Problemas ambientales, problemas de todos

Columna de opinión de Cristopher Toledo, Ingeniero Comercial colaborador de Fundación Terram, publicada en portal El Dinamo en el marco del Día de la Tierra que se conmemora hoy 22 de abril 2014.


Existe una multitud de problemas ambientales, con diversas causas y consecuencias, pero todos estos tienen algo en común: son causados por nosotros, los seres humanos y de una u otra forma nos afectarán en forma negativa en algún momento.

Nuestro desarrollo como especie es dependiente del medio que nos rodea, nuestro sistema de vida no se sustenta sólo, en la naturaleza encontramos todos los recursos naturales que nos permiten desarrollarnos y subsistir a través del tiempo. Cualquier impacto negativo que provoquemos sobre la naturaleza traerá irremediablemente consecuencias negativas para nosotros y las demás especies.

En la actualidad nadie puede estar ajeno a los problemas ambientales que vivimos, estos son variados y se repiten en todos los continentes hasta alcanzar niveles globales. Estos problemas, no son nuevos, se vienen arrastrando hace siglos y aún nuestra especie no ha logrado encontrar una solución real para ellos, más bien se han ido intensificando y fortaleciendo con el paso del tiempo.

Hoy más que nunca estamos causando daños irreparables sobre el medio ambiente; hemos deforestando los bosques en forma indiscriminada, hace algunos siglos se talaban menores superficies, hoy en día se talan grandes extensiones que llegan a las centenares de miles de hectáreas. Estamos viviendo una de las épocas con mayor pérdida de la biodiversidad, plantas y animales se extinguen cada día y desaparecen para siempre.

Nuestras emisiones de CO2 han aumentado del tal forma que hemos alterado el ciclo natural del clima, causando un Cambio Climático que se deja ver en todos los países del mundo. Hemos causado agujeros en la capa de ozono, derramado petróleo en el océano, nuestros niveles de consumo aumentan junto al crecimiento económico de las naciones y con ello los desechos que generamos, la calidad del aire empeora con el desarrollo industrial, y así podría seguir enumerando un sinfín de problemas ambientales que se repiten a nivel global.

Existe una multitud de problemas ambientales, con diversas causas y consecuencias, pero todos estos tienen algo en común: son causados por nosotros, los seres humanos y de una u otra forma nos afectarán en forma negativa en algún momento, tal como ocurrirá con las numerosas formas de vida que habitan el planeta. La persistente noción de que somos independientes de la tierra, de la naturaleza, de que estamos separados de las demás especies y somos inmunes a los daños que le provocamos, están produciendo los problemas ambientales que conocemos, pero pareciera que estos problemas pasan frente a nuestros ojos en forma invisible.

Más allá de una crisis política, social y económica, estamos viviendo una crisis de conciencia, hemos desarrollado un egoísmo que no nos deja ver nuestra verdadera naturaleza interior. Gracias a la tecnología altamente desarrollada hemos alcanzado niveles de progreso material muy avanzado, útil y a la vez necesario. Sin embargo, si comparamos el progreso exterior con el progreso interior, es bastante claro que este último se queda corto. Aunque en cuestiones exteriores (materiales) estamos muy desarrollados y seguimos progresando, al mismo tiempo hemos descuidado nuestro desarrollo interior.

Este 22 de abril, Día de la Tierra nos llama a reconocer y tomar conciencia acerca de los impactos que estamos provocando en el planeta y cambiar de rumbo como especie. Esta toma de conciencia debe dejar de ser metafórica para convertirse en una experiencia práctica, que nos permita transitar hacia otro paradigma de desarrollo, en el cual la naturaleza no se encuentre solamente a merced de nuestras necesidades presentes.

Tengo claro que la sociedad no es sólo una suma de individuos, está configurada por estructuras sociales y concentraciones de poder y riqueza, hay intereses creados que tienen un control desproporcionado y que actúan para mantener el desequilibrio que nos rodea. Sin embargo, si en forma colectiva cambiamos nuestra vida cotidiana, la manera en la que pensamos, hablamos y actuamos, y con ello, incidimos en generar mayor conciencia en todas las personas, probablemente lograremos cambiar sustancialmente el mundo que habitamos.

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