Incendios: daños al ecosistema ponen en riesgo la agricultura

Sequia

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Efecto de sequía, efectos del cambio climático y mayor cantidad de gente en zonas rurales anticipan que se extenderían la temporada y frecuencia de incendios forestales. Revista del Campo El Mercurio, 27 de enero 2014.


Alta temperaturas podrían empeorar la situación. Impacto en el ciclo hidrológico y en suelos, entre otros, afectarían capacidad productiva.

Desde las primeras horas del 2014, el fuego atacó en zonas rurales desde la IV a la X Región. Más de 65.579 hectáreas afectadas al miércoles 15 de enero -solo en el período 2013-2014- por 2.029 incendios, dan cuenta de una situación que no sólo se repite cada verano, sino que de no mediar medidas preventivas, podría impactar la producción agropecuaria, a raíz del daño en el ecosistema.

El tema es complejo. “El alza sostenida de temperaturas asociada al fenómeno de cambio climático extendería la temporada de incendios, así como también generaría un aumento en la frecuencia y magnitud de estos. Esta situación se ha constatado en las regiones del mar Mediterráneo, Canadá, Rusia y EE.UU. El efecto estaría asociado al aumento de las temperaturas máximas, así como también al adelantamiento y disminución en magnitud de los deshielos, generando estaciones más secas y calurosas, las cuales tienen mayor predisposición a la ocurrencia de incendios”, destaca el Centro del Cambio Global de la Universidad Católica.

La misma combinación de factores se repite en la zona central de Chile, donde se observa una tendencia al alza de las temperaturas máximas medias de verano -entre diciembre y febrero- en las últimas décadas, señalan los investigadores.

De acuerdo a las cifras de Conaf, entre el 1 y el 8 de enero se registró un promedio de 34 incendios diarios. Si bien el 90% de los que se producen en el país afecta una superficie menor a las cinco hectáreas, el 10% restante provoca cuantiosos daños a la propiedad pública y privada, al destruir grandes extensiones de bosques, matorrales y praderas, y afectar la fauna y flora. A eso se suma el daño a las comunidades, por el material particulado, con las respectivas consecuencias sobre la salud de las personas.

Tres son las claves en el origen de los siniestros: gran cantidad de combustible, gran cantidad de gente circulando -más acceso a las zonas rurales- que por negligencia o descuido provoca incendios, y los fenómenos climáticos -sequía y alta temperatura-, explica Horacio Gilabert, académico e investigador de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la UC.

Efectivamente la frecuencia y severidad de los incendios está determinada, en parte importante, por la disponibilidad de combustible y factores climáticos. Entre estos últimos, la temperatura máxima juega un rol muy importante, a lo que se ha sumado la sequía de los últimos años. Investigaciones recientes muestran que las precipitaciones en la región tienden a disminuir en valores de 20% a 40% y que las temperaturas aumentan entre 2° y 4° C, particularmente en zonas precordilleranas.

“En consecuencia, podemos anticipar que la situación actual podría empeorar, dado que los sistemas estarían enfrentados a condiciones de aridez cada vez más severas. En el futuro muy probablemente se verificarían cambios en dos factores adicionales para un incendio: un aumento en la disponibilidad de combustible en el paisaje y una reducción del nivel de humedad del aire”, advierten en el Centro de Cambio Global.

Ecosistema dañado

Este ambiente cada vez más propicio para los incendios, plantea retos para el sector agropecuario y forestal.

“Los incendios tienen un impacto importante en la flora y fauna, dañan el ecosistema y de paso a nuestra agricultura de exportación. Se daña la matriz de biodiversidad que provee los servicios ecosistémicos como calidad de agua, suelo, estabilidad en las cuencas para los microclimas donde tenemos viñedos, frutales y cultivos. Se empieza a producir un efecto en cadena en la agricultura también”, enfatiza Cristián Bonacic, profesor del departamento de Ecosistemas y Medio Ambiente de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la UC.

Es decir los incendios complican la situación futura de Chile como productor y exportador de alimentos.

“Cuando se ve que la zona de laderas montañosas de bosques y matorrales termófilos o las de bosques templados más al sur comienzan a desaparecer, transformándose en terrenos baldíos, áridos y quemados, tenemos un cambio del paisaje que es fundamental, con consecuencias en el ciclo hidrológico, en la mantención de calidad de los suelos y en la mantención de predadores naturales -animales o insectos- que contribuyen a esta cadena productiva exportadora. Estamos preocupados, porque esto tiene consecuencias a mediano y largo plazo”, resalta.

Alerta temprana

En opinión de Bonacic ante esta situación se tiene que mejorar el sistema de alerta temprana y de control, además de educar a la población.

“No podemos llegar a que los fuegos se expandan y pasen horas antes de que se intervenga. Frente a un incendio provocado por una quema no controlada o que se escapa de las manos de un agricultor, o por una situación fortuita ocasionada por alguien que acampa, debemos ser capaces de movilizar patrullas de control de fuego para apagar el foco y no cuando se fue de las manos”, comenta.

Otro factor es como se enfoca territorialmente la producción. “Tenemos que modernizarnos en la forma como hemos subdividido y separado el sector pecuario, ganadero, agrícola, frutícola y forestal como si fueran países distintos… Las cuencas en Chile son muy pequeñas y, por ende, están todas relacionados: el parque nacional, el bosque protegido, los cultivos y las zonas ganaderas. Hoy tenemos un uso de territorio rural muy intenso, con turistas, industrias, refinerías, termoeléctricas, etc. La matriz rural ha cambiado muy rápido en los últimos años con múltiples intereses que colisionan y se contraponen”, precisa.

Ante un panorama tan complejo, es claro que el camino es prevenir y educar a la población. “El 99,9% de los incendios en Chile son provocados por el hombre. No se puede sacar todo el combustible que hay en el bosque. Los propietarios de bosques artificiales tal vez si pueden; de hecho, colocan cortafuegos para cuidar sus propiedades. Pero en el caso de bosques naturales, la única manera de prevenir es educando a la gente”, resalta Gilabert. Se refiere a generar conciencia de la gravedad de un cigarrillo mal apagado, una fogata, una quema de basura con alta temperatura atmosférica y de viento.

Lo otro es dotar de más presupuesto o mejorar la planificación de combate de los incendios. En este tema considera fundamental que las autoridades hagan posible que las brigadas de la Conaf tenga menos rotación.

El Centro de Cambio Global considera imprescindibles herramientas que monitoreen oportunamente y en forma precisa condiciones ambientales como contenido de humedad atmosférica, temperatura ambiental, precipitación acumulada y biomasa acumulada.

Para eso se requeriría contar con redes de monitoreo coordinadas y funcionales, con uso de estaciones en superficie e información proveniente de satélites, las cuales permitan, en tiempo real, conocer las condiciones particulares del territorio. El uso de índices de riesgo de incendios es una práctica habitual en países como Portugal, Italia, España y Grecia, donde existen las mismas condiciones que en Chile.

En esta línea nació hace un tiempo Spyfire, iniciativa finalista en del concurso de innovación de Fia y Revista del Campo, que ofrece un servicio de monitoreo de variables ambientales, alarmas inmediatas y georeferenciación de focos de incendios forestales, que identifican al instante el lugar exacto del foco de incendio. Consiste básicamente en la instalación de sensores que recogen datos de temperatura, humedad, viento, entre otros, los que mediante comunicación inalámbrica pasan a un microcomputador y este saca a internet todo lo que pasa en terreno en tiempo real.

“El sistema tiene varios servicios como información preventiva crucial frente a incendios, la detección del siniestro y el foco, permite apoyar las estrategias de combate del fuego y también hacer reportes específicos para la toma de decisiones productivas”, comenta José Manuel Galarce, uno de los socios de la empresa nacida como idea en el Centro de Robótica de la Universidad Federico Santa María.

“El 99,9% de los incendios en Chile son provocados por el hombre… en el caso de bosques naturales, la única manera de prevenir es educando”. HORACIO GILABERT, ACADÉMICO E INVESTIGADOR DE LA FACULTAD DE AGRONOMIA E INGENIERIA FORESTAL DE LA UC.

“Se daña la matriz de biodiversidad que provee los servicios ecosistémicos como calidad de agua, suelo, estabilidad en las cuencas”. CRISTIÁN BONACIC, PROFESOR DEL DEPARTAMENTO DE ECOSISTEMAS Y MEDIO AMBIENTE DE LA FACULTAD DE AGRONOMÍA E INGENIERIA FORESTAL DE LA UC.

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