El extremo superior del Norte Grande tiene más vegetación que desierto

En el contexto del cambio climático, la presencia de estas especies puede ser de gran relevancia. Fuente: El Mercurio, 7 de julio de 2016.


Hablar del Norte Grande casi siempre ha sido sinónimo de desierto, pero hay excepciones. Al menos así lo revela el último catastro de vegetación de la Región de Arica y Parinacota.

Al analizar los resultados, llama la atención que el 58,66% de su superficie tiene algún tipo de vegetación, lo que contrasta con otras regiones cercanas.

La clave estuvo en que se observó más de cerca la vegetación de lo que se había hecho en el pasado, reconoce el ingeniero forestal Aarón Cavieres, director ejecutivo de la Corporación Nacional Forestal, Conaf. Los expertos trabajaron con imágenes satelitales de mayor precisión, modelos computacionales y proyecciones de los datos. Además, en el 60% de la superficie vegetal detectada remotamente, la información se ratificó de manera presencial, por lo que el trabajo demandó cerca de un año. “Este nuevo registro cambia la percepción que tienen los chilenos, y la misma región, de este territorio, y nos abre un mundo en materia de gestión de los recursos vegetacionales”, explica.

La investigación determinó especies dominantes, sus acompañantes, distribución, altura, cobertura del suelo y si se trata de hierbas, arbustos, árboles o cactáceas.

Según los datos recopilados, aunque el desierto absoluto cubre más de un tercio de la región (39%), hay al menos tres tipos de recursos vegetacionales. La mayor extensión corresponde a praderas y matorrales, que cubren 55% de la superficie; le siguen el bosque nativo, con 2,78%, y los humedales, que incluyen bofedales y vegas, los que abarcan 1,40% del área estudiada.

La mayor sorpresa del análisis es que en el catastro anterior, realizado en 1997, la zona registró cero presencia de bosque nativo, pero en realidad cuenta con 47 mil hectáreas que se pueden clasificar bajo esta categoría, el equivalente a casi 800 veces la superficie del Parque O’Higgins de Santiago.

“Es una tremenda superficie, es más que toda la superficie de pino oregón de las plantaciones del sur y casi la misma que la que ocupa el ciprés de la cordillera”, asegura.

En su mayoría están conformadas por bosques de queñoa, una especie arbustiva de baja altura que en promedio no pasa de los cinco metros. La mayor parte de los ejemplares encontrados no llegan a ese tamaño, porque han sido cortados en el pasado. Hoy están en proceso de recuperación, pero son de lento crecimiento.

En la región hay presencia de dos especies de queñoa, la Polilepys tarapacana , que es la más abundante, y la Polilepys rubulosa , que solo se ha visto en Arica y Parinacota, en la precordillera, en una superficie de no más de 3 mil hectáreas.

Durante el monitoreo se encontraron 134 especies vegetacionales que no habían sido detectadas en 1997, incluyendo un árbol nativo -la Escalonia agustifolia – del tamaño de un maqui, que no había sido descrito antes en la zona.

También se registró una gran abundancia de matorrales resinosos. “Las especies altoandinas de esa zona presentan un alto contenido de resina y son usadas medicinalmente con bastante frecuencia. Por ejemplo, la flor de la llareta se emplea para combatir la diabetes, y la corteza de la queñoa, que se utiliza para infecciones de las vías respiratorias, entre otras afecciones.

Esto podría abrir la puerta a un manejo sustentable de esas especies para la obtención de productos químicos, dice el ingeniero forestal.

A futuro, y en el contexto del cambio climático, la presencia de estas especies puede ser de gran relevancia. “Si llegan a tener un valor económico, pueden ser un potencial cultivo en zonas situadas más al sur del país y que se están volviendo más secas, como Atacama y Coquimbo. Es un reservorio importante para esas tareas productivas y de conservación”.

Refugio animal

Asociados a los bosques de queñoa viven guanacos, vicuñas, tarucas (huemul del norte), suris (ñandú del norte), gato andino y zorro.

Las aves -especialmente flamencos, patos y algunas gaviotas- se concentran en los bofedales y a orillas de las lagunas.

Richard García

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