Calculan la pérdida de volumen en glaciares por el cambio climático

En el oeste de Canadá, la merma podría llegar al 70% hacia fin de siglo. En la zona austral chilena, dos glaciares, separados por 300 km, están disminuyendo su masa al menos un metro por año. Fuente: El Mercurio 07 abril 2015.


Pocos países han logrado proyectar qué podría ocurrir con sus glaciares debido al cambio climático. Uno de los pioneros es Canadá, que publicó ayer en Nature Geoscience una proyección del adelgazamiento de sus hielos en su región occidental (las Rocallosas y la costa del Pacífico) de aquí a fin de siglo.

La cifra impresiona. Los investigadores calculan que de un total de 26.700 kilómetros cuadrados de hielo, la pérdida de volumen podría ser de 70%. Es decir, una superficie casi equivalente a la de todos los glaciares chilenos (23.459 kilómetros cuadrados, según el catastro del año pasado), que a su vez corresponde a 80% de los glaciares de Latinoamérica.

Si bien la proyección es a largo plazo, la investigación reconoce que el mayor deshielo se producirá entre 2020 y 2040, lo que podría generar un notorio aumento de caudal en los ríos que alimentan.

Aunque en Chile todavía no se han hecho análisis con tanta precisión como el de Canadá, los glaciólogos mantienen seguimientos prolongados de algunos glaciares.

Uno de los casos más documentados es el del Echaurren, frente a Santiago, del cual la Dirección General de Aguas (DGA) mantiene un registro prolongado. “Basados en esa serie de datos disponibles y en dos escenarios de cambio climático futuro, uno más cálido y otro con un poco más de precipitaciones, llegamos a una fecha de extinción entre 2040 y 2046”, cuenta el glaciólogo Gino Casassa, quien a fines de la década pasada encabezó un estudio para la DGA en el marco de la estrategia nacional de glaciares. Los más grandes se van a demorar más en extinguirse, dice. “Aquí hay factores de escala que influyen. En un glaciar muy pequeño (como el Echaurren, que tiene 0,5 km cuadrados), cuando se comienza a fundir, aflora la roca. Esta se calienta porque absorbe calor y calienta al resto del glaciar”, explica Casassa, investigador de la Universidad de Magallanes (UMAG) y de la consultora Geoestudios.

En un glaciar muy grande hay otro efecto. No solo se va reduciendo en el frente, sino que va adelgazando. Y al ocurrir esto, disminuye la cota (altura) de la superficie.

Casassa recuerda que a mayor altura, menor es la temperatura, por lo tanto si la cota del glaciar disminuye, el aire es más cálido, la temperatura aumenta y, por ende, se acelerará el derretimiento.

Lo saben en la zona austral, donde los cambios más notables tienen relación con los glaciares Grey y Schiaparelli, en Torres del Paine y la cordillera Darwin, respectivamente, que están separados por 300 km.

“Hicimos campañas en junio, enero y febrero, y lo que estamos detectando es que en ambos hay una pérdida de masa de más de un metro por mes, y de hecho la última medición que hicimos en el Grey fue de 4 metros en 38 días”, explica Ricardo Jaña, glaciólogo del Inach.

La acelerada variación los motivó a presentar, junto con la UMAG y la Universidad Austral, un proyecto ya aprobado de cooperación internacional para estudiar los mismos sitios.

El Grey tiene un espesor de varios cientos de metros y un largo de 13 kilómetros. “Estimar su pérdida con precisión y proyectarla a nivel regional es una tarea que nos proponemos para los años venideros”.

Las señales no son las mismas en todas partes. Es así como en la Región de los Ríos los científicos llevan monitoreando el glaciar Mocho (del complejo volcánico Mocho Choshuenco) desde 2003, y el balance de masa (si hay más o menos hielo en el glaciar) varía mucho entre año y año, dice el glaciólogo de la U. Austral Marius Schaefer. “Hay años en que el glaciar gana masa, pero en otros la pierde, lo que dificulta vislumbrar una tendencia”, dice.

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