Nueva expedición para dilucidar la muerte de 337 ballenas

Determinar si hay casos más recientes que los avistados en junió y cuántas especies han sido realmente afectadas son algunas de las interrogantes a resolver. Fuente: El Mercurio, 6 de diciemrbe, 2015.


Aún queda mucho por investigar respecto del extraño episodio de mortandad masiva que involucró a 337 ballenas, presuntamente de la especie sei, durante el primer semestre de este año en el Golfo de Penas.

Así lo asegura Betsy Pincheira, doctora en Medicina Veterinaria y miembro del Comité de Varamientos y Mortalidades Masivas de La Asociación de Médicos Veterinarios de Fauna Silvestre de Chile (Amevefas).

“Ojalá que la investigación que venga ahora se pueda llevar a cabo en forma sistemática, centralizada, coordinada y con la ayuda de expertos”.

El jueves pasado Sernapesca confirmó que enviará una nueva expedición a la zona de la península de Taitao y Golfo de Penas, a verificar la mortandad y tomar muestras de las carcasas que todavía pueden quedar.

Desde junio, cuando la bióloga Vreni Häussermann y sus investigadores sobrevolaron el área del Golfo de Penas para luego iniciar una investigación que mantuvo en reserva hasta su filtración el mes pasado, nadie ha vuelto al lugar del evento.

Por eso, asegura, no es posible saber si el fenómeno se volvió a repetir o si hubo otras especies más pequeñas afectadas, algo que un monitoreo desde el aire no permite determinar.

Al no haberse notificado en su momento, no fue posible realizar un catastro o evaluación acuciosa, sostiene la especialista. “Es muy diferente abordar un evento que involucra un pool de 39 ballenas que uno de 337. La estrategia para enfrentar algo de esa magnitud es otra, algo en que otros países, como Estados Unidos, tienen mayor experiencia”.

La veterinaria no descarta la posibilidad de que sea un fenómeno recurrente, ya que al menos en la expedición de mayo, previo al sobrevuelo, encontraron carcasas con diferente data de muerte.

En esa oportunidad solo se hicieron cuatro necropsias, cuando no se sabía que el número de muertes era en realidad mucho mayor. Los investigadores obtuvieron muestras de barbas, contenido estomacal, grasa, músculos, huesos timpánicos y de diferentes órganos. Se conservan en el laboratorio de la Facultad de Ciencias Marinas y Limnológicas de la Universidad Austral.

Los científicos descartaron el varamiento por desorientación, ya que encontraron mucho contenido estomacal en las carcasas analizadas, lo que sería prueba de que estaban alimentándose cuando murieron y las corrientes las llevaron a la orilla.

La detección de trazas de la toxina paralizante también abre la posibilidad de que hubieran muerto por un brote de marea roja. No obstante, Betsy Pincheira cree que tampoco se puede descartar por completo la posibilidad de que hayan enfrentado una explosión submarina u otro fenómeno similar.

Además, dice, con fotografías aéreas no es posible identificar especies con seguridad. “Las ves de un mismo tamaño, pero puede ser un juvenil de otra especie de mayor tamaño; es una mera presunción”.

Estudios genéticos

Una de sus recomendaciones para el próximo sondeo es justamente llevar a cabo estudios genéticos a partir de muestras de piel para determinar la especie con absoluta seguridad. “Abordar un evento de esta magnitud no se traduce en resultados inmediatos, se va a requerir una planificación y estrategia para estudiar los restos en varias expediciones quizás. Hay una enorme fuente de conocimientos esperando allí, no solo en relación a las ballenas en sí, sino también respecto del medio ambiente circundante”.

Lo importante ahora, dice, es aunar esfuerzos para que la próxima investigación arroje la mayor cantidad de respuestas posibles o bien se descarten otras.

Idealmente se podría hacer un sobrevuelo para tener una idea de si hay más carcasas, en qué rango de distribución, comparar con los registros anteriores y ver cuál ha sido la dinámica desde el primer hallazgo en abril, la expedición en mayo y el nuevo avistamiento masivo de junio. Analizar si hubo variaciones, si desaparecieron carcasas fruto de la acción del mar, corrientes, mareas o si aún permanecen en los mismos lugares.

Y lo más importante, insiste, es verificar si hay casos más recientes. En base a esto se puede planificar la expedición, dónde ir, dónde concentrar esfuerzos. Y, previamente, en tierra se pueden formar equipos (cuadrillas de trabajo por carcasa), preparar gente en técnicas de necropsias estandarizadas y tomas de muestras, con el propósito de maximizar el esfuerzo de despliegue.

El Comité de Varamientos y Mortalidades Masivas de Amevefas está dispuesto a colaborar en las instancias que se requieran; sobre todo en el trabajo multidisciplinario que un evento de esta magnitud necesita.

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