Con una red de monitoreo de áreas protegidas predicen cómo afectará a Chile el cambio climático

Algunos sitios llevan siendo investigados hace varios años, pero ahora la iniciativa tendrá una estructura formal. Fuente: Mercurio 25 de diciembre 2014.


Cuatro años lleva la estación biológica Senda Darwin, del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), monitoreando el impacto que podría tener en las áreas boscosas del sur de Chile la disminución de precipitaciones que arrojan los modelos de cambio climático. “Estamos simulando en terreno una disminución de 30% en las lluvias durante el verano”, explica el ecólogo Juan Armesto, director del IEB.

Para ello seleccionaron cuatro áreas de bosque de 20 x 20 metros. En dos de ellas extraen el agua de las precipitaciones mediante canaletas, para evitar que se infiltre al suelo y así gatillar artificialmente una mayor sequedad.

En el tiempo que llevan de experimentación han confirmado que no solo la humedad del suelo es menor, lo que afecta a las plantas, sino que los árboles están botando sus hojas en el verano, cosa que no ocurre en los dos sitios no intervenidos y que sirven de control.

Como este, son varios los trabajos de investigación experimental de largo plazo que se realizan en distintas unidades públicas y privadas con el objetivo de tener mayor información, a largo plazo, sobre el impacto del cambio global. Esto especialmente en relación con las variaciones climáticas y el impacto de la actividad humana en la biodiversidad, una tendencia que se replica a nivel global.

A principios de mes se reunieron en Chile investigadores de más de 40 países que participan en la red de estudios ILTER, que agrupa los resultados obtenidos con la ayuda de estas investigaciones de larga data.

En Chile ya existen tres sitios en la red. Además de la ya mencionada Senda Darwin, también participan el Parque Nacional Fray Jorge (Coquimbo) y el Parque Etnobotánico Omora (en Puerto Williams), todos vinculados con el IEB.

Durante el encuentro se acordó potenciar una red local con la incorporación de otros seis sitios públicos y privados. “Hoy cada sitio funciona por separado; queremos formar un colectivo, tener un directorio, tomar decisiones y negociar financiamientos en conjunto”.

Una de las incorporaciones más importantes es la Estación Costera Las Cruces, de la U. Católica, que mantiene seguimiento desde 1982, cuando el área fue protegida luego de años de explotación por las comunidades locales. “Uno de los resultados más llamativos es el regreso de aves, como las gaviotas, a anidar en el borde costero. En el resto de la costa utilizan islotes, debido a que la presencia humana está extendida, pero en Las Cruces al encontrarse seguras han regresado a anidar en la zona”, explica Sergio Navarrete, investigador del centro científico.

También hemos descubierto que la biomasa de los locos fluctúa mucho, y no necesariamente suben sus poblaciones cuando se limita su extracción. “En resumen, lo que estamos demostrando es que el ser humano tiene impacto en los ecosistemas, y que muchos de estos cambios podemos documentarlos 15 a 20 años más tarde. Hay componentes que se recuperan rápido, pero otros lo hacen muy lento”.

La red extendida permitirá complementar estudios y obtener un panorama más amplio de lo que se espera para Chile.

Según Armesto, en la medida que se pueda tener un mejor conocimiento de la respuesta de sistemas como la biodiversidad, el agua, los suelos y la atmósfera a los cambios previstos, podremos reducir la incertidumbre.

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