Conferencia de Lima muestra que la política climática no logra ir al paso del impulso del mundo real

Los grandes temas se postergaron, lea análisis emitido por CAN Internacional 14 de diciembre 2014.


Todas las miradas están puestas en los líderes de los gobiernos que aprobaron el resultado de las negociaciones climáticas de la Organización de Naciones Unidas en Lima alcanzado hoy, el cual no refleja el creciente apoyo público a la transición de combustibles fósiles hacia energías renovables, ni la urgencia por acelerar ese paso.

La Decisión de Lima ratifica la importancia de que los gobiernos pongan sobre la mesa sus compromisos climáticos individuales durante la primera mitad del próximo año, los cuales sentarán las bases del acuerdo climático global a firmarse en París en diciembre de 2015. Sin embargo, se eludieron muchos de los grandes temas que han afectado a las negociaciones durante años y éstos pueden convertirse en un dolor de cabeza en el futuro.

Lima ofreció una guía útil para los países que establecerán sus compromisos. Tendrán que proporcionar información para ayudar a que el mundo juzgue si las promesas son adecuadas y equitativas. Y hubo un importante acuerdo que ningún país puede desviarse de sus compromiso previos. Pero los gobiernos dieron un paso atrás en sus planes para una evaluación robusta de sus compromisos antes de París 2015, digamos que para fines prácticos estarán calificando su propia tarea.

El viejo paradigma “yo sólo me muevo si tú te mueves”, que tantas veces ha plagado las conversaciones fue contrarrestado por los países latinoamericanos que mostraron un liderazgo importante al hacer promesas de financiamiento, ofreciendo opciones de negociación innovadoras y haciendo promesas significativas en materia de bosques.

A pesar de este liderazgo, está claro que los gobiernos en todos los ámbitos no estaban preparados para hacer frente a algunos de los grandes temas que han aquejado a las conversaciones durante años, como la forma en que los países desarrollados y en desarrollo reciben un trato diferente durante las negociaciones, así como la forma de apoyar a todos los países a tomar medidas climáticas e incrementar su resiliencia.

En los últimos meses, los países han ofrecido USD$10 mil millones para financiar las acciones de los países en desarrollo para avanzar hacia bajas emisiones de carbono y hacer que las comunidades sean más resilientes. Como primer paso es bienvenido, pero el impulso que dieron estas promesas de aportes al Fondo Verde Climático se fue perdiendo en el camino. El resultado de Lima no aporta ninguna claridad sobre la hoja de ruta para llegar a los USD$ 100 mil millones anuales prometidos para apoyar a los países en desarrollo a que emprendan la acción climática. Básicamente, el financiamiento fue postergado hasta París. Como resultado de ello gran parte del potencial para la acción climática en los países en desarrollo se encuentra en riesgo, y la confianza en el proceso se debilitó.

Mientras las negociaciones ocurrían enmarcadas en el agravamiento de impactos climáticos que golpean a comunidades de todo el mundo, como el tifón Hagupit en Filipinas, el tema de pérdidas y daños no fue elevado para ser reconocido como un título aparte en el régimen climático. Esto fue un resultado particularmente decepcionante para las naciones más vulnerables a los impactos climáticos.

El insuficiente resultado de Lima significa que una vez más los gobiernos han dejado a su suerte a las comunidades menos desarrolladas y más vulnerables. Conforme las medidas para protegerlos de los peores impactos se siguen demorando, quienes llevan el peso del cambio climático ahora se enfrentan a riesgos aún mayores. Los mecanismos de financiamiento para la adaptación y pérdidas y daños (para ayudar a las comunidades a hacer frente a los impactos climáticos que la reducción de emisiones y los esfuerzos de adaptación no pueden prevenir) son cruciales ahora, y el acuerdo de París tiene que asegurar las decisiones y los fondos que la COP20 no pudo.

Una de los mayores desconexiones aquí en la COP20 de Lima fue que la incapacidad de los gobiernos para aprovechar la ganancia fácil que el reciente auge de la energía renovable significa, crecimiento impulsado por la caída de sus precios en los últimos años, aparentemente ignorando la enorme brecha entre sus compromisos actuales y la necesidad de avanzar rápidamente y con fuerza. Los gobiernos no tomaron ninguna medida significativa para incrementar la escala de la acción climática en los años previos al 2020, fecha de inicio para el Acuerdo de París. Por el contrario, se centraron en promesas de acción a partir de 2020.

En un contraste positivo, los negociadores aquí en Lima estaban en sincronía con el consenso emergente en todo el mundo a favor de eliminar gradualmente los combustibles fósiles, que se demuestra porque tal eliminación gradual se mantiene como una de las opciones que aún permanece en la lista actual de opciones para el acuerdo de París. Los gobiernos han reconocido la fecha límite en mayo para pasar la actual lista de opciones para el acuerdo de Paris al lenguaje de las negociaciones. Esto significa que tendrán que ponerse a trabajar en el acuerdo de París durante la próxima sesión de clima de la ONU en febrero, en Ginebra.

Al final, las negociaciones mostraron que los gobiernos están desconectados de sus propios pueblos, en tanto estos últimos están preocupados por los riesgos climáticos e interesados en una transición justa que impulse las economías, la creación de empleos y fortalezca la salud pública. Cada vez más los temas nacionales, sean elecciones o decisiones sobre grandes proyectos com el oleoducto Keystone XL en Estados Unidos y la cuenca de Galilee en australia, serán vistos como ejemplos de la voluntad de cada país para combatir el cambio climático. Si bien los gobiernos fueron capaces de eludir el abordar los grandes temas en Lima, no tendrán ese lujo en París, donde el mundo espera que produzcan un acuerdo, y no sólo se queden mirándose el ombligo.

Puntos de discusión sobre los aspectos clave de política producidos en Lima

• El resultado de Lima no refleja el creciente apoyo público para la transición en curso de combustibles fósiles a las energías renovables, ni la urgencia de acelerar dicha transición. Las demandas y justificaciones para que los gobiernos actúen son resaltadas por eventos extremos como el tifón Hagupit, informes de gran importancia presentados por los principales científicos del clima del mundo, las inversiones de capital que se alejan de los peligrosos combustibles fósiles y las manifestaciones públicas sin precedentes en Perú la semana pasada y alrededor del mundo en septiembre. Lima muestra que la mayoría de los gobiernos están fuera de contacto con la realidad del clima, pero está claro que quienes se vienen oponiendo a la acción climática ya no pueden permanecer ocultos ante el abrumador reclamo de que esta crisis sea atendida.

• Las conversaciones se cerraron hoy con avances en algunos temas, pero postergaron los grandes debates hasta París (donde se firmará el nuevo acuerdo mundial el próximo diciembre). Estos aspectos (cómo los países desarrollados y en desarrollo son tratados de manera diferente en las negociaciones y la cuestión del apoyo a los países en desarrollo para que emprendan su propia acción climática) pueden significar obstáculos en el camino hacia París. Hay un “elefante en la habitación” en Lima, y no nos hemos sido capaces de reconocerlo.

Compromisos Nacionales de Acción sobre el Clima
• Todos los ojos ahora se volverán sobre los gobiernos que van a plantear compromisos nacionales de acción climática cuando regresen a sus capitales. Dichos compromisos indicarán el primer paso colectivo del mundo para alejarse de los combustibles fósiles y emprender el camino al desarrollo limpio, sentando las bases del acuerdo de París. Lima ofreció una guía útil para los países que establecerán sus compromisos. Tendrán que proporcionar información para ayudar a que el mundo juzgue si las promesas son adecuadas y equitativas. Y hubo un importante acuerdo que ningún país puede desviarse de sus compromiso previos. Pero los gobiernos dieron un paso atrás en sus planes para una evaluación robusta de sus compromisos antes de París 2015, digamos que para fines prácticos estarán calificando su propia tarea.

Financiamiento
• En cuanto al financiamiento, el impulso proporcionado por las promesas de contribuciones al Fondo Verde para el Clima se perdió en la traducción. El resultado de Lima no proporcionó más claridad sobre el camino a los US$ 100 mil millones de dólares al año comprometidos para apoyar a los países en desarrollo a tomar acción por el clima. Básicamente, el financiamiento fue postergado hasta París. Como resultado de ello gran parte del potencial para la acción climática en los países en desarrollo se encuentra en riesgo, y la confianza en el proceso se ha debilitado.

Línea de trabajo 2: Mitigación
• Una de los mayores desconexiones aquí en la COP20 de Lima fue que los gobiernos no fueron capaces de aprovechar la ganancia fácil que el reciente auge de la energía renovable significa, crecimiento impulsado por la caída de su precio en los últimos años, haciendo caso omiso de la enorme brecha entre sus compromisos actuales y la necesidad de avanzar rápidamente y con fuerza. Los gobiernos no tomaron ninguna medida significativa para incrementar la escala de la acción climática en los años previos al 2020, fecha de inicio para el Acuerdo de París. Por el contrario, se centraron en promesas de acción a partir de 2020.

Pérdidas y daños
• Contra la expectativa general, la decisión de Lima no aborda la cuestión perdidas y daños como un tema independiente, dejando un gran signo de interrogación sobre las comunidades que enfrentan pérdidas devastadoras debido a los efectos del clima, impactos a los que no es posible adaptarse. Con las grandes decisiones políticas que pueden desbloquear la acción y acelerar la transición de la dependencia en combustibles fósiles a la energía limpia demorada hasta París el próximo año, las naciones menos desarrolladas y más vulnerables quedan, una vez más, abandonadas a su suerte. La falta de progreso en Lima sólo hace más vital la necesidad de abordar los mecanismos para fondos de adaptación y pérdidas y daños, mientras que quienes llevan el peso del cambio climático ahora se enfrentan a riesgos aún mayores. El acuerdo climático global de París tiene que armonizar la política multilateral con las realidades que enfrentan aquellos que están sufriendo los impactos climáticos inevitables resultado de las emisiones históricas.

Proyecto de Acuerdo de París
• En un contraste positivo, los negociadores aquí en Lima estaban en sincronía con el consenso emergente en todo el mundo a favor de eliminar gradualmente los combustibles fósiles, que se demuestra porque tal eliminación gradual se mantiene como una de las opciones que aún permanece en la lista actual para el acuerdo de París. Los gobiernos tienen que ponerse a trabajar en serio en la próxima sesión de clima de la ONU en febrero, en Ginebra, para traducir esas opciones al lenguaje de las personas, y a un texto de negociación legal.

Equidad / Diferenciación
• Los gobiernos claramente postergaron la cuestión de quién debe hacer qué en virtud de este acuerdo. Hay pocas disposiciones para la equidad en cualquiera de los principales temas abordados por el acuerdo, por ejemplo, en mitigación y financiamiento. El actual sistema de libre determinación deja a todos en la oscuridad acerca de lo que pueden esperar de otros países, lo que a su vez reduce el interés en poner a luz un compromiso fuerte.

Adaptación
• Con la ocurrencia de impactos climáticos cada vez más intensos, los países en desarrollo trataron de elevar el perfil de la adaptación en Lima. La necesidad de apoyo para aumentar la resiliencia de las comunidades para que hagan frente a los impactos del clima quedó delineada en un informe que el PNUMA presentó durante las negociaciones. Éste demuestra que los países en desarrollo podrían requerir hasta USD$ 300 mil millones en 2030, y hasta USD$ 500 mil millones para 2050, con el fin de financiar adecuadamente la adaptación. Esto es casi tres veces más que las estimaciones conservadoras del IPCC.

Sucesos clave fuera de la COP

• Durante las negociaciones 15.000 personas salieron a las calles para exigir una acción urgente sobre el clima en la mayor marcha climática que América Latina haya visto. Representantes de las comunidades vulnerables al clima viajaron de todos los rincones de América Latina a la Marcha Climática de los Pueblos para exigir justicia climática, y una amplia gama de grupos se sumaron, entre ellos sindicatos, estudiantes, grupos indígenas, coaliciones de jóvenes y maestros. Esto ocurrió sólo unos meses después de que 400,000 personas salieran a las calles de Nueva York para enviar el mismo mensaje: queremos acción climática ya.

• Las comunidades religiosas y de fe hicieron llamamientos cada vez más fuertes para la acción urgente sobre el clima durante las negociaciones en Lima. El Papa envió un mensaje directo a la COP, advirtiendo a las delegaciones que hay un imperativo ético claro, definitivo y urgente para tomar medidas contra el cambio climático. Su llamado fue repetido por los obispos católicos que pidieron una descarbonización rápida y protección a las comunidades vulnerables al clima. Los obispos instaron a los católicos de todo el mundo (alrededor de 1.2 millones de personas) a comprometerse con el tema del cambio climático.

• Activistas climáticos entregaron a la Secretaría de la CMNUCC más de 53,000 firmas de personas en más de 190 países pidiendo que se prohíba a las empresas de combustibles fósiles y sus grupos de presión participar en las negociaciones sobre el clima de la ONU. Durante la COP20, el gigante de los fósiles Shell celebró un evento paralelo para tratar de promover falsas soluciones a la crisis climática, como el carbón limpio. Observadores de la sociedad civil los señalaron ese día, pero hay preocupaciones reales de que la presencia de las principales empresas que buscan proteger sus ganancias podrían obstaculizar el importante trabajo que hay por hacer en París.

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