Los efectos del cambio climático podrían reducir la presencia de la camanchaca

Es una de las proyecciones más importantes que podría traer este fenómeno en el norte de Chile. Ecosistemas como los bosques Fray Jorge, Santa Inés y Talinay estarían entre los más afectados. Fuente: Lignum 29 de septiembre 2014.


Hace al menos 20 millones de años que la zona que hoy comprende el desierto de Atacama perdió su vegetación. Desde entonces la aridez se fue haciendo cada vez más extrema, proceso que culminó hace unos 15 millones de años, resultando como consecuencia el desierto más seco del mundo.

Esta extrema aridez se puede explicar por una combinación de factores, explica José Rutllant, climatólogo del Centro de Estudios Avanzados de Zonas Áridas (Ceaza) quien ha dedicado gran parte de su vida a develar los secretos detrás de este particular ecosistema y el impacto del cambio climático en él.

El principal actor aquí es el centro de alta presión del Pacífico suroriental, también conocido como anticiclón del Pacífico, porque bloquea los sistemas frontales procedentes del oeste. Por el otro extremo está la cordillera de los Andes, que gracias a su altura y orientación impide la entrada de masas de aire húmedas desde el sector tropical.

Además, la circulación atmosférica (vientos) sobre la ladera cordillerana contribuye adicionalmente a impedir la entrada de la humedad del Pacífico, especialmente en horas de la tarde.

Aunque pareciera que los vientos complotan contra la posibilidad de tener más agua en la zona norte, son ellos mismos los que contribuyen a la nubosidad costera conocida como camanchaca, que permite la obtención de agua, dice Rutllant, también investigador del departamento de Geofísica de la U. de Chile.

Avance de la zona árida

Pero es justamente este fenómeno el que se podría ver más afectado según acusan los resultados de modelos realizados en función de las proyecciones de concentración de gases de efecto invernadero y cambio climático.

Es así como se prevé una expansión al sur de la alta presión, y con ello un avance de la zona árida y semiárida.

Esto podría significar una reducción en la presencia de las camanchacas debido a un aumento de la altura de la nubosidad costera. Esto porque las camanchacas se forman cuando el relieve costero intercepta esas nubes.

Como consecuencia, dice, la vegetación asociada a las camanchacas tendería a disminuir en los lugares habituales, aunque también podría reaparecer en zonas en donde el relieve es más alto (por ejemplo, mediante el transporte de polen ladera arriba).

El mayor impacto tendrá lugar en el Norte Chico. “Toda la diversidad costera regada por la camanchaca tendría una merma y eso implica ecosistemas como los bosques de neblina Fray Jorge, Santa Inés y Talinay”, advierte Antonio Maldonado paleoecólogo y paleoclimatólogo del Ceaza.

“Fray Jorge, en particular, es un bosque de neblina relicto que está en la parte más alta de los cerros, no tiene cómo subir más”.

No obstante, aunque el escenario parece catastrófico, los bosques han estado ahí hace mucho tiempo; en períodos como el holoceno medio experimentaron condiciones similares y lograron sobrevivir. “Espero que una vez más lo logren”, dice.

El desplazamiento hacia el sur del anticiclón del Pacífico también podría traer una reducción en las precipitaciones en el período invernal debido a que los frentes del suroeste tendrán más dificultades en llegar al Norte Chico, Aunque podrían producirse eventos cortos y muy intensos que favorecerían la ocurrencia de aluviones, afirma Rutllant.

En cuanto al desierto florido, este podría verse afectado en las zonas costeras por la merma en las camanchacas. Distinto es el caso del interior, donde depende de las escasas precipitaciones invernales que alcanzan la parte sur del desierto.

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