Chile tiene solo capacidad de reaccionar ante la marea roja y no de prevenir

No hay disponibles secuencias de datos temporales de las zonas afectadas. Fuente: El Mercurio, 5 de mayo de 2016.


Nadie sabe cómo se va a comportar el actual brote de marea roja. Así lo reconoce la microbióloga y académica de la Universidad Católica, Mónica Vásquez. Se trata del afloramiento de la microalga Alexandrium catenella -que produce la toxina paralizante- más complejo que le ha tocado enfrentar a la comunidad científica y hasta ahora desconocen cuál, entre todos los posibles factores que fomentan estos brotes, fue la causa precisa que lo produjo y su duración.

La especialista asegura que no hay disponibles secuencias de datos temporales de las zonas afectadas. Si los hubiera, permitirían hacer un recuento y perfil de toxicidad, una de las variables más importantes asociadas al fenómeno, junto a otras como la velocidad del viento, concentración de nutrientes y temperatura del agua. Esa información permitiría hacer un estudio para anticipar situaciones. “Solo tenemos la capacidad de ser reactivos, no existe una capacidad proactiva”, admite Vásquez. Una realidad que confirma la reciente decisión de crear un comité de científicos para investigar el tema en la Región de Los Lagos.

El problema de siempre es la falta de recursos. En 2002 se creó un programa de marea roja del Fondef, pero como no hubo más brotes se descontinuó tras tres convocatorias que permitieron financiar 18 proyectos, critica la microbióloga. Ella misma tenía uno sobre detección temprana. Dice que los resultados fueron prometedores, pero solo llegó hasta la fase de laboratorio.

En ocasiones, el presupuesto entregado no alcanzaba para adquirir ni siquiera los equipos necesarios para hacer la investigación, dice el biólogo marino Gonzalo Álvarez, de la Universidad Católica del Norte. Al respecto, Khaled Awad, director del programa Fondecyt de Conicyt, precisa que en 2012 se definió una nueva política de financiamiento de los Fondef para optimizar el uso de los recursos y lograr mayores impactos en esta y otras líneas de trabajo.

Otra crítica es que, pese a que las floraciones tóxicas se conocen en Chile desde 1972, todavía no se ha creado un instituto de referencia en alguna de las regiones afectadas. Con un programa de trabajo continuo y fondos independientes, aseguraría, por lo menos, información que permitiera anticipar brotes.

No es que no se hagan esfuerzos, pero son insuficientes, dice Álvarez. De hecho, reconoce que si no fuera por la labor de monitoreo desarrollada por el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), habría muchas muertes humanas.

En el caso del brote actual, tampoco hay seguridad de si se trata de la misma A. catenella que ha afectado en oportunidades anteriores a la zona austral o de una variante genética adaptada a una temperatura más alta. Es lo que analiza Daniel Varela, científico del Centro i-Mar, de la Universidad de Los Lagos. “Por lo menos, morfológicamente, lo que estamos viendo es lo mismo que hemos observado antes”, dice.

En cuanto a las acusaciones que han hecho los pescadores a las salmoneras, Álvarez las descarta. Según los trabajadores, el que en marzo se haya arrojado al mar los desechos de la gran mortandad de salmones habría generado un exceso de nutrientes en el agua, favoreciendo la floración del alga.

Según explica el especialista, se cumplieron protocolos y estudios de modelamiento, los que indicaron que el material fue vertido mar adentro, por lo que no debería haber problemas, por un efecto de dilución.

En marea roja, el manejo de las aguas es clave, dice Mónica Vásquez. “Una medida para evitar que siga expandiéndose es controlar el agua de lastre de los barcos, que es una potencial fuente de contaminación”.

En el sedimento

Gonzalo Álvarez está en Chiloé verificando el impacto de la marea roja en las machas. También quiere saber si las cholgas muertas varadas en las playas fueron víctimas de la toxina paralizante o de otro fenómeno. Hasta ahora no se había visto en Chile floraciones que afectaran directamente a los moluscos, pero sí en otros países, ya que la toxina disminuye la capacidad de filtración. Eso implica que el bivalvo deja de comer y no es capaz de hacer circular el agua de la que obtiene el oxígeno para vivir.

Uno de los temas que más preocupa a los científicos es la posibilidad de que esta microalga se asiente en la zona que está colonizando. Debido a su ciclo de vida, hay un momento en que este gran número de células que están flotando se enquistan en el sedimento. Una vez allí, no hay cómo sacarlas, porque se mezclan con el fondo y se quedan hasta que las condiciones de nutrientes, de temperatura y salinidad mejoran. Y eso no se sabe cuándo pasará de nuevo, admite Vásquez.

”Al no tener institutos que hagan investigación continua sobre marea roja, hay preguntas que no somos capaces de responder”.
VERÓNICA VÁSQUEZ Microbióloga, Universidad Católica

“En Galicia (España), como viven todo el año con toxinas marinas, tienen el centro Intecmar. Son tan avanzados que el mar está dividido en polígonos que abren y cierran si hay toxinas, cuenta el biólogo marino Gonzalo Álvarez.

 Richard García

1 Comment

  1. José Luis Pizarro T, dice:

    Cito: “En 2002 se creó un programa de marea roja del Fondef, pero como no hubo más brotes se descontinuó tras tres convocatorias que permitieron financiar 18 proyectos, critica la microbióloga. Ella misma tenía uno sobre detección temprana. Dice que los resultados fueron prometedores, pero solo llegó hasta la fase de laboratorio”.
    Este es el problema de TODA la investigación en Chile se hace “por proyectos”.
    Es una investigacion a esterores, a pedazos, siempre de corto plazo.
    Conozco una cantidad de proyectos que han sido descontinuados porque no se consiguieron los fondos para la suite.