Es simple: descontaminar ahorra dinero, salva vidas y genera empleos

Columna de Opinión de Javiera Espinoza, Geógrafa de Fundación Terram. 11 de Septiembre, 2015.


Bastante hemos escuchado de la paralización de reformas y freno a la implementación del programa de gobierno; el aumento de las tasas desde el banco central, la caída de las bolsas, el caos económico, el receso, menos crecimiento del que estaba esperado, etc. Por otro lado, sabemos de la urgencia de limitar las emisiones globales que están acelerando el calentamiento global, se contrapone a los paradigmas de quienes creen que “crecer” implica dinamizar el mercado en base a la extracción de recursos naturales y/o aprobar estudios de impacto ambiental para proyectos contaminantes y extractivista. Es el caso de Chile y de la mayoría de los países en desarrollo que basan su economía en actividades primarias, exportando materias primas con bajo o nulo valor agregado, y que entran en colapso cada vez que nuestros principales compradores de cobre, celulosa, harina de pescado, salmones u otro recurso natural anuncie receso y por ende, nos deje de comprar.
Todo este argumento anticuado está en contradicción cuando existe un movimiento mundial pidiendo que se limiten las emisiones globales para no llegar a fines de siglo con un aumento de 2 grados Celsius (límite requerido por la ciencia). Esto es para que nuestro planeta no colapse y tengamos que lamentar más vidas producto del cambio climático, que ya deja sentir sus efectos con el aumento en el nivel del mar, sequías, falta de acceso a agua potable, inundaciones, pérdida de biodiversidad, derretimiento de glaciares, extinción de especies o las migraciones forzadas de población afectada por alguno de estos estragos.
Se espera que en diciembre de este año, se lograre un acuerdo climático mundial que remplace al protocolo de Kioto, y que esta vez sea suscrito por China y Estados Unidos (ambos contribuyen con el 44% de las emisiones mundiales). Junto con ello, Chile también debería firmar este acuerdo aun cuando nuestras emisiones sólo correspondan al 0,3% mundial. El problema de Chile está en que el promedio de emisiones por habitante son similares a países desarrollados como Francia, sin embargo ellos están disminuyendo sus emisiones, mientras la tendencia nacional es al aumento. Para disminuir y/o estabilizar las emisiones es urgente considerar medidas importantes, especialmente en el sector energía y transporte que es el principal sector contaminante en Chile con un 74,7% de las emisiones totales de gases efecto invernadero, producto de consumo de combustibles fósiles.
A buena hora y contradictoriamente a lo que muchos piensan, migrar de una matriz eléctrica carbonizada a una de energías renovables puede ser una excelente alternativa para generar puestos de trabajo, ahorrar dinero y salvar vidas. Un estudio realizado por New Climate Institute para la Mesa ciudadana sobre Cambio Climático -en el cual convergen una veintena de ONGs que trabajamos en el tema- entregó impactantes resultados que abordan y estiman que, si nuestra matriz eléctrica fuese 100% renovable (esto incluye hidroelectricidad en todas sus escalas) al año 2050, se ahorraría 5.300 millones de dólares al año en importación de combustibles fósiles (la mitad de lo que costará la reforma educacional); evitarían al menos 1.500 muertes por contaminación de aire en Santiago (sin considerar la mitad de Chile que está expuesta a contaminación del aire, especialmente en invierno) y se podrían crear 11.000 empleos permanentes en el sector de energías renovables (incluso más, si se proyecta un escenario sin megacentrales hidroeléctricas, los puestos de trabajo podrían aumentar a 15.000).
Este ejercicio de los “co-beneficios de acción climática” se realizó en base a las “contribuciones nacionales” (INDC) que Chile se comprometió a entregar a la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, antes de fines de este mes, el cual propone reducir nuestras emisiones de gases efecto invernadero por unidad de PIB entre un 40 y 45% para el año 2030. De igual manera, la misma metodología se empleó para las contribuciones nacionales de China, Estados Unidos, la Unión Europea y Japón.
Invitamos a los tomadores de decisiones a revisar y analizar este documento, especialmente al Ministerio de Hacienda que tiene la difícil tarea de reducir los presupuestos fiscales y generar una política de acelerar la economía. Esperamos que este documento pueda ser considerado, especialmente porque entrega una alternativa que no solo beneficia a nuestro país en el sentido de salvar vidas, generar empleos y ahorrar dinero, sino que también apunta a la independencia energética, a pensar en un nuevo modelo de desarrollo que no sea basado en la extracción de los recursos naturales (especialmente de aquellos que no son renovables) como también a que Chile pueda mostrarse como un líder en la región y a la altura de país OCDE del cual somos parte.

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