Cambio climático: Chile, país de riesgo máximo

Reúne siete de los nueve criterios de vulnerabilidad indicados en el informe de la ONU. Fuente: Las ültimas Noticias, 6 de diciembre, 2015.


Si existiera un campeonato internacional de catástrofes naturales, Chile sería por lo menos finalista mundial y quién sabe si hasta pentacampeón, como Brasil en el fútbol. La razón tiene que ver con nuestra geografía y la forma como la hemos intervenido, pero también con el artículo 4° de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), un documento de la ONU que entró en vigor en 1994 y que define las 9 condiciones que hacen vulnerables a los países a los efectos del cambio climático. Chile cumple con siete.

El tema cobra vigencia con la Cumbre del Clima en París, que este sábado aprobó un borrador de un acuerdo, el que debe ser afinado por los ministro de los países participantes.

Las condiciones de Chile se relacionan directamente con la ocurrencia de desastres como sequías, inundaciones y aumento en el nivel del mar y de otros fenómenos que son consecuencia del calentamiento global provocado por los gases de efecto invernadero como del dióxido de carbono (CO2). ¿Qué es el efecto invernadero? Algo así como quedarse encerrado en un auto con los vidrios arriba conservando todo el calor que produce el cuerpo sin la posibilidad de que éste salga por alguna parte.

Un estudio de la compañía global Schneider Electric y la ONG Diálogo Energético Minero y Latinoamericano, que analiza las variables energéticas en la región, dejó al descubierto esta particular estadística. “Somos parte de un grupo de naciones del orbe que más recibe y recibirá los efectos negativos de este cambio global del clima”, explica el director de esta ONG, Rodrigo Escobar.

No sólo se trata de catástrofes naturales. El biólogo y presidente del Museo Nacional de Historia Natural de Francia, Gilles Beouf, advierte que, por ejemplo, hay más de 300 enfermedades nuevas asociadas con el cambio climático.

Un puñado de meteorólogos, geólogos y doctores en oceanografía e hidrología comenta por qué estas siete condiciones que definió la ONU nos hacen tan vulnerables.

Países con zonas costeras bajas : Chile tiene 4.270 kilómetros de costa y, según dice Christine Hatch, doctora en Hidrogeología, Recursos Hídricos y Cambio Climático de la University of Massachusetts Amherst, hay que prestar atención a las zonas pobladas cerca de esa costa. “La subida del nivel del mar pone en peligro a poblaciones cercanas a la costa. No sólo por los tsunamis, sino por las olas de los temporales fuertes. Estos fenómenos se producen cada vez con mayor intensidad producto del cambio climático. Los temporales traen más volumen de agua, los fenómenos en el océano son más intensos y por lo mismo pueden penetrar más en el continente”, explica.

Países con zonas áridas y semiáridas, zonas con cobertura forestal y zonas expuestas al deterioro forestal:

Según el doctor en Oceanografía de la Université Bordeaux Gabriel Vargas, “si el clima se deseca, cuando ocurren lluvias torrenciales y esporádicas, es más posible que se generen aluviones, ya que hay mayor disponibilidad de material acumulado para movilizar en las hoyas hidrográficas y el suelo estará menos protegido por la vegetación. Es decir, no es que la desecación del clima en sí misma vaya a generar aluviones, sino que las lluvias torrenciales esporádicas, de ocurrir, tendrán mayor potencialidad de generar aluviones intensos”. Es como si la tierra se pusiera impermeable y el agua que cae en vez de filtrar hacia las napas, circulara. “Yo prefiero decir que es como una esponja de cocina que quedó seca después de ser usada ¿Te has fijado que por mucho que le echas agua no absorbe nada? Así se comporta la tierra cuando está erosionada y desforestada”, dice la doctora Christine Hatch.

Países con zonas propensas a los desastres naturales: El 25 de marzo último llovió en Atacama cuatro veces más de lo que precipita en un año normal. Según Gabriel Vargas “hubo lluvias torrenciales de una severidad extrema en las partes altas de las hoyas hidrográficas de las quebradas que drenan los ríos más importantes, generando aluviones e inundaciones devastadoras”. Como veíamos en la explicación anterior, el agua no filtró y sólo circuló provocando un gran desastre. “Yo veo como riesgo que Chile sea tan lineal en todo lo que son sus carreteras y comunicaciones”, reflexiona Christine Hatch. “Podrían pensar en rutas de emergencia y abastecimiento de combustibles y alimentos. En Chile no hay repetición de rutas, si se corta la carretera quedan divididos en dos”, comenta. “La resiliencia de un país para enfrentar desastres naturales tiene que ver con la existencia de redundancia en alimentos, transportes, energía y bienes. Ahora, en vez de tener un evento cada diez años, se tiene que planificar pensando en un evento cada año”.

Países con zonas expuestas a la sequía y a la desertificación: La desertificación es un fenómeno que se tiende a formar alrededor de zonas urbanas y se expande con altas temperaturas y ambiente seco. Una proyección de la Dirección de Meteorología de Chile (DMC), estima que entre el año 2030 y el 2059, la zona central de Chile registrará hasta un 60 por ciento menos de precipitaciones. “Habrá una disminución de lluvias considerable, crítica y catastróficas”, asegura el magíster en climatología y meteorología y encargado de este estudio, Alejandro Alcafuz. El estudio anticipa que la zona central será muy árida y que aumentará su temperatura hasta en tres grados promedio. “Eso podría ser peligroso para el ser humano”, acota Christine Hatch. “La predicción es súper catastrófica para ciudades como La Serena, donde lloverá por ejemplo 60 por ciento menos al 2050, aunque hay otros estudios que hablan de un 30. Sin embargo, en ambos casos la situación podría ser muy compleja”, aclara Gabriel Vargas.

Países con zonas de alta contaminación atmosférica urbana:

Las ciudades y centros urbanos se conocen también como islas de calor, porque ahí se acumulan temperaturas superiores a las de los sectores rurales. Desde el año 2007 que en el mundo hay más habitantes en las ciudades que en el campo, con las conocidas consecuencias en la congestión y polución de las grandes capitales. “El valle de Santiago está cada vez más urbanizado, pavimentado. La otra vez mi marido (que es chileno), me mostraba una foto de Plaza Italia del año 1922 y era alucinante ver el río Mapocho, la cordillera y unos cuantos edificios. Si llovía, entonces el agua filtraba y se cumplía el ciclo hidrológico. Ahora las napas ya no reciben agua excepto en lugares muy puntuales. ¿Qué sucede, entonces? El sol calienta y se produce más calor. Tiene que haber más planificación para captar y filtrar agua hacia las napas. De lo contrario se producirá la desertificación”, dice Hatch.

Países con zonas de ecosistemas frágiles, incluidos los ecosistemas montañosos:

Gabriel Vargas alerta sobre los ecosistemas. “El mayor efecto directo para la población será la disminución del agua como recurso en general, incluyendo el retroceso de los glaciares de montaña. Estos son muy sensibles a los cambios climáticos y en particular al incremento de la temperatura; es posible que su retroceso en los Andes de Chile central, en este escenario, sea más agudo en las próximas décadas”, dice. “Recargar una napa demora entre un par de décadas y cientos de años”. Por eso, en su opinión, es “importante definir cuanto antes la nacionalización del agua, puesto que se requiere una estrategia y plan de acción para el cuidado de las cuencas y la recarga de distintos reservorios como ríos, lagos y glaciares”. Los ecosistemas montañosos son los que necesitan hielo para mantenerse.

Los países cuyas economías dependen de productos asociados de energía intensiva, o de su consumo, como la gran minería.

En el caso chileno la minería del cobre es la gran consumidora de agua junto con la industria forestal. Gabriel Vargas dice que “el agua será la causa de los grandes conflictos en este siglo. Eso va a estresar las napas subterráneas que se recargan a velocidades mucho más lentas. También afectará a la agricultura”, señala. Christine Hatch propone trabajar en la desalinización del agua de mar que ya se realiza, pero con un gran costo de energía en países árabes y a bordo de barcos que usan energía nuclear. “Una posibilidad es hacer ese proceso en las mismas costas aprovechando la gran cantidad de energía que produce el viento en el litoral”, expresa.

“Otra posibilidad es no hacer nada o, como personas ingeniosas que somos, utilizar los recursos para aprovechar de manera más responsable las energías del sol, del viento y del agua”.

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