Tompkins: La Controversia

Andrés Azocar, autor de libro sobre Tompkins relata en entrevista con El Mostrador, los fuertes conflictos del norteamericano con la administración Frei y empresarios varios. Fuente: ElMostrador.cl, 11 de diciembre, 2015.


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Tompkins: El millonario Verde. Así tituló el periodista Andrés Azócar la biografía publicada en 2007 sobre el fundador de North Face, Esprit, y millonario ecologista, fallecido en un accidente en esta semana. Visionario, caprichoso y testarudo, el controvertido Douglas Tompkins “era como Steve Jobs, que solo iba para adelante”, asegura el periodista.

Azócar, en entrevista con El Mostrador, relata el duro enfrentamiento que el empresario sostuvo con el Gobierno de Eduardo Frei y la reticencia que generó en el mundo empresarial y en la elite nacional, que veía con resquemor las intenciones del millonario ecologista. Entre sus mayores detractores se cuenta el ex ministro Belisario Velasco, que esta semana lo calificó como una persona “dañina” que ejerció presiones ilícitas sobre colonos en Aysén.

-¿Por qué llegó a Chile Douglas Tompkins?

-Conocía Chile y esa zona, había venido con su grupo de amigos cuando joven, incluso con uno que estaba también en el accidente, Yvon Chouinard, a través de quien conoció a su actual mujer. Era muy aventurero, buscaba cerros para escalar, ríos para tirarse en kayak y era un piloto excepcional. Yo pensé que se iba a morir en la avioneta. En California para una fiesta aterrizó en una carretera y se estacionó con los autos. También llegó al país porque tenía los precios más convenientes.

-¿De dónde nace la idea de escribir un libro sobre él?

-En mis primeros años de periodista profesional cubría negocio y medio ambiente en Qué Pasa. Esos años, a finales del Gobierno de Patricio Aylwin, fue donde las empresas estaban en una posición privilegiada porque eran el eje de desarrollo y empezaron a aflorar grandes proyectos que tuvieron detractores en grupos ambientalistas. Estos se transformaron en la gran pelea de los movimientos, que son propios de países desarrollados y que acá eran muy incipientes. Pero empiezan a hacer ruido. A finales del Gobierno de Aylwin, Tompkins comienza a ser un personaje cuestionado por la cantidad de hectáreas que se había comprado. Se transforma entonces en un problema durante el Gobierno de Eduardo Frei, porque empieza a financiar a algunos de estos grupos ambientalistas. Se convierte en el gran enemigo del Gobierno y el protagonista más fuerte de este movimiento ambiental.

-¿Cuál es el objetivo del libro?

-Quiso reflejar que el Chile postdictadura era muy duro para ideas distintas. Era un país en desarrollo, pero muy primitivo en su manera de ver el futuro, la filantropía y a los extranjeros. Era un país absolutamente rústico, desconfiado y bastante triste. El peor año de Tompkins fue el 95. Me parece que esa fue una época bien oscura del país, en el sentido que se mostró lo peor de lo nuestro. Un país chauvinista, nacionalista e ignorante. El gobierno estaba empecinado en sacar a Tompkins a cualquier costo del país. Entonces, quería contar la historia de ese período y la mejor forma de hacerlo era a través de Tompkins.

-¿Cómo lo describirías?

-Un millonario caprichoso, que tiene un fin y lo quiere obtener a cualquier costo. Testarudo pero al mismo tiempo un visionario. Mezcla esos dos mundos. Es un tipo que tiene el dinero y cree que este, con su empuje e ímpetu, son suficientes para desarrollar un proyecto. Él inventó la carpa iglú, pero primero hizo North Face y después Esprit. Acá arma un proyecto (Pumalín) que era absolutamente beneficioso para el país en su concepción. Le puso empuje y dinero. Pero se topa con una clase empresarial y política que le tiene anticuerpos. Tompkins le suma un conflicto al Gobierno y uno importante. Eduardo Frei sentía mucha empatía por Endesa, y Ralco era muy importante. Pero comienza a haber gente que le genera conflicto y ruido. El Gobierno decía ‘este país está creciendo económicamente, desarrollándose, saliendo de la pobreza, para qué viene gente a crearme un problema político’. Ralco fue un problema político en este país y a nivel internacional muy conflictivo.

-Ahí comienza el enfrentamiento entre el Gobierno y Tompkins.

-Absolutamente. En el libro se cuenta que Tompkins estuvo involucrado financiando a quienes le generaban el ruido al Gobierno. Él no era de opiniones tenues sino que drásticas, y eso en un país poco globalizado, que sospechaba de los extranjeros. Entonces se mezclan un montón de cosas y era muy fácil para un Gobierno como el de Frei tomarlo como enemigo. Dejar que todas las sospechas, mitos y falsedades afloraran. Lo segundo es su personalidad. Era un tipo que creía que las comunicaciones y las redes no eran relevantes. Además, que el contacto con su entorno físico, que era Chaitén básicamente y los colonos, no eran relevantes. Esa era su personalidad. En cierta medida era como Steve Jobs, que solo iba para adelante. Tompkins si tenía que rehacer algo veinte veces, lo hacía.

-El rostro visible del conflicto con el Gobierno fue Belisario Velasco…

-Belisario Velasco se transformó en el operador del Gobierno de Frei para sacar a Tompkins del país. Fueron adversarios fieros. La embajada de EE.UU. se tuvo que involucrar por el nivel de hostigamiento. Entre las cosas que hizo Velasco, nombró gobernador a José Miguel Fritis, el principal enemigo de Tompkins en la zona desde que fue alcalde de Chaitén. El Gobierno lo pone como gobernador de la provincia de Palena para que tuviera todo el poder. Los servicios públicos hostigaban a Tompkins. Iban a revisar todo a cada rato, pasaban multas, etc. Frei no había ido nunca en su campaña para allá, bueno, en esos años fue y se juntó con todos los detractores de Tompkins. En ese tiempo Tompkins quería tener el parque Hunai, que era un extensión natural de Pumalín por la biodiversidad. Bueno, el Gobierno llamó a la Universidad Católica y le dijo ‘ustedes no le pueden vender territorio a Tompkins’. Ese fue un llamado directo de Frei.

-¿Por qué hasta hoy Belisario Velasco tiene este nivel de conflicto con Tompkins?

-Hay una explicación que ahí la conté. Aunque estuvo en pocas reuniones con él, se empezó a hastiar de Tompkins, quien tampoco era simpático y era muy testarudo en lo que hacía. Más allá de eso, durante el Gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, Belisario Velasco fue enviado a colonizar toda esa zona, a hacer como que Chile existía. Él mismo lo cuenta. Por ejemplo, había banderines de River Plate y Boca, él se los llevaba y ponía banderines de la U y Colo Colo. Escribía garabatos típicos chilenos en la zona para hacer presencia. Él ha ido ahora a Palena y hay rayados suyos aún. Para Velasco es un tema nostálgico y además lo hizo en su juventud, entonces fue simbólico. Eso lo marcó mucho en la relación que tuvo con Tompkins.

-¿Tompkins tenía aliados en el Gobierno de Frei?

-Ricardo Lagos y Juan Villarzú fueron los únicos en ese Gobierno que lo defendieron. Todo el resto del gabinete estaba en contra. Un segundo aliado muy importante que tuvo Tompkins, que lo llevó a armar el parque, fue Carlos Cuevas. Él era PPD y tenía todas las redes. Entremedio del Gobierno de Frei, Cuevas consigue que Enrique Correa ayude a Tompkins. En ese tiempo Correa estaba en el BID y durante cinco meses hace de puente con el Gobierno.

-¿Cambia el nivel de conflicto de Tompkins después del Gobierno de Frei?

-Pasada esa época siguen existiendo resquemores. Durante el Gobierno de Bachelet de nuevo hay problemas y se van contra Tompkins, porque no permitía el ensanchamiento de Caleta González a Chaitén. Este es el comienzo de la carretera austral y Tompkins quería que se ajustarán bien las medidas, que los caminos no se hicieran al interior del parque sino que por la costa, aunque hubiera trasbordo, ya que era más barato y eficiente. Volvió a tener peleas. HidroAysén también fue una. Otra, la compra de la hacienda Chacabuco el 2004, que fue con los empresarios y que demostró que entonces todavía había ciertos sectores que eran muy duros con él.

-¿Cómo fue ese episodio?

-Tompkins junto a su mujer, Kris McDivitt, empezó a comprar la hacienda del Valle de Chacabuco –de miles de hectáreas– a Francisco De Smet, que era belga. De esto se enteraron un montón de empresarios, entre ellos Bernardo Matte, Juan Bilbao y Ricardo Ariztía, si no me equivoco. Ellos le dicen a De Smet que no le vendieran a Tompkins, que ellos le compraban. No tenían ni un interés por esa hacienda, era solo para detener la compra de Tompkins. Empieza una negociada de ir y venir donde le aseguraron la venta pero nada más, sin tiempos ni formas de pago. Entonces aparece la mujer de Tompkins, que era una gran negociadora, muy eficiente y dura. Ella y su marido habían invitado a comer a su casa al belga anteriormente. En un momento De Smet se desespera y la llama a ella. Le dice esto y ella accede.

-¿Cuál es la clave para entender al personaje de Tompkins en el Chile postdictadura y su pugna con el sector político-empresarial criollo?

-La muerte de Tompkins es lo más simbólico de todo esto. Murió mucho más legitimado y respetado que como están hoy muchos de sus detractores. Chile lo respeta mucho más a él que a sus opositores. Al morirse se acaba el hombre conflictivo, duro y resistido, pero te das cuenta que están los parques, Pumalín, Isla Riesco, entre otros. O sea, empiezas a mirar y sus proyectos van a hablar por él. Toda la gente habla de sus parques, ya no son sus propiedades, sino sus parques, y todos pertenecerán al Estado.

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