¿Cuánto CO2 captura el bosque nativo de Chile?

Por primera vez una investigación determinó la capacidad de absorción de especies como la araucaria y el roble. La iniciativa busca mitigar emisiones y fortalecer la participación de Chile en el mercado de los bonos de carbono. La Tercera, 26 de octubre 2013.;


Fueron casi dos meses de arduo trabajo en el predio la Fusta, comuna de Lonquimay, en la Región de la Araucanía. Un incendio que había afectado hace algún tiempo a la localidad convertía a este lugar en el escenario ideal para tomar muestras de araucaria sin afectar los bosques donde habita esta especie nativa de Chile, declarada Monumento Nacional en 1990 y catalogada como vulnerable en 2001 por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

Por primera vez, un estudio se abocaba a medir la capacidad específica de algunas de las especies emblemáticas de nuestro bosque nativo para capturar CO2, uno de los gases causantes del efecto invernadero que está calentando el planeta: si bien a nivel global se estima que los bosques retienen una cuarta parte de las emisiones anuales de dióxido de carbono, hasta ahora el aporte individual de las especies nativas no había sido cuantificado.

Las conclusiones indican que una araucaria de tamaño y edad promedio puede llegar a capturar 680 toneladas de CO2 durante su vida. En comparación, la huella ecológica de un automóvil recorriendo la distancia por carretera entre Santiago y Coyhaique es de 560 toneladas de CO2. Un dato no menor si consideramos que, según el último informe de The Global Carbon Project, la quema de combustibles de fósiles ha aumentado 58% desde 1990 a la fecha. Y si bien los bosques ayudan a controlar el fenómeno, la deforestación está contribuyendo en un 20% a las emisiones de gases de efecto invernadero.

El estudio, encargado por Conaf a solicitud del Ministerio de Agricultura y llevado a cabo por el Programa Bosques Procarbono de la Universidad Austral, es el primero en cuantificar el aporte de dos especies nativas en la batalla por controlar las emisiones de CO2. Además de la araucaria, se midió la capacidad de absorción del roble: un solo ejemplar puede llegar a capturar 560 toneladas de CO2 durante su vida.

“Chile tiene un gran potencial para integrar la captura de carbono al desarrollo de sus bosques. Somos uno de los pocos países que anualmente ven aumentar sus bosques, pero tenemos todavía sobre dos millones de hectáreas que pueden ser forestadas, tanto con fines productivos como ambientales”, señala el director ejecutivo de Conaf, Eduardo Vial.

La investigación, que forma parte de la Estrategia Nacional de Bosques y Cambio Climático, permitirá que pequeños y medianos propietarios forestales puedan incorporarse al mercado de los bonos de carbono, pero también para que las grandes empresas puedan compensar su huella de carbono. Un estudio dado a conocer en 2012 por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) determinó que Chile es el tercer país con peor huella ecológica de Latinoamérica, por detrás de México y Uruguay, que encabezan la lista a nivel regional.

Angelo Sartori, jefe nacional de la Unidad de Cambio Climático de Conaf, explica que la conservación de los bosques en Chile resulta vital para cumplir con los compromisos internacionales de disminución de emisiones contraídos por Chile ante la ONU: para 2020, el país debe reducir el 20% de sus emisiones de gases causantes de efecto invernadero.

Para lograrlo, Chile debería disminuir entre 25 y 35 millones de toneladas de CO2 para esa fecha. Algo similar al doble de la emisión total de la producción de cobre o dos veces lo que las centrales a carbón, gas y diésel generaron en 2011.

Y aunque en el concierto global nuestro país es un actor menor, siendo responsable de sólo el 0,2% de las emisiones globales, la capacidad de absorción de nuestros bosques puede generar importantes dividendos al ser transados como bonos de carbono en mercados de países con altos niveles de contaminación. Las últimas cifras señalan a China como el principal contaminante, con 28% de las emisiones; seguido de Estados Unidos, con 16%, y de la Unión Europea, con 11%.

Estas emisiones son las responsables de que en 2012 se registrara un récord de emisiones de gases efecto invernadero, llegando a los 31.600 millones de toneladas de CO2. Las estimaciones científicas indican que de no registrarse una drástica disminución (hasta ahora los compromisos internacionales no son vinculantes y los países no tienen obligación de hacerlo), de aquí a 2020 las emisiones podrían alcanzar los 44 millones de toneladas, lo que implicaría que la temperatura global aumente por sobre los dos grados centígrados.

El Panel de la ONU para el Cambio Climático (IPCC) ha señalado que evitar sobrepasar la marca de los dos grados sería el escenario más favorable en el proceso de cambio climático que ya afecta irreversiblemente al planeta, como resultado de la actividad del hombre. En su último informe, el IPCC establece que la temperatura global se ha incrementado 0,78 grados desde el año 1850 a la fecha.

Pero aún es posible mitigar estos efectos y los bosques pueden ser fundamentales. Consideremos el caso de Chile. Los datos presentados por nuestro país en la Segunda Comunicación Nacional de Chile ante la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) indican que las emisiones netas de CO2 en Chile durante 2000 alcanzaron 43,4 millones de toneladas de CO2 y, en 2006, fueron de 59,6 millones de toneladas. En esos mismos años, la contribución de la captura de CO2 por los bosques fue de 27,4 millones de toneladas y 19,4 millones de toneladas, respectivamente.

Esto significa que si no existieran bosques y formaciones vegetales en Chile, las emisiones de nuestro país habrían alcanzado los 70,8 millones de toneladas de CO2 en 2000 y habrían llegado a 79,0 millones de toneladas en 2006. En porcentajes, esto implica que las emisiones de nuestro país habrían sido un 163,1% mayores en 2000 y 132,5% en 2006.

Según explica el profesor Jorge Gayoso, científico de la Universidad Austral que encabezó el estudio encargado por Conaf, analizar el bosque nativo resultaba un paso vital para establecer científicamente su relevancia en la mitigación de las emisiones en nuestro país. “La importancia de especies como la araucaria es la permanencia de la fijación. Por ello la necesidad de su resguardo a su destrucción por incendios”, dice Gayoso.

Similar situación podría establecerse en el caso de la reforestación con especies nativas. En su Estrategia Nacional de Bosques y Cambio Climático, Conaf señala que considerando los 2,3 millones de hectáreas factibles de ser forestadas que existen en Chile, se podría integrar la variable captura de carbono con especies como el bosque nativo, para de esta manera generar mayores recursos financieros a los propietarios, muchos de ellos pequeños empresarios y comunidades indígenas asociadas al recurso forestal.

Jorge Gayoso puntualiza que para aumentar nuestro potencial de mitigación tenemos como opciones recuperar nuestros bosques degradados y potenciar la forestación de terrenos desprovistos de vegetación, además de la conservación de los bosques actuales. “Por cierto, no debemos olvidar la importancia de la fijación de carbono por parte de las plantaciones con especies exóticas, que han sido un aporte significativo para mitigar nuestra huella de carbono”, concluye. 

Huella ecológica: Es el impacto que generan las actividades que realizamos y los productos y servicios que consumimos. Conducir un auto tres horas al día implica emitir siete toneladas de CO2 por año.

Bonos de carbono: Es el derecho a emitir una tonelada de dióxido de carbono. Una especie de canje: por cada tonelada de CO2 se realiza una acción a favor del medioambiente que la compensa.

 

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