CMT lanza ataque final para unir el Estrecho de Magallanes y el Beagle

Último tramo de ruta Vicuña-Yendegaia cuesta US$ 60 millones y estará terminado en 2019. Comandante en jefe del Ejército destacó que la vía dará soberanía efectiva a una zona casi ignorada de la Isla de Tierra del Fuego.;El Mercurio, 10 de diciembre 2013.
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"Ustedes serán parte de la historia", les dice el comandante en jefe del Ejército, general Juan Miguel Fuente-Alba, a los miembros del Cuerpo Militar del Trabajo (CMT) en el campamento del Lago Fagnano.

Bajo un día extrañamente soleado -en invierno las temperaturas caen aquí por debajo de los -20 ºC-, la escena transcurre en el extremo sur de la Isla de Tierra del Fuego, donde 70 hombres se empeñan, sin más compañía que una pequeña colonia de pingüinos rey y una plaga de castores, en una titánica tarea: construir un camino que una el Estrecho de Magallanes y el Canal Beagle.

Son los 139 kilómetros de la Ruta Vicuña-Yendegaia. Las obras comenzaron hace 19 años y hasta ahora suman 74,7 km, con funcionarios que trabajan a entre 10 y 20 horas de distancia de Punta Arenas, según la estación del año, en jornadas de 20 días de labores por 10 de descanso y bajo un clima que puede tanto sepultarlos bajo nieve como azotarlos con vientos de 100 km/h.

Hoy, a las puertas de ejecutar los dos contratos más cuantiosos de sus 60 años de historia, el CMT pretende terminar los 64 km restantes en cinco años. Para ello firmó dos convenios con el Ministerio de Obras Públicas, por US$ 60 millones.

Las faenas avanzarán desde ambos extremos simultáneamente, para confluir en el escollo más difícil: la nevada cordillera de Darwin, a 700 metros sobre el nivel del mar.

Fuente-Alba da a este camino una importancia geopolítica de "primera magnitud": junto a la futura instalación de una Compañía Andina en la zona, dará soberanía efectiva a un vasto territorio incógnito para los chilenos y "acercará" a Puerto Williams, permitiendo que sus habitantes lleguen en menos tiempo a Punta Arenas.

Lo mismo ocurrió hace 25 años, recuerda, cuando el CMT "rompió" el Cordón del Queulat, en Aysén, y conectó la Carretera Austral entre Chaitén y Coyhaique. El Estado, dice el general, llegó así a poblaciones que vivían al margen de sus servicios y beneficios, dándoles nuevas oportunidades.

Desestima críticas de constructoras

En 60 años, el CMT ha construido 2.055 km de caminos, 883 metros de puentes y 4.450 m de pistas aéreas. El escenario podrá variar entre el altiplano, la selva de Los Lagos y Aysén o los fiordos magallánicos, pero el contexto no: trabajar en zonas remotas y bajo climas extremos donde, dicen, nadie estaría dispuesto a hacerlo. Sus 55 fallecidos en faenas dan cuenta de esa dificultad.

No obstante, a menudo voces del mundo privado de la construcción plantean que podrían hacer lo mismo a costos más bajos para el Estado y que el CMT compite en condiciones privilegiadas, dado su carácter jerarquizado y equipamiento fiscal.

Fuente-Alba responde que el CMT participa en las licitaciones del MOP y que ciertas obras, por razones de seguridad nacional o de continuidad de proyectos iniciados por el CMT, son asignadas a esa entidad. Además, le parece "legítimo" y "de suyo razonable" que el CMT termine caminos en los que antes ha hecho "grandes esfuerzos".
Reencuentro con el "pueblo profundo"

El general Juan Miguel Fuente-Alba vive sus últimos meses como comandante en jefe del Ejército. El 9 de marzo entregará el cargo a su ya designado sucesor, el general Humberto Oviedo, e iniciará como civil una nueva etapa de su vida.

Aunque aún no es hora de balances, dice, recuerda que le correspondió asumir el mando apenas 10 días después del terremoto y maremoto de 2010, con un país devastado en las regiones donde vive la mayor parte de la población.

Luego de restablecer el control del orden público que había sido quebrantado por una ola de saqueos, a Fuente-Alba le comenzaron a llegar informes de sus generales desplegados en las regiones más afectadas (O’Higgins, Maule y Biobío), los que daban cuenta de un grave problema social en ebullición por la pérdida de miles de empleos debido al colapso de cientos de pequeñas, medianas y grandes empresas.

Entonces, recuerda, había que buscar una manera de ayudar a la gente para "romper la sensación psicológica" de la devastación y recuperar una ocupación con la cual ganar un sustento y salir adelante más rápidamente. La decisión recayó en el CMT, que creó un modelo de contratación de personas en los mismos lugares donde vivían para iniciar las faenas de normalización de pueblos y ciudades y de reconstrucción.

Fue la llamada División Fraternidad, a través de la cual cerca de 20 mil personas (el 60% mujeres) no solo reconfiguraron sus pueblos, sino que además recibieron un sueldo con el que hacían funcionar el comercio.

Fuente-Alba destaca la cercanía que lograron durante esos meses con las comunidades. "Es volver al Ejército al encuentro del pueblo profundo, que siente que el Ejército es de él", concluye.

 

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