Un nuevo paradigma energético: Gobierno y ciudadanía

Columna de opinión de Cristopher Toledo, Economista asociado a Fundación Terram, publicada en portal El Quinto Poder el 04 de septiembre 2014.


Hasta el Gobierno anterior, la política energética de nuestro país había sido no tener una política explicita. Esto pese a que somos uno de los países con mayor dependencia energética a nivel mundial. La falta de voluntad política, entre otras cosas, ha permitido que se privilegie el negocio de unos pocos por sobre el interés de todo un país.

En el sector eléctrico se mantiene el mismo panorama: contamos con una matriz poco diversificada, dependiente de los combustibles fósiles y concentrada en pocos actores (oligopolio). El actual paradigma ha sido dejar en manos de privados la conducción y desarrollo de este sector energético, donde el Estado cumple un rol subsidiario, reservándose funciones de fiscalización en general y de planificación indicativa de inversión, situación que ha llevado a que el sector privado a partir de las señales del mercado decida dónde, cómo y cuándo realizar las inversiones.

Hablar de energía no es sólo hablar de electricidad. Si vemos el panorama más amplio, ésto se vuelve tremendamente complejo por las múltiples variables y sectores que se involucran, y, a la vez, se vuelve difícil de entender para cualquier ciudadano común. Hablar de energía es -irremediablemente- hablar de minería, transporte, sectores productivos y también sobre los impactos del cambio climático, considerando los compromisos contractuales que ha adquirido nuestro país en reducción de emisiones de GEI.

La implementación de la Agenda Energética propuesta por el actual Gobierno, propone un importante desafío para el futuro de nuestro país, que va más allá de las soluciones a la generación y trasmisión eléctrica que la ciudadanía demanda, ya que la estructura económica depende de la matriz energética del país, o así nos han hecho pensar las autoridades.

Sin energía no hay desarrollo ni crecimiento económico, ha establecido la Presidenta Bachelet. Y esta premisa cobra mayor relevancia en los tiempos de desaceleración económica que estamos viviendo.

Potenciar y asegurar el desarrollo de este sector en el largo plazo permitiría contar con una mayor seguridad para las inversiones futuras, principalmente mineras. De hecho, el Presidente de la Sociedad Nacional Minera (Sonami), Alberto Salas, admitió que los costos de la energía y el agua “han afectado nuestra competitividad, y la consecuencia es la paralización de más de la mitad de los proyectos de inversión”. Por ello, el desarrollo e implementación de la política energética 2050 debe tener como eje central un cambio de paradigma, que permita dejar atrás el modelo implementado hace 30 años. Sin embargo, y a partir de las últimas decisiones que se han tomado en el sector -como por ejemplo la importación de Shale Gas o Gas de Esquisto desde Estados Unidos, el que comenzará a llegar el próximo año a nuestro país- han dejado entrever que la implementación de esta agenda está siendo concebida sobre el mismo paradigma que ha primado durante las últimas décadas.

Por otro lado, la Presidenta Bachelet y el Ministro Pacheco han sido claros en señalar que se seguirá incentivando la entrada de generación hidroeléctrica y térmica. Entonces, podemos visualizar que se incorporarán energías renovables, pero la matriz seguirá siendo principalmente convencional.

En este contexto planteo la interrogante: ¿efectivamente la agenda propuesta logrará un cambio de paradigma o se seguirá manteniendo el mismo escenario actual, sólo que esta vez el rol del Estado será levemente más participativo?

El rol que jugará la ciudadanía debe ser determinante para exigir que las transformaciones que se realicen sean de fondo y estructurales. Sólo de esta forma se logrará cambiar el actual paradigma energético que ha predominado durante las últimas décadas en el país.

Y esto implica que se termine con el oligopolio eléctrico en donde tres empresas manejan el mercado; que se termine con los mega proyectos, y comencemos a pensar a escala local en donde la generación se realiza cercana a los lugares de consumo, evitando los desperdicios de energía que se producen al transportar la electricidad a grandes distancias (como lo que se quería hacer con el desarrollo de HidroAysén y su tendido eléctrico); y por último, debemos ser capaces de superar nuestra adicción al consumo y comenzar a vivir una vida más austera: el cambio de paradigma debe lograr un cambio de conciencia. No se trata sólo de transitar de un tipo de energía sucia a una más limpia. Es necesario que nuestros niveles crecientes de consumo decrezcan. De esta forma dejaremos de ejercer presión sobre los recursos naturales y energéticos que nos provee el planeta.

Fuente: http://www.elquintopoder.cl/medio-ambiente/un-nuevo-paradigma-energetico-gobierno-y-ciudadania/

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