Represas: La más grande pérdida de agua

Las compuertas de la Presa del Cañón de Glen se abrirían para permitir el paso del agua que está detrás. Fuente: La Segunda; New York Times


Clavado entre Arizona y Utah, a menos de 32 kilómetros río arriba del Gran Cañón, un elevado muro de concreto bloquea el curso del Río Colorado. Ahí, en la Presa del Cañón de Glen, el río vuelve a circular sobre sí mismo, ahogando más de 322 kilómetros de desfiladeros color rojo sangre y reemplazando los vigorosos rápidos de Colorado con un inmenso lago de agua inmóvil y tranquila llamado el Lago Powell, la segunda reserva más grande de EE.UU.

Cuando se construyó la Presa del Cañón de Glen, colosales proyectos de presas prometían elevar al oeste del país por encima de su mayor desventaja: una eterna escasez de agua. Estas maravillas de la ingeniería controlarían ríos salvajes, producirían energía barata y limpia y almacenarían agua para desarrollar una economía próspera en el desierto.

Pero hoy hay indicios de que la promesa de esta gran presa y otras ha llegado a su fin.

El cambio climático está volviendo más caluroso y seco al oeste de EU, y muchas de las presas han demostrado ser mucho menos eficientes y eficaces de lo que sus defensores habían esperado. Han alterado ecosistemas y trastornado pesquerías, además de imponer una deuda a los contribuyentes. Y muchos de los embalses creados por estas presas pierden cientos de miles de millones de litros del vital líquido cada año debido a la evaporación y, en ocasiones, a filtraciones subterráneas, quizás empeorando la crisis de agua del oeste de EE.UU.

“El sistema del Río Colorado cambia con rapidez”, dijo Daniel Beard, un ex comisionado de la Oficina Federal de Recuperación, que supervisa las presas. “Tenemos la responsabilidad de revaluar los preceptos fundamentales de cómo hemos gestionado el río”. Dicha revaluación, dijeron Beard y otros, indica que llegó la hora de desmantelar una de las presas más descomunales de todas, la del Cañón de Glen.

La Presa del Cañón de Glen fue terminada en 1963. Se necesitaron 17 años para llenar el embalse; 19 años después, comenzó una reducción continua. Debido al constante uso excesivo del sistema del Río Colorado —que suministra agua a uno de cada ocho estadounidenses y mantiene a una séptima parte de los cultivos de la Nación— el Lago Powell se ha consumido a menos de la mitad de su capacidad, lo que lo deja incapaz de generar la cantidad de energía que los constructores de la presa planearon originalmente.

Más de 606 mil millones de litros de agua se evaporan de la superficie del Lago Powell todos los años. Se cree que otros 454 mil millones de litros se filtran cada año por el fondo debido a fisuras en la tierra. Estos débitos equivalen a “la pérdida más grande de agua en el Río Colorado”, dijo Beard, suficiente para suministrar a casi 9 millones de personas cada año. Aún así, los administradores del agua disputan la noción de que sea hora de un cambio.

También hay una marea política con la que hay que lidiar: el delicado acuerdo de paz negociado entre siete estados del oeste de EE.UU. en 1922, y más tarde con México, que divide al agua del Río Colorado entre ellos y el temor de que nunca puedan volver a llegar a un acuerdo similar.

Pero desmantelar la presa podría ofrecer una solución difícil de ignorar: una nueva fuente, barata, inmediata y cuantiosa, de agua sumamente necesaria.

La idea es esta: en vista de que dos de los embalses más grandes del país —el Lago Mead y el Lago Powell, a tan sólo 483 kilómetros de distancia entre sí— dependen de la misma fuente menguante de agua, pero cada una está a menos de la mitad de su capacidad, deberían combinarse en una sola.

Las compuertas de la Presa del Cañón de Glen se abrirían para permitir el paso del agua que está detrás, lo que restablecería los caudales naturales hacia el Gran Cañón y drenaría al Lago Powell. Se recuperarían extensos trechos de terreno actualmente sumergidos. Docenas de sitios arqueológicos quedarían al descubierto. Esta ha sido durante mucho tiempo la campaña de ambienta-listas fervientes. Pero la Oficina de Recuperación y los ambientalistas no se ponen de acuerdo en la cantidad de agua que se ahorraría al combinar los embalses.

Jim Lochhead, director ejecutivo de la compañía de agua de Denver, dijo que sacar a la presa de servicio probablemente exigiría una medida del Congreso, un nuevo acuerdo entre siete legislaturas estatales, un tratado actualizado con México y un extenso análisis sobre impacto ambiental.

“Medio millón de acre-pies parece mucha agua”, dijo, en referencia al agua ahorrada al combinar los embalses, “pero no creo, honestamente, que sea suficientemente significativa para justificar pasar por todo eso”.

Una presa de EE.UU. contradice su propósito, dicen.

Abrahm Lustgarten

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