Salmoneros se dividen otra vez por normas sanitarias y el futuro de la industria

Desde hace un año empresas y la autoridad trabajan en cambios reglamentarios generados por la crisis del ISA. Productores medianos y pequeños aseguran que es necesario trabajar en cambios que beneficien a todos los actores y no quieren que la industria se concentre. SalmonChile estima que el mercado zanja cuántas empresas hay en el rubro. El Mercurio, 15 de diciembre 2013.
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Podrán pasar muchos años, pero el 31 de julio de 2007 seguirá marcado como un día negro en el calendario de la industria salmonera. Ese día, los productores de la X Región lanzaron una alerta sanitaria tras confirmarse la presencia del virus ISA en dos centros de cultivo de la empresa noruega Marine Harvest, en el sur de Chiloé.

Recién en 2011, la salmonicultura logró levantar cabeza y alcanzó los niveles de producción previos a la crisis.

Pero cuando todo parecía ir sobre rieles, el fantasma de una nueva crisis vuelve a rondar los fiordos del sur de Chile. La regulación sanitaria que se estableció para enfrentar el ISA permitió superar la crisis, pero aumentó los costos de producción a un nivel que, para algunos actores, es insostenible.

Salmoneros y el Gobierno trabajan desde hace más de un año en modificaciones a la normativa creada en tiempos de crisis sanitaria. Pero las tratativas se han trabado debido a fuertes diferencias entre los productores: mientras las empresas de menor tamaño pugnan para que la autoridad termine con lo que llaman “sobrerregulación”, las grandes se declaran temerosas de que una reglamentación demasiado laxa abra las puertas a una nueva crisis sanitaria.

En la industria nadie sobra

El temor de los actores medianos y pequeños es que la permanencia de la actual regulación genere una ola de fusiones y ventas, pues estiman que con la actual normativa no pueden ser competitivos. Un salmonero, que pide reserva de su nombre, vaticina que, con la norma tal y como está, la industria quedará en manos de grandes grupos y, en particular, de los noruegos.

También en reserva, un director de una salmonera asegura que en el sector hay una sensación de que las concesiones están mal repartidas porque las grandes firmas disponen de concesiones que no utilizan normalmente, a las que echan mano en períodos de mayor restricción a la producción de peces, lo que no pueden hacer quienes disponen de pocas o una única concesión.

Las pugnas en la industria no son nuevas. De la división entre los productores más grandes y los medianos y pequeños surgió en 2009 la Asociación de Productores de Salmón Coho y Trucha, Acotruch. Además, SalmonChile, el mayor gremio del sector, sufrió una escisión en 2010 con el alejamiento de AquaChile -ligada a Víctor Hugo Puchi, Claudio, Humberto y Claudio Fischer- y de otras salmoneras. AquaChile se reincorporó este año al gremio.

Acotruch -conformado por Caleta Bay, Entre Ríos, Ice Val, Sea Salmón, Salmones de Chile, Universidad de Los Lagos y Comercial Mirasol- estima que algunos puntos de la norma fueron apropiados para enfrentar la crisis sanitaria, pero que hoy no se justifican. Por ello identificaron 19 disposiciones que llaman “lomos de toro” y que, a su juicio, deben ser reevaluadas por la autoridad. Proponen, por ejemplo, reglamentaciones diferenciadas por región y por especie producida.

Traub asegura que esto no significa que estén abogando por normas más laxas. Lo que buscan, dice, es tener una normativa que no los haga desaparecer por secretaría. “No queremos que esta industria disminuya y se concentre en tres o cuatro empresas, como ha pasado en otros sectores”. Agrega que en esta industria nadie sobra: “No se debe olvidar que en el peor momento de la crisis por ISA, fuimos principalmente los pequeños y medianos productores de salmón coho y trucha quienes mantuvimos a la industria y a sus trabajadores”.

Sin mencionar a SalmonChile, Traub señala que Acotruch participa en las modificaciones normativas y que las demoras no vienen por su lado, pues han entregado en los plazos dispuestos la información solicitada.

¿Hacia más concentración?

El temor de los productores más chicos, de que una ola de fusiones los absorba, no es infundado.

“La industria requiere de actores que tengan espaldas, que tengan un número de concesiones que les permitan hacer las rotaciones necesarias. Yo por lo menos creo que todavía queda un proceso de reestructuración de la industria en cuanto a fusiones y ventas que no va a ser demasiado significativo, pero que existe”, señala Pablo Galilea, subsecretario de Pesca.

Pablo Baraona, socio de Salmones Aysén y director de SalmonChile, ve una solución: “Lo que se tiene que hacer es abrir nuevas áreas y licitarlas en un proceso transparente, abierto y no como se ha hecho hasta el momento, pues hoy las concesiones se piden en un lugar y no hay concurso”, indica.

Hugo Lavados, ex ministro de Economía entre 2008 y 2010 -el período álgido de la crisis-, estima: “Hoy los productores y proveedores más chicos están pidiendo que la normativa se flexibilice, porque no tienen capital para cumplirla. Por eso hay que tomar una decisión como país: Si se quiere que los productores pyme subsistan, se les debe dar ayuda financiera para que puedan cumplir con los estándares sanitarios, pero no relajar la normativa”.

Para María Eugenia Wagner, renunciada presidenta de SalmonChile, en cambio, no hay espacio para normativas laxas ni disparejas: “Cuántas empresas, cómo se organizan o las compras o fusiones que se lleven a cabo son materias que son resueltas por el mercado. Hace siete años solo teníamos una empresa en bolsa, hoy hay cinco en la bolsa chilena y dos en Noruega y que operan en nuestro país. Existe una bolsa de productos y un índice del salmón. Hay inversionistas y nuevas formas de financiamiento”.

Paradoja de los precios

Las salmoneras que cotizan en bolsa exhibieron números rojos durante el período enero-septiembre, a pesar de que los precios del salmón muestran el mayor valor desde julio de 2011, con lo que se acercan a los precios promedio históricos, según cifras de SalmonChile.

¿Las razones de la paradoja? Según algunos productores, aumentos de costos atribuibles a una reglamentación demasiado restrictiva. De acuerdo con el Gobierno, una condición sanitaria que ha vuelto a ser feble, debido a un aumento explosivo en el volumen de peces en el agua. En 2010, por ejemplo, se cosechaban 450 mil toneladas de salmón y este año, 750 mil toneladas.

Para Wagner, en cambio, los problemas no se relacionan con el exceso de población y lo importante es concentrarse en cómo producir bien.

En el gremio no todos suscriben que el sector va hacia una crisis. Felipe Briones, presidente de Yadran y director de SalmonChile, señala que los números están cambiando para algunas empresas, “a pesar de los malos resultados publicados en la Fecu del 30 septiembre”.

Estudian cambios al sistema de barrios y extensión de ciclos productivos

Protocolos para el traslado y sacrificio de peces enfermos, normas para importar materiales e insumos y distancia entre barrios son algunas de las disposiciones que se incorporaron en 2010 para enfrentar la crisis provocada por el virus ISA.

Se estableció, por ejemplo, una distancia de 5,6 kilómetros entre barrios o agrupaciones de concesiones, las que deben mantener un manejo sanitario conjunto. Cuando esa distancia no es factible de establecer, la Subsecretaría de Pesca establece medidas de descanso alternado entre las concesiones fronterizas.

Los cambios que estudian las autoridades y los gremios del sector desde hace un año se han separado en una agenda de corto plazo, que debería ver la luz durante este gobierno, y una agenda de largo plazo que ha avanzado con lentitud y que será implementada por la administración que asuma en marzo de 2014. En el primer caso, se trataría de modificaciones que tendrán un impacto marginal en los costos de producción. Por ejemplo, evaluar la periodicidad de los baños de desinfección.

En el largo plazo, en cambio, una de las soluciones que estudia el Gobierno se relaciona con el tamaño de los barrios y con la extensión de los períodos de descanso. Actualmente, los ciclos de producción para un barrio son de un máximo de 24 meses y luego deben permanecer vacíos por tres meses. La alternativa que evalúan en la Subpesca es ampliar el ciclo productivo de los salmones a 33 meses.

Para Pablo Baraona, socio de Salmones Aysén y director de SalmonChile, ese cambio va en la dirección correcta. Asegura que con mayor plazo de producción habrá menos “topes” entre salmones de distintos productores en un mismo barrio. Si el plazo de producción es de 21 a 24 meses en un determinado barrio, hoy solo hay una diferencia de tres meses entre el primer productor que sembró los peces y el último, indica. Con esto, actualmente los peces crecen prácticamente juntos, lo que genera una sobrepoblación, aumentan los riesgos sanitarios y los costos.

De todos modos, Baraona es crítico del sistema de barrios. A su juicio, este ordenamiento territorial concentra la operación en un determinado lugar, cuando lo recomendable sería disgregar en todo el territorio o alejar una concesión de otra.ç

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