El enigmático caso de las abejas que desaparecen

Millones de abejas en todo el mundo se desvanecen como por arte de magia, lo que podría generar una crisis, ya que la polinización incide en 80% de nuestros alimentos. Un culpable sería un tipo de plaguicida que actúa como mortal neurotóxico. La Tercera, 17 de agosto 2013.;


Fue hace dos años que Patricio Madariaga escuchó por primera vez que algunos de sus colegas apicultores estaban perdiendo sus abejas de manera misteriosa. En 2012 le tocó el turno a las colmenas que durante años él se había dedicado a mantener. “Recuerdo haber revisado las cajas y estaban todas con su población normal de insectos. A los 20 días, regresé y estaban prácticamente vacías”, comenta este apicultor que hoy preside la Federación de Productores de Miel, Fedemiel.

Los apicultores locales están preocupados. Si bien desde 2006 sus pares del hemisferio norte ya estaban alertados de la aparición de este fenómeno, hasta hace un año no se reconocía como un problema que se había instalado también en Chile. “Hay colegas que han perdido 100 a 200 colmenas de golpe”, afirma Madariaga. Parte del misterio que rodea a todo este problema se relaciona con que no existen indicios que alerten que una colmena está en peligro. Incluso, es posible que un apicultor pierda sus colmenas, pero el vecino, a poca distancia, mantenga intactos todos sus panales.

¿Qué estÁ pasando con las abejas? Los análisis científicos apuntan a una multitud de culpables, pero lo más probable es que se trate del efecto combinado derivado del uso de plaguicidas, de parásitos que las atacan y de la menor disponibilidad de polen como resultado del cambio climático global. Podría decirse que es sólo otra “crónica de una desaparición anunciada” por el aumento de la temperatura, pero lo cierto es que las abejas están mucho más presentes en nuestras vidas de lo que muchos piensan. Al ser las principales encargadas de polinizar plantas, flores y cultivos, inciden hasta en el 80% de los alimentos que llegan a nuestra mesa todos los días.

Síndrome de un colapso

Bautizado como el Síndrome de Colapso de las Colmenas, el fenómeno fue advertido por primera vez hace siete años por el apicultor estadounidense David Hackenberg. Fue durante una revisión de rutina a los más de 3.000 panales que mantenía en uno de sus campos en Florida, cuando descubrió que más de la mitad de ellos estaban desiertos: en la mayoría sólo quedaba la abeja reina y unas cuantas obreras guardianas. Ni siquiera había rastros de abejas muertas en las cercanías. “Fue como si caminara por un pueblo fantasma”, dijo Hackenberg en esa oportunidad a la revista Scientific American.

Desde entonces, la aniquilación se ha extendido como una catástrofe planetaria y se ha propagado a países como Brasil, México, Canadá, Australia, Francia, España y Japón. Y aunque la mortandad de abejas se ha constatado en estudios realizados desde comienzos del siglo XIX, durante las últimas dos décadas las cifras revelan una destrucción acelerada: si hasta la década de los 90 la muerte de colmenas de abejas en el mundo no superaba el 10% del total, hoy las cifras se elevan a más del 30% de colmenas afectadas. En nuestro país, por ejemplo, la semana pasada se reportó la desaparición de millones de abejas entre los apicultores de Quillón y Liucura, Región del Biobío.

Misael Cuevas, presidente de la Federación Red Apícola de Chile, ha recorrido el país recabando antecedentes sobre este síndrome en Chile. Aunque explica que no hay todavía un sistema de registro para el problema, dice que en el país hay 10.500 instalaciones y que al menos 40% de los agricultores ha sufrido eventos preocupantes. “Percibimos que hay mayor nivel de mortandad en las últimas temporadas”, asegura.

Patricia Estay, encargada del Laboratorio de Investigaciones Agropecuarias (INIA), explica que a pesar del trabajo científico mundial, aún se desconoce el origen del fenómeno. El uso de plaguicidas, y el aumento de la temperatura global (que disminuye la disponibilidad de polen para las abejas) son algunas de las hipótesis que se manejan. Se sabe que los llamados plaguicidas “neurotóxicos”, por ejemplo, pueden dañar el sistema nervioso de estos insectos (ver infografía). Si entran en contacto con estas sustancias al recolectar polen en plantas tratadas con ellas, se desorientan, vuelan sin rumbo y no logran hallar el camino de regreso a sus colmenas.

“En Chile no se tiene un catastro del fenómeno”, dice Patricia Estay. La experta indica que la desaparición de las abejas no sólo es un problema para los apicultores que producen miel, sino que pone en grave peligro a los cultivos cuya polinización se realiza a través de estos insectos.

Alimentos en peligro

Uno de cada tres alimentos que consumimos llegan a nuestra mesa gracias a la polinización de las abejas: frutas como las frambuesas, peras, manzanas; verduras como el espárrago, tomates; plantas para producir aceite como el girasol e, incluso, las viñas que producen vino requieren la participación de las abejas. Para realizar esta labor, cada obrera está equipada con sensores de temperatura, de dióxido de carbono y oxígeno que le sirven para detectar el polen. Una característica adicional que facilita esta tarea es que el cuerpo de las abejas también está diseñado para cargarse de electricidad estática: cuando recolectan el alimento en las flores, los granos de polen que quedan adheridos a ellas permiten que el polen de una flor viaje hasta otra. Por eso las abejas son mucho más que productoras de deliciosa miel, también son una maravilla de diseño y de ingeniería biológica de la naturaleza. 

33% de colmenas en EE.UU. han sido afectadas por el fenómeno, según indican estudios.

 

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