La mano dura de China contra semillas modificadas frena el heno de EE.UU.

La controversia surgió cuando autoridades chinas dijeron que en la producción de tres firmas estadounidenses había cepas genéticamente alteradas no aprobadas por Beijing. El Mercurio, 16 de diciembre de 2014.


La nueva postura más estricta de China sobre las importaciones de cultivos genéticamente modificados está sacudiendo una industria estadounidense de la que se habla poco: el heno.

A mediados de este año, China comenzó a analizar las importaciones de heno para detectar la presencia de alfalfa procedente de biotecnología no aprobada por Beijing. Como resultado, los envíos a China han caído y algunas entregas han sido rechazadas.

Las medidas de China son un duro golpe para los productores de heno a partir de la alfalfa y otras plantas herbáceas, que representa el cuarto mayor cultivo de EE.UU. por superficie, con un valor anual de US$ 20 mil millones. Los precios del heno estadounidense han caído casi 12%, en parte debido a que la menor demanda china se tradujo en un aumento de la oferta de este forraje dentro de EE.UU.

Con los productores lácteos chinos deseosos de utilizar el alto valor proteico de la alfalfa de EE.UU. para alimentar sus vacas, las exportaciones estadounidenses de heno de alfalfa a China se habían multiplicado más de ocho veces entre 2009 y 2013, para llegar a casi 785 mil toneladas; en los primeros 10 meses de este año las ventas al mercado chino representaron una cuarta parte de esas exportaciones. Pero conforme los exportadores buscaban asegurarse de que sus envíos no contenían la alfalfa genéticamente modificada, desarrollada por Monsanto Co., los despachos cayeron 22% en peso frente al período agosto-octubre del año anterior, según datos del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA, por sus siglas en inglés).

Mountain Sunrise Feed Co., un pequeño exportador de heno en Utah, había estado enviando a China 1.000 toneladas por mes, la mitad de su producción. La firma detuvo sus envíos después de que varios de sus cargamentos fueron rechazados. “Es un riesgo demasiado grande”, dice Nick Huntsman, su propietario.

Tras perder sus negocios en China, la empresa despidió a cinco empleados, y utiliza sólo 50% de su capacidad de producción.

La controversia sobre el heno surgió a mediados de año, cuando la Administración General de Supervisión de Calidad, Inspección y Cuarentena de China dijo que en la producción de tres empresas estadounidenses encontró cepas genéticamente modificadas no aprobadas por Beijing. Funcionarios de la agencia se negaron a comentar.

China ha mantenido por largo tiempo una política de tolerancia cero contra la alfalfa biotecnológica. Los exportadores de EE.UU. dicen que compran alfalfa de agricultores con cultivos no modificados. Pero su industria tiene dos problemas: su definición de lo que encaja en no biotecnológico puede no ser lo suficientemente estricta para cumplir con los estándares chinos; y además hay evidencia de que genes biotecnológicos se han extendido a cultivos no modificados.

Las posibles explicaciones para la presencia de material genéticamente modificado en los envíos de alfalfa que se considera no biotecnológica incluyen la polinización cruzada de un cultivo con otro, o cultivos que se mezclan durante la cosecha, empaque o almacenamiento del heno. Otra explicación es la semilla misma. Cerca de 30% de la semilla de alfalfa de EE.UU. vendida dentro de ese país es genéticamente modificada, según Monsanto. La variedad de Monsanto está diseñada para soportar el rociado con Roundup, un herbicida de amplio uso que también fabrica Monsanto. En 2011, el USDA autorizó a los agricultores a sembrar sin restricciones ese tipo de alfalfa, conocida como Roundup Ready. Los críticos habían luchado en los tribunales para bloquear la alfalfa con el argumento de que el polen podría transferir sus genes a cultivos no biotecnológicos, incluyendo la alfalfa orgánica, un escenario que algunos sugieren se está presentando ahora.

Monsanto se negó a comentar sobre la inquietud por esa posible contaminación. “Monsanto trabaja con los productores y la industria para construir un consenso sobre protocolos de pruebas adecuados, precisos y consistentes que den a los agricultores la certeza que necesitan para comercializar sus cosechas”, dijo una portavoz.

Las normas voluntarias utilizadas por EE.UU. permiten un margen de maniobra. Para la alfalfa, los estándares del sector permiten que en un campo de semillas haya 2% de simientes “fuera de tipo”, o sea de otra variedad de alfalfa, lo que por ejemplo significa que una bolsa de semillas de alfalfa no genéticamente modificadas podría contener una pequeña cantidad de semillas alteradas; potencialmente, eso podría dar como resultado las trazas de alfalfa con rasgos biotecnológicos dentro de heno no genéticamente modificado enviado a China.

Hasta hace poco, los exportadores estadounidenses de heno habían usado una “cinta” con pruebas básicas que se asemeja a una prueba de embarazo de venta libre y es capaz de detectar cuando el heno contiene más de 5% de material biotecnológico, de acuerdo con funcionarios de la industria de EE.UU. Los resultados positivos han sido infrecuentes. Pero cuando China comenzó a controlar las importaciones estadounidenses a mediados de este año, lo hizo mediante una prueba de ADN químico más sensible, capaz de detectar cuando el heno contiene tan sólo 0,1% de material biotecnológico.

Exportadores estadounidenses ahora hacen pruebas similares para cumplir con la política china y trabajan con Beijing para garantizar que los envíos futuros cumplan con sus requisitos. Sin embargo, algunos exportadores dijeron que están preocupados porque las pruebas de sus inventarios han arrojado muchas lecturas positivas del material, un signo de que la alfalfa de Monsanto está a menudo presente en cultivos considerados no biotecnológicos. Con semillas biotecnológicas aprobadas para su uso en EE.UU., los líderes de la industria dicen que será difícil cumplir con una verdadera lectura de “cero”.

Exportadores como Al Dahra ACX Global Inc., de California, y Anderson Hay & Grain Co., del estado de Washington, han perdido millones de dólares debido a las ventas decomisadas y los mayores costos de reencaminar a otros países los envíos rechazados, de acuerdo con ejecutivos de la industria.

Anderson Hay, uno de los mayores exportadores de heno de EE.UU., indica que sus ventas cayeron notablemente luego de que China rechazó algunos de sus envíos. “Ha tenido un gran impacto en nuestro negocio”, dice Mark Anderson, su presidente ejecutivo.

“Las consecuencias para los exportadores que envían una gran cantidad de productos a China son enormes”, afirma John Szczepanski, director del Consejo de Exportación de Forraje de EE.UU.

Heno es el segundo cultivo importante de EE.UU. afectado por la postura más estricta de China respecto de los cultivos biotecnológicos. Las exportaciones de maíz de EE.UU. a China han caído 87% en peso este año tras la decisión de Beijing de rechazar los envíos que contienen una modificación desarrollada por la suiza Syngenta AG. Los agricultores estadounidenses y los comerciantes de granos, incluyendo Archer Daniels Midland Co., han demandado a Syngenta, alegando que esta actuó irresponsablemente con la venta de las semillas en EE.UU. antes de que fueran aprobadas por China. Syngenta dijo que espera que China otorgue pronto su aprobación a ese maíz.

Las medidas de China plantean interrogantes difíciles para las empresas agrícolas sobre cómo lograr un equilibrio entre el uso cada vez mayor de semillas genéticamente modificadas en EE.UU. y las restricciones cada vez más estrictas en otros lugares del mundo.

-Chuin-Wei Yap contribuyó a este artículo.
Recuadro :
CERO TOLERANCIA

China ha mantenido por largo tiempo una política de tolerancia cero contra la alfalfa biotecnológica.

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