lo único que llama la atención de los candidatos y por ello temas como HidroAysén suscitan respuestas, pero sin adentrarse en comprender todas las aristas de estas problemática, que van desde cuestionar la política eléctrica, pasando por la institucionalidad ambiental, los derechos de agua, la conservación del patrimonio natural, hasta temas tan globales como el cambio climático.

En la campaña que culmina con la elección primaria de este domingo hemos podido ver  a los candidatos emitiendo opiniones sobre temas puntuales: represas termoeléctricas, contaminación atmosférica, e incluso la política eléctrica, pero en ningún caso ha sido posible percibir una visión de mediano y largo plazo sobre el modelo económico y sus impactos en el patrimonio natural, o una propuesta respecto a cómo podemos conciliar el desarrollo del país con la implementación de ciertos resguardos ambientales y de protección de la naturaleza.

Ha existido una escasa reflexión frente a estos temas, poco cuestionamiento, pese a que vivimos en un país que basa su economía en un modelo extractivista que desde hace décadas ha estado generando enormes impactos ambientales y sociales, además de la destrucción irreparable de algunos ecosistemas. Para qué hablar de justicia ambiental,  entendida a nivel internacional como el “tratamiento justo y la participación significativa de todas las personas independientemente de su raza, origen, cultura, educación o ingreso con respecto al desarrollo y la aplicación de leyes, reglamentos y políticas ambientales”; este es un tema claramente no abordado o mejor dicho ni siquiera visualizado en el país.

Tampoco son abordados por los candidatos los grandes temas que afectan al país, su desarrollo social y económico. Temas como la desertificación, cambio climático, cambio de uso de suelo, relación entre las ciudades y su entorno, protección de glaciares y cuencas hidrográficas, conservación y recuperación de biodiversidad, contaminacion atmosférica, por solo nombrar algunos. Sabemos poco o nada sobre qué piensan los candidatos de las estructuras institucionales y los aspectos normativos, por ejemplo, respecto a la institucionalidad ambiental y su inconclusa implementación,  o respecto de la normativa ambiental (normas de calidad y emisión, planes de prevención y descontaminación) de agua, aire y suelo ¿Saben ellos, al menos, en qué consiste la institucionalidad o para qué sirven las normas? ¿Por qué no se han implementado, qué falta por hacer y cuáles son las deficiencias?

Similares cuestiones se pueden señalar sobre leyes sectoriales con implicancias ambientales, tales como la ley de pesca en materia de salmonicultura y la ley aprobada a fines de 2012 sobre cuotas de captura de pesca.

Todo esto sólo muestra lo evidente: en medio ambiente y naturaleza, presentamos un enorme retraso respecto a los países de la región, y para qué decir en relación con los países OCDE. Por ello, no sorprende que hace unas semanas, cuando se dio a conocer  el Índice para una vida mejor  de la OCDE, en la componente ambiental Chile obtuviera el último lugar, y eso que sólo se analizaron dos parámetros: contaminación atmosférica y agua; ¿qué hubiese pasado si se analiza otros temas, como naturaleza o biodiversidad? Estaríamos aún pero evaluados, pues  presentamos una enorme debilidad en desarrollo institucional y regulaciones  en estas áreas.

Dado que en este periodo los chilenos han incrementado su conciencia ambiental, es esperable que después de este domingo, cuando los dos grandes bloques políticos del país cuenten con sus respectivos candidatos presidenciales, estos temas tengan algún nivel de incidencia en los candidatos al sillón presidencial y que por primera vez hagan el esfuerzo de ir un poco más allá de la mera declaración pública e intenten abordar algunos de los diversos temas pendientes en el abanico de temáticas ambientales y de conservación de la naturaleza que tiene este país.

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