Pehuenches de Alto Biobío despiden a Nicolasa Quintremán

Delegaciones mapuches desde Santiago a Palena participaron en ceremonia marcada por rito indígena. Unas 150 personas llegaron a la cordillera para tomar parte en el funeral de la dirigenta.;El Mercurio 28 de diciembre 2013.
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“Mi hermana cayó adentro del lago por causa de los empresarios que hicieron ese trabajo. Yo no quería ese lago. Quedé sin un brazo. Que me pongan otro brazo los empresarios”. Berta Quintremán Calpán habló con rabia, y “la rabia es cosa viva”, dijo.

Sin separarse del féretro de Nicolasa (75), ayer encabezó el funeral de la Ñaña. “La vi muerta dentro del lago”, recuerda Berta sobre el fin de uno de los íconos de la oposición a la construcción de la central hidroeléctrica Ralco y quien murió ahogada al caer, se presume que en forma accidental, al lago artificial que creó la represa y que ella siempre rechazó.

El cuerpo de Nicolasa ya descansa en el cementerio de Ralco Lepoy, la comunidad pehuenche de Alto Biobío, en plena cordillera, donde nació, se crió y vivió hasta 2004, cuando se trasladó al predio Santa Inés, en Santa Bárbara. Allí llegó luego de vender, finalmente, 3,8 hectáreas de sus tierras a Endesa. Solo en verano volvía al retazo de 1,5 hectáreas que le quedó sin inundar, a 190 kilómetros de Los Ángeles.

Allí regresó el domingo pasado. “Se veía contenta, iba a ir a ver a su hermana Carmen Luisa a la comunidad vecina de El Barco”, dice su único hijo Víctor Torres. “Ella estaba ciega, porque tenía glaucoma, pero andaba bien de ánimo y de apetito”, comenta, y acota que “lo que pasó nos tiene muy afectados”.

Víctor mira a las cerca de 150 personas que ayer llegaron al funeral de su madre. De su casa, donde fue velada desde el miércoles, su féretro fue llevado al lago donde perdió la vida. Allí, sus cercanos realizaron una ceremonia mapuche de despedida, “para que la Ñaña se vaya en paz”, explicó Carmen Paine, su nuera.

Ruegos a Ngenechen (creador), ofrendas de millamudai (bebida hecha del piñón), a la mapu (tierra) y discursos fueron parte del rito de partida.”Si bien es cierto quedó sola sin su hermana, tiene que estar orgullosa, porque ambas nos dejan un gran legado: luchar hasta el final por los derechos que tenemos y por la naturaleza”, dijo Ana Llao, consejera de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi).

“Delegaciones indígenas de Palena (X Región) a Santiago participaron en el funeral. Alcaldes de la zona, el senador Alejandro Navarro y el director Nacional de la Conadi, Jorge Retamal, en representación del Gobierno, fueron parte de las autoridades que llegaron a la despedida.Al cementerio su ataúd fue llevado en andas unos cuatro kilómetros, a tranco rápido, al son del kultrún, a pleno sol. El cortejo fue encabezado por una cruz de madera con remolinos de papel.

Una hora de discursos en mapudungún y castellano precedió la sepultura. Una ceremonia íntima, sin cámaras fotográficas ni de televisión. Nicolasa Quintremán no se fue sola. Con ella partieron su yegua “Lamparín”, dos vacas y seis ovejas, las que fueron sacrificadas en honor a su dueña. “Esto, para que no pase hambre, pues en otra vida se seguirá alimentando”, explica Carmen Paine, quien durante el velorio y al término del funeral sirvió a los invitados la carne de las vacas y ovejas.

Junto a la Ñaña fueron sepultadas sus cosas: su ropa, sus joyas, su bastón, velas y sus premios que recibió en el extranjero por su defensa del medioambiente.

RITO Berta Quintremán despidió a su hermana Nicolasa, quien murió ahogada en el lago de la central Ralco, en el Alto Biobío. Ruegos a Ngenechen (creador), ofrendas de millamudai (bebida hecha del piñón) y a la mapu (tierra) fueron parte de la ceremonia.

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