El Ártico se transforma en la nueva “zona candente” de la política mundial

Dinamarca reclamó ante la ONU un territorio de casi 9 mil kilómetros cuadrados, algo que no dejó indiferente al resto de los países que comparten fronteras en el Polo Norte. Fuente: El Mercurio 21 de diciembre 2014.


La temperatura está subiendo en los gélidos parajes del Ártico y no es solo por el calentamiento global. Esta semana, Dinamarca presentó una reclamación formal ante la ONU sobre un área del fondo marino del Polo Norte de casi 9 mil kilómetros cuadrados, situada a más de 200 millas marinas al norte de las costas de Groenlandia, territorio danés.

Algo que Estados Unidos, Rusia, Noruega y Canadá -los otros países que comparten fronteras en el Ártico- tendrán en cuenta en sus próximas medidas en relación con este territorio.

El derretimiento de las grandes masas de hielo ártico durante los últimos 25 años hoy amenaza con hacer subir el nivel de los mares y océanos del mundo. Pero también ha permitido que durante el verano boreal, el Ártico comience a ser navegable en su superficie a través de las rutas del Noroeste y del Noreste (ver infografía). Y de acuerdo a diferentes informes civiles y militares, si el derretimiento se mantiene a esta velocidad, en diez o quince años se podría abrir una ruta transpolar sin hielo entre Europa y Asia durante el verano del hemisferio norte.

Esto no solo inauguraría una importantísima nueva ruta comercial que acortaría distancias; también representaría la posibilidad de explotar los recursos bajo el fondo marino ártico. Se estima que allí se encuentra el 15% del petróleo y un tercio del gas que todavía no han sido descubiertos a nivel mundial. Y por eso este tipo de reclamaciones de la plataforma continental cobran cada vez más importancia.

Nuevas flotas

A fines de octubre, el Kremlin anunció sus planes de construir seis nuevas bases en el Ártico y establecer una presencia militar permanente compuesta por 6.000 efectivos, vehículos para la nieve, hovercrafts e instalaciones de radar. Todo, a más tardar, para 2018.

De esta manera, Rusia toma la delantera en la progresiva militarización del Ártico. Una región aislada e inhóspita, pero que gracias al calentamiento global se ha transformado en una zona de alto interés estratégico y energético para muchos países.

“En este momento Rusia no está desplegando tantas tropas, pero sí reubicando recursos militares y expandiendo su presencia militar en todo el Ártico. Y es probable que los países vecinos no puedan responder de la misma manera”, dice a “El Mercurio” Ana Quintana, analista en Política Exterior de la Fundación Heritage, en Washington.

“Rusia tiene mucho en juego. Alrededor del 50% de su población se encuentra por encima del Círculo Polar Ártico”, agrega. “Para Rusia, y específicamente para el Presidente Vladimir Putin, el Ártico es una cuestión de orgullo e identidad rusa. Representa una alta recompensa a un costo extremadamente bajo”.

Ya a comienzos de este año el almirante Jonathan Greenert, jefe de operaciones de la Armada de Estados Unidos, entregó un informe en el cual exponía el peligro de que EE.UU. no tenga una presencia efectiva en el Ártico, a través de destructores y submarinos, frente a la arremetida rusa. Hoy Rusia cuenta con 25 rompehielos, mientras que Estados Unidos tiene apenas uno.

Asimismo, si la Armada estadounidense decidiera aumentar sus patrullajes, primero necesitaría reforzar el casco de sus buques y submarinos para las condiciones del Ártico, lo que costaría miles de millones de dólares que no contempla el actual presupuesto de Defensa.

“El Ártico es un escenario muy complejo, incluso si se vuelve más navegable. Durante la transición entre temporadas, las masas de hielo avanzarán y retrocederán. Todo eso se traducirá en un teatro muy difícil para las marinas de guerra”, dice a este diario James Holmes, profesor de estrategia en el Naval War College de Estados Unidos.

“Es más probable que veamos flotas de guardacostas reforzadas, más que flotas navales tradicionales. Los guardacostas están mejor equipados para misiones de clima frío”, agrega Holmes. “Rusia ha lidiado siempre con el clima helado, mientras que la mayoría de las armadas de guerra, incluyendo la de EE.UU., están pensadas para climas más templados. Excepto la fuerza submarina de EE.UU., que ha estado operando bajo el casquete polar ártico durante cincuenta años”.

Pero Rusia y EE.UU. no son los únicos que buscan aumentar su presencia en el Ártico. Canadá sumará ocho nuevos patrulleros para 2020 y un nuevo rompehielos para 2017, además de tener operativa la base de Nanisivik para el próximo año. Y Dinamarca establecerá una base militar en Nuuk, mientras que Noruega ya compró cinco fragatas y seis corbetas.

El Ártico ya es la nueva región en disputa, donde los diferentes países están moviendo rápidamente sus fuerzas a la espera del momento en que sea factible y rentable la explotación de las riquezas bajo el hielo.

Un hallazgo clave

El reciente descubrimiento del “HMS Erebus”, un buque británico de exploración perdido en el Ártico a fines de la década de 1840 (junto con su gemelo, el “HMS Terror”), pasó de ser un hito arqueológico a una prueba con la que Canadá busca reforzar el argumento de que el Paso del Noroeste -donde naufragó el barco- está dentro de sus aguas. “Este es un momento realmente histórico para Canadá”, afirmó el Primer Ministro canadiense, Stephen Harper. “Las naves (del explorador John Franklin) son una parte importante de la historia canadiense, dado que su expedición sentó las bases de la soberanía ártica de Canadá”.

El planteamiento de Harper choca con la posición de EE.UU. y de varios países europeos, que consideran que el Paso del Noroeste es una ruta internacional que debe permanecer abierto para buques de todos los países.

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