El cronograma de Río Cuervo para sacar adelante su central eléctrica en Aysén

La generadora ligada a Origin y Glencore Xstrata prevé entrar en operaciones en la próxima década, una vez que cuente con el permiso ambiental para la línea de transmisión que planea construir bajo el mar. La Tercera, 13 de octubre 2013.;


VARIOS pasos deberá dar Energía Austral antes de poner en operaciones la central hidroeléctrica Río Cuervo, de 640 Megawatts (MW), en la Región de Aysén. La iniciativa fue aprobada ambientalmente hace un mes, luego de que la empresa realizara un estudio de suelo para analizar el riesgo de que la planta se ubique sobre la falla geológica de Liquiñe-Ofqui, reconocida zona de conos volcánicos activos. Esa fue la condición que le impuso la Corte Suprema, instancia que en mayo de 2012 paralizó el proyecto.

Hoy la compañía, integrada por la australiana Origin (51%) y la minera Glencore Xstrata (49%), está analizando los alcances de la Resolución de Calificación Ambiental (RCA), y también está trabajando en la posibilidad de que la línea de transmisión de 600 kilómetros, que requiere para trasladar la energía de Chaitén a Valdivia, sea submarina.

El gerente general de Energía Austral, Alberto Quiñones, anticipa que la central, cuya inversión se estima en US$ 733 millones, “entrará en operaciones en la próxima década”, plazo distinto al estipulado en el proceso de tramitación ambiental, que consideraba 2019 como el año de partida. Pero por ahora la firma no tomará una decisión de construcción mientras no cuente “con todas las aprobaciones ambientales, lo que incluye la línea de transmisión”. Se estima que el estudio recién podría ser ingresado a tramitación durante 2015.

Central Cuervo es la segunda mayor hidroeléctrica aprobada después de Ralco, que Endesa opera en el Alto Biobío. Es una de las tres centrales que Energía Austral quiere desarrollar en la XI Región, en un proyecto que considera generar 1.065 MW y recursos del orden de US$ 3.600 millones.

En lo inmediato, el foco de la operadora está puesto en recoger la percepción de la comunidad y de algunos grupos de interés (científicos, autoridades locales y nacionales, y también ONG), para integrarlos al estudio ambiental del tendido. Hasta ahora, cuenta Quiñones, los encuentros han abarcado a “cerca de 80 personas y organizaciones en Aysén, Los Lagos y Santiago”. En una primera aproximación, dice, “hemos visto mucha apertura para conversar y disposición a seguir haciéndolo”.

La intención es generar un proceso alineado con el nuevo contexto nacional. “Sabemos que existen preocupaciones específicas sobre el desarrollo de proyectos energéticos y crecientes demandas de participación por parte de la ciudadanía”, afirma. Por eso, se está buscando “la solución más eficiente, minimizando el impacto en el medioambiente, en sintonía con los intereses de la comunidad y las necesidades energéticas”.

Doble innovación

En abril del año pasado, Origin se incorporó al proyecto y su ingreso dio más fuerza a la idea de una vía submarina. La australiana tiene experiencia en operaciones de este tipo, como gasoductos en su país de origen, y ha estado evaluando un proyecto -llamado Purari- que conectaría Papúa Nueva Guinea y el norte de Australia. “Origin es una firma abierta a evaluar todas las opciones y lograr la solución más sustentable para el desarrollo de sus proyectos. Esto hizo posible considerar esta alternativa con más fuerza”, explica.

El plan de Energía Austral es realizar una línea de transmisión de 500 KV en corriente contínua y submarina, por lo que la innovación será doble. En Chile sólo se utiliza la corriente alterna; es decir, energía oscilante, cuya variación en el tiempo hace que sea eficiente, al contrario de la continua, que es más estable y robusta, y soporta grandes cantidades de energía. Que se use esta última es muy relevante, porque el recorrido submarino transportará la energía de Río Cuervo y también lo generado por las otras dos centrales previstas para la zona: Blanco (375 MW) y Cóndor (50 MW).

Por otra parte, en Chile nunca se ha hecho un tendido eléctrico bajo el mar. El cable que se utilizará tendrá un diámetro de 20 centímetros, parecido al de una pelota de fútbol. Además, tendrá una serie de revestimientos, como plomo y estaño, entre otros elementos, para garantizar su seguridad. Previo a su construcción, habrá que hacer diversos estudios, entre ellos uno de batimetría de detalle, con el fin de conocer la topografía submarina, y estudios de oceanografía y meteorología e investigaciones de carácter social y ambiental.

“De confirmarse la factibilidad, será un aporte tremendamente significativo de tecnología e innovación para Chile y, por cierto, un nuevo paradigma para el desarrollo de infraestructura energética en el país”, cree Quiñones.

En el mundo hay antecedentes de uso del suelo submarino para establecer líneas de transmisión de energía, tecnología “que ha probado ser segura y sostenible”, y que se ha aplicado con éxito desde 1960. Especialmente, se ha desarrollado para la interconexión en el norte de Europa. La empresa ha mirado las experiencias existentes. “Hemos revisado proyectos de cable submarino en Italia, Noruega, Reino Unido, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelandia”, dice Quiñones. Si bien aún no culminan los análisis, se trata de una alternativa competitiva, “considerando todos los costos y tiempos de construcción”.

En cuanto a los tiempos, calcula que la instalación de este tipo de tecnología tarda menos que la construcción de una línea de transmisión aérea, la que demora entre ocho a 10 años. Esto, porque en el fondo marino no es necesario establecer servidumbres, proceso que cada vez se ha hecho más engorroso para los inversionistas, debido a los problemas para contar con terrenos necesarios para instalar las antenas de alta tensión. La construcción del cableado submarino tomaría tres años.

Los pasos que vienen

Una vez efectuado el proceso de consulta y definidos los términos de referencia, “el desarrollo para el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) tomará cerca de dos años”, calcula el ejecutivo. Una vez finalizada esta labor, la compañía avanzará en las otras dos centrales. “Deberíamos estar en condiciones de actualizar la información sobre estos proyectos en los próximos 12 meses”, adelanta.

La eléctrica se desligó de su idea inicial de compartir con HidroAysén parte de la servidumbre para la construcción de sus líneas. Pero las relaciones con el proyecto de Endesa y Colbún, que aún está a la espera del pronunciamiento del Comité de Ministros, siguen siendo fluidas. El memorándum de entendimiento que las partes firmaron en noviembre de 2011, para buscar sinergias y minimizar los impactos ambientales, sigue vigente. Pese a que son iniciativas independientes, HidroAysén está informado sobre la alternativa submarina del grupo.

En cuanto a Río Cuervo, está en fase de analizar las exigencias que la autoridad ambiental les impuso, como es la rebaja de 21% en la tarifa eléctrica de todos los habitantes de Aysén y el mejoramiento y mantención de dos caminos que no podrán ser usados por ellos en ninguna etapa.

“Nuestro próximo paso será trabajar con las autoridades del gobierno local, regional y nacional, y los distintos grupos de interés, para buscar en conjunto la fórmula para implementar las condiciones establecidas en la aprobación de Cuervo”, señala.

NUEVO IMPULSO

Llegada del socio: Alberto Quiñones, gerente general de Energía Austral, señala que Origin impulsó la opción de línea submarina.

ALCANCES DEL PROYECTO

Río Cuervo es una de las tres centrales que Energía Austral, controlada por Origin (51%) y Glencore Xstrata (49%), quiere desarrollar en Aysén. A la unidad de 640 MW se suman Blanco (375 MW) y Cóndor (50 MW). La inversión total llega a US$ 3.600 millones.

La central Río Cuervo obtuvo su aprobación ambiental el 10 de septiembre. En mayo de 2012 la Corte Suprema paralizó la iniciativa, que ya había sido aprobada, por la falta de un estudio de suelo recomendado por el Sernageomin. Esto, porque la unidad está cerca de la falla Liquiñe-Ofqui.

La inversión de la unidad hídrica llega a US$ 733 millones e involucra los lagos Yulton, Meullín y la cabecera del río Cuervo. En total las obras intervienen 6.014 hectáreas. De ellas, 38 corresponden a la construcción de la presa y las 5.976 restantes serán inundadas.

La línea submarina, de 600 kilómetros, tendrá un diámetro de 20 centímetros, similar a una pelota de fútbol, y cuenta con una serie de revestimientos para garantizar su seguridad. Para colocarla al fondo del mar son necesarios un barco y un robot que instale la línea.

 

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