Municipalidades del Gran Santiago cursarán multas a vecinos y empresas contaminantes

Plan comenzará con 20 comunas que crearán ordenanzas este año. Iniciativa es la antesala de nuevo plan de descontaminación. Fuente: El Mercurio 05 de junio 2014.


Solo cuatro inspectores tiene la Superintendencia del Medio Ambiente para fiscalizar que más de seis millones de habitantes de Santiago cumplan con las normas establecidas en el plan de descontaminación.

Con esa dotación tan exigua, los desacatos a las medidas son frecuentes y crecientes, según los antecedentes que maneja la Intendencia Metropolitana. De hecho, aunque el plan actual de descontaminación prohíba encender calefactores y estufas a leña en días de alerta, preemergencia o emergencia ambiental, los 120 mil artefactos que hay en la ciudad son los que generan el 45% de la contaminación atmosférica.

Con el objetivo de revertir la situación, la intendencia lanzó ayer un plan que permitirá aumentar la cantidad de fiscalizadores a más de 200 este año. Para ello, las 52 comunas de la Región Metropolitana comenzarán a generar ordenanzas municipales que les permitirá fiscalizar y multar a las familias y empresas que, por ejemplo, prendan sus chimeneas en días de alerta, preemergencia o emergencia ambiental.

En promedio, las sanciones podrían llegar a 5 UTM (hasta $210.260, según UTM de junio), dependiendo de lo que dictamine el juez de policía local y lo que establezca cada ordenanza.

“Los resultados de esa fiscalización podrán traducirse además en beneficios para las arcas municipales, porque esas multas irán directo a las comunas. Para fiscalizar solo tendrán que tomar las normas existentes en el plan de descontaminación y hacerlas locales”, explica el intendente metropolitano, Claudio Orrego.

Según estiman en la Seremi de Medio Ambiente de la Región Metropolitana, este año se comenzará con 20 comunas y el próximo se tendrá a la totalidad de los municipios con ordenanzas. “Además habrá protocolos que van a ayudar a los municipios a fiscalizar”, explica la seremi Grace Hardy.

De todas formas, hay tres comunas que ya operan con esta fórmula: Las Condes, Lo Barnechea y Cerro Navia.

El alcalde de Las Condes, Francisco de la Maza, señala que el método “ha sido exitoso, pero lo más importante es la conciencia de los vecinos para cumplir con medidas como esta, que también involucran usar menos el automóvil y preferir transportes como el metro; por eso las políticas públicas tienen que dar esas alternativas”.

La estrategia lanzada ayer, que operará con una mesa bimensual entre la intendencia y los encargados medioambientales de los municipios, es la antesala de un nuevo plan de descontaminación en el Gran Santiago para el material particulado fino (MP 2,5).

Ese programa medioambiental se iniciará con la declaración de la Región Metropolitana como zona saturada de MP 2,5 en agosto próximo. Luego de procesos de consultas ciudadanas, se estima que el protocolo podrá aplicarse a partir de 2016. Entre las medidas que evalúa incluir el Gobierno está la prohibición total de la leña (fuera de episodios críticos) y nuevas medidas para controlar la circulación de camiones contaminantes de regiones en la ciudad.

El “blanco” del nuevo plan para reducir el MP 2,5

De acuerdo con cifras del Ministerio del Medio Ambiente, en 1989 el material particulado fino (MP 2,5) llegaba a 69 microgramos por metro cúbico de contaminante (ug/m {+3} ). Con medidas como el control de quemas agrícolas, el retiro de 5.700 buses contaminantes, la introducción del gas natural y el inicio del Transantiago, la norma anual se redujo en 60% a 27 ug/m {+3} . De todas formas, el óptimo es de un máximo de 20 ug/m {+3} . Con ello, 10 millones de personas están expuestas a una concentración mayor de MP 2,5.

La reducción ha sido correlativa con la baja de episodios de contaminación constatados. En 1997, por ejemplo, se produjeron cuatro emergencias, 35 preemergencias y 34 alertas. Luego, desde 2000 en adelante no hubo emergencias. En 2007 hubo seis preemergencias y 22 alertas. El año pasado no hubo preemergencias y solo se constataron cinco alertas ambientales. El avance se dio pese a que la cantidad de calefactores de leña tuvo un crecimiento explosivo: pasaron de 70 mil en 2005 a 126 mil en 2012.

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