República de China pretende disminuir al 2025 sus emisiones de CO2 a niveles de 2000

La intensidad de emisión de dióxido de carbono en Taiwán ha caído en un promedio de 3,11% anual. Fuente: El Diario Financiero 28 de noviembre 2014.


Ilha Formosa o Isla Hermosa en español fue el nombre que le dieron los portugueses a Taiwán cuando la avistaron en el siglo XVI. Luego, españoles y holandeses, quienes fueron expulsados, intentaron quedarse en la isla de 36.000 km², habitada en aquel entonces por pueblos de origen malayo-polinesio.

De aquel entonces hasta hoy, Taiwán ha mostrado sólidos avances económicos, con un PIB que en 2013 alcanzó los US$ 490.000 millones y un ingreso per cápita de más de US$ 20.000, para más de 23 millones de habitantes.

Pero ese avance también llevó consigo mayores niveles de contaminación, una problemática con la que el gobierno y el pueblo taiwanés luchan a diario, por cierto, con muy buenos resultados.

“Taiwán se encuentra ubicada en el cruce entre las condiciones climáticas tropical y subtropical. Para aprovechar mejor los limitados recursos y reducir los desastres naturales, el pueblo y gobierno de nuestro país están al tanto de la importancia de la protección del medio ambiente y la conservación ecológica (…) Taiwán comparte y cumple con sus obligaciones en nombre del desarrollo mundial sostenible”, reseñó la viceministra de Relaciones Exteriores, Vanessa Y. P. Shih.

Su objetivo más cercano: participar como gobierno en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés), que se celebrará en Lima, Perú, desde el 1 al 12 de diciembre y hasta donde asistirán dos ONG taiwanesas. Su exclusión oficial de la actividad se debe a la pérdida de su asiento en la ONU en 1971.

“Esperamos una invitación formal”, dijo Huichen Chien, secretaria Ejecutiva de la Administración para la Protección del Medio Ambiente (EPA).

“Seremos un factor positivo en cualquier organización de la ONU que nos acepte como miembro”, agregó Vanessa Y. P. Shih.

Una de sus principales metas: su compromiso es reducir las emisiones de dióxido de carbono a los niveles del año 2005 en 2020, y bajarlas hasta niveles de 2000 en 2025. Hasta ahora, sus esfuerzos han dado frutos. Han reducido las emisiones anuales de dióxido de carbono a un nivel entre 245 y 250 millones de toneladas métricas, lo que se acerca a la meta de emisiones de 245 millones de toneladas métricas para 2020. La intensidad de emisión de dióxido de carbono en Taiwán también ha caído en un promedio de 3,11% anual.

Cambio de hábito

Pero el camino por el que ha conducido Taiwán no ha sido fácil. Para reducir sus niveles de contaminación, las políticas de gobierno se han dirigido desde la ciudadanía, hasta el impuso a empresas de reciclaje, que, de paso, incluyen en sus procesos productivos sustentables energéticamente.

Según el profesor Pen-Chi Chiang, director del Institute for Sustentable Energy (TAISE) de Taiwán, tres son las claves para avanzar hacia el éxito de las medidas tendientes al cuidado del medio ambiente. En primer lugar, la que denominó “el palo”, es decir, las medidas coercitivas, para dejar en segundo lugar lo que denominó “la zanahoria”, concepto para graficar los estímulos a quienes cumplan y fomenten las normas. En tercer lugar ubicó a la tecnología.

“Se puede tener el palo y la zanahoria, pero ¿qué pasa si no tienes la tecnología adecuada para llevar adelante todo eso?”, analizó.

A eso, Pen Chi-Chiang agregó la educación medioambiental (obligatoriedad de instrucción desde primaria hasta la universidad), en un proceso que denominó “educación a la inversa”, es decir, que los niños y jóvenes en edad escolar sean los encargados de transmitir esos conocimientos a los miembros de mayor edad en su familia.

“Hemos logrado, por ejemplo, que hace algunos años cada ciudadano producía 1,2 kilos de basura, ahora produce 0,4. ¿Dónde se fue el restante 0,8? Sólo se trata de concientizar”, explicó sobre el programa de fomento al reciclaje. De hecho, en las calles, la presencia de basureros es casi nula y no se notan rastros de basura pululando en la vía pública.

En el programa de incremento de sustentabilidad energética, participan 112 empresas, que representan el 83,5% del PIB de Taiwán.

En lo que respecta al cuidado medioambiental, para reducir emisiones contaminantes y la congestión vehicular –donde predomina el flujo de motocicletas-, el gobierno implementó una medida para que los funcionarios públicos no usen sus autos una vez a la semana. Quien incumpla el mandato es multado.

Un buen ejemplo de la presencia en la educación superior del programa medioambiental, es el edificio de The Magic School of Green Technologies, de la National Cheng Kung University, en Tainan, que posee en complejo sistema de ahorro de energía y producción sustentable de la misma para su funcionamiento, a través de paneles solares, energía eólica y un sistema de ventilación autosustentable.

Reciclaje y sustentabilidad

Delta Electronics y Super Dragon Technology son dos buenos exponentes de compañías que mezclan producción con altas cuotas de cuidado del medio ambiente y de fabricación de artículos y sistemas que mejorar la sustentabilidad y el reciclaje, respectivamente.

En el caso de Delta (que a través de Fundación Delta Electronics participarán en la Conferencia Mundial del Cambio Climático de Lima) la firma está de lleno en la fabricación de generadores para la carga eléctrica de automóviles y de reducir el tamaño de piezas vitales de tecnología computacional y de gadgets, entre otros aspectos. A eso se suma la construcción de su “edificio verde”: el Delta Taouyuan Technology Center, en Taipei, que recibió la Leed Gold Certification por su concepto de eficiencia energética.

Super Dragon Technology, por su parte, se encarga de reciclar plástico y residuos electrónicos, de computadores y otros aparatos, de los cuales recupera entre 200 y 300 kilos de oro al mes. A eso suma la extracción de otros minerales como cobre, plata, bronce y sílice, según explicó Yao Hsun Wu, director general e hijo del fundador.

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