“El nuevo plan regulador de Santiago no se implementará antes de 2019”

Desde 2006 que ese instrumento espera ser aprobado para determinar hacia dónde y cuánto tendrá que crecer la capital para aliviar la presión por el suelo santiaguino. La Tercera 21 octubre 2013.


Aquí, el experto reflexiona sobre la idoneidad de esta herramienta y explica que no será la solución para los problemas que enfrentará la ciudad a largo plazo. Son observaciones tanto de “forma” como de “fondo” las que ha presentado, a lo largo de siete años, la Contraloría General de la República al Plan Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS 100), elaborado en 2006 por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu).

Si bien la cartera logró disminuir de 82 a nueve el número de observaciones en septiembre pasado, todavía persisten algunas que no se han podido subsanar. Como, por ejemplo, que el número de hectáreas de áreas verdes contempladas en los planos coincida con las que contiene el documento escrito (la memoria); o que dentro del listado de mitigaciones que deben cumplir las inmobiliarias, figure la construcción de calles que no estén hechas. Mientras el documento no esté cero falta, Santiago no tendrá una herramienta que ordene su crecimiento.

El arquitecto y socio de Atisba, Iván Poduje, dice que “el nuevo Plan Regulador de Santiago no se implementará antes de 2019. Hay un tercio de probabilidades de que se apruebe en este gobierno, pero de suceder eso, los planos (para empezar a ejecutar obras) no estarían listos antes de seis años”, afirma.

El primer documento que ordenó el crecimiento de la ciudad fue el Plan Regulador Intercomunal de Santiago 1960. Rigió hasta 1994 y, ese año, el Minvu planteó hacer un “reordenamiento urbano” con las provincias colindantes y 12 comunas, entre ellas Colina y Paine, pasaron a ser parte de la RM. En 2006 resurgió la necesidad de ampliar los límites de la capital y así nació el 100, denominado así pues era la modificación “número 100” que se le introducía a la herramienta de planificación.

Este determinó que el Gran Santiago debía crecer en 10.234 ha, es decir, pasar de 75.000 a 85.234 ha, y hacia Pudahuel, Quilicura, Renca, Cerro Navia, Maipú, San Bernardo, La Pintana y Puente Alto. Además, fijó que el 25% de la nueva superficie debía destinarse a áreas verdes y que el uso de suelo -hasta el momento de carácter “rural”- cambiara a “mixto” o derechamente “habitacional”. A lo anterior se agregó que el 8% de los proyectos habitacionales que se hicieran debían destinarse a viviendas sociales.

Poduje tiene una visión crítica no sólo del PRMS 100, sino que dice que “ya no estamos para planos reguladores”, porque Santiago es lo suficientemente complejo para ordenarlo con una herramienta así. “Está obsoleto. El PRMS 100 regula mejor el crecimiento en extensión, pero no aspectos como la necesidad de inversión pública. Sin eso, las comunas se seguirán apagando”, explica el urbanista.

¿Por qué cree que esto se ha demorado tanto si hay urgencia por crecer?

Contraloría ha mostrado la precariedad que tenemos en Chile para hacer planes potentes de ciudad. Ha dicho que hay buenas intenciones, pero que la ley no permite concretar todo porque no hay tres ministerios -el de Obras Públicas, el de Vivienda y el de Transportes- trabajando en un diseño integral, como sí lo hace Colombia con su Plan de Ordenamiento Territorial (POT). Este juntó a todas las carteras, para que si Vivienda decidía hacer casas en un determinado sector, Transportes asegurara conexión hacia éste.

¿Qué le parecen los cambios propuestos en este PRMS 100?

Son un avance, pero insuficiente aún. Hasta ahora, el crecimiento de la ciudad ha sido inmoral e inequitativo, con políticas que responden más a la expulsión que a la integración.

Mientras explica esto, Poduje escribe dos palabras en el teclado de su oficina, ubicada en el 130 de calle Alsacia en Las Condes: “Colina Norte”. Se trata de un sector de casas apiñadas con calles a medio hacer, escasos servicios y a más de una hora de Santiago. “La ampliación hacia allá se dio en el marco de la modificación del 94, pero contempló sólo lo justo, sin equipamientos suficientes para sus habitantes. No hubo entonces herramientas para pedir lo que correspondía y eso no puede volver a pasar”, afirma.

El urbanista cuenta que en la RM faltan 200.000 viviendas sociales y que las 23.000 sobre las cuales se podrían construir están muy lejos del centro de Santiago, de servicios, áreas verdes y transporte público. “Así, no es posible dar paso a una mixtura social y evitar, de esa forma, la creación de guetos”, asegura.

¿Por qué sucede esto?

Porque en el Gran Santiago hay 34 señores feudales, partiendo por Providencia y Santiago, que quieren dejar contentos a sus electores no construyendo ahí viviendas sociales.

¿Por qué acá no ocurre la mixtura social como en otras ciudades, como Oporto, donde departamentos de lujo conviven con viviendas más modestas?

Porque para eso hay que desarrollar propuestas donde un tercio o la mitad de las viviendas sociales estén integradas a los proyectos inmobiliarios, y hoy nadie piensa en eso. En el barrio Las Flores no se contempló así.

¿Basta con exigirlo a los privados?

Es el primer paso. Pero el Estado necesita más atribuciones también, con una suerte de “alcalde mayor”.
El arquitecto Iván Poduje plantea la necesidad de mayores herramientas y un trabajo consolidado entre ministerios para suplir falencias del plan

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