Región del Biobío: Posibilidades y limitaciones para el cultivo de salmónidos

Son varias las solicitudes de concesiones y proyectos acuícolas que están en trámite en las costas de Biobío. Fuente: Aqua.cl, 9 de agosto, 2016


Si bien los intentos por desarrollar la acuicultura en la Región del Biobío han sido hasta hoy más bien experimentales y ligados a actividades de pequeña escala, como el cultivo de algas y moluscos bivalvos, los últimos dos años se han conocido una serie de solicitudes y proyectos tendientes a engordar salmónidos en el mar a escala industrial; algo inédito en esta zona geográfica de Chile, donde solo habían actividades de pisciculturas en tierra y fabricación de alimento para peces.

Según diversas informaciones, habría más de 65 permisos de concesiones solicitados –por unas cuatro empresas–la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) en las costas del Biobío, muchos de los cuales están en trámite y algunos en revisión para ver si ingresan al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). Algunos ya han pasado a este último organismo dependiente del Ministerio del Medio Ambiente.

Es el caso de Inversiones Pelícano, compañía que ha llamado bastante la atención, ya que pretende instaurar un sistema de policultivo, donde, además de salmónidos, cultivaría cojinoba del norte, mitílidos y algas. Además, se trataría de acuicultura offshore, es decir, en mar abierto. Hasta el cierre de esta edición, la firma –cuyo representante es Mark Stengel– tenía once proyectos en revisión en el SEIA, esperando su pronta aprobación. Cada una de las iniciativas contemplaba una inversión de alrededor de $2.600 millones.

Uno de los proyectos presentados al SEIA corresponde al ‘Centro de Cultivo Oeste de Mela’. Aquí se pretende cultivar 1.900 toneladas de cojinova del norte, 3.000 toneladas de salmónidos, 618 toneladas de mitílidos y 20 toneladas de macroalgas (huiro), en una superficie de 10 hectáreas. Se contempla también la instalación de balsas jaulas circulares, sistemas long line dobles y simples y plataformas de habitabilidad y mortalidad, entre otros elementos.

Según lo detallado, la firma pretende establecer dos sistemas de cultivo: A y B. En el A se cultivaría cojinova con mitílidos y algas y, en el B, salmónidos junto con mitílidos y algas (ver Tabla 1). La idea es comenzar con el primer sistema, luego del cual habría un descanso de tres meses, para ingresar el segundo modelo. ‘En el caso de las macroalgas, éstas tendrán un descanso operacional cada dos ciclos productivos de peces, es decir, al final de los ciclos productivos del sistema de cultivo B’, detalla el documento.

DIVERSAS REACCIONES

La idea de cultivar peces en el Biobío ha generado reacciones no muy positivas. Un ejemplo de ello es la creación del movimiento ciudadano ‘Todos somos Cobquecura’, que nació como respuesta, principalmente, al proyecto de Inversiones Pelícano, cuyas solicitudes de concesiones se ubican en las cercanías de esta localidad. Los miembros de este colectivo temen que la actividad provoque daños al fondo del mar, contaminación, la muerte de lobos marinos y que afecte también el turismo.

Los pescadores artesanales también han alzado la voz. Un ejemplo es César Jorquera, presidente de la Asociación Gremial de Pescadores Artesanales de San Vicente y director de la Conapach, quien sostiene que su sector apoya el desarrollo de la acuicultura de recursos autóctonos de la zona, pero no de especies introducidas, como el salmón o abalón. ‘Además, la salmonicultura en nuestro país ha dado muestras suficientes de que no es sustentable ecológicamente. No queremos ese tipo de actividades aquí’, menciona el dirigente.

La crisis de la marea roja que ha afectado los últimos meses a la Región de Los Lagos, donde se tendió a vincular el vertimiento de salmónidos muertos (por el bloom de algas) en el mar con la aparición de las floraciones, ayudó a que el rechazo por este tipo de actividades aumente. Ello a pesar de que dicho vínculo no se ha podido confirmar.

Y el hecho de que gran parte de las concesiones solicitadas estén en sitios expuestos y que las de Inversiones Pelícano estén en mar abierto tampoco convence a los penquistas. Así lo grafica el dirigente artesanal: ‘no es que nos opongamos a todo. Pero hoy en la pesca nos aplican el enfoque precautorio para todo tipo de cosas. Queremos que se aplique la misma visión a cualquier propuesta de las salmonicultoras. Puede que pretendan poner jaulas en altamar, ¿pero qué pasará cuando haya temporal? Puede haber escape de salmones que podrían convertirse en depredadores de la sardina y anchoveta. Además, nuestra región está llena de lobos marinos, lo que puede provocar una mayor fuga de peces’, dice.

Pero también hay quienes han avalado estas iniciativas, como el Sindicato de Recolectores Millongue de Lebu, que –según lo aparecido en medios de prensa– estarían a favor de la llegada de empresas que pudieran dinamizar la economía local, donde hay escasas fuentes de trabajo.

Cabe destacar que varias de las concesiones solicitadas por los inversionistas salmonicultores están ubicadas al norte de la Región del Biobío que, según se ha informado, prontamente podría convertirse en la nueva Región del Ñuble.

VIABILIDAD DEL CULTIVO

En cuanto a la factibilidad técnica de instalar estas actividades de cultivo en la zona en cuestión, el Dr. Eduardo Tarifeño, de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas de la Universidad de Concepción (UdeC), comenta que la Región del Biobío presenta buenas condiciones para la acuicultura de pequeña escala, pero no para la producción de peces.

El investigador explica que en las áreas donde es posible el desarrollo acuícola hay gran productividad primaria sustentada por varios focos de surgencias que aportan nutrientes para el crecimiento de fitoplancton, principal alimento de los moluscos filtradores. No obstante, estas mismas surgencias hacen que afloren masas de agua con bajos contenidos de oxígeno que suelen afectar las costas de la región, produciendo masivas mortandades de recursos pelágicos. ‘Esta situación es de alto riesgo para los potenciales cultivos de peces que, por razones de productividad, se realizan en condiciones de alta densidad de cultivo y, por lo tanto, con una alta demanda de oxígeno’, precisa.

Como se puede apreciar, la llegada de las salmonicultoras y productoras de peces a la zona central no será fácil, pero tampoco imposible. Las solicitudes siguen en trámite y si la Subpesca decide aprobarlas, podrán comenzar a operar, ya que ‘una vez otorgadas, tienen el derecho adquirido’, según lo expuesto por el jefe de la División de Acuicultura del organismo estatal, Eugenio Zamorano.

RECURSOS CON POTENCIAL

Pero si bien hay dudas sobre los efectos y posibilidades de desarrollo del cultivo de salmónidos en el Biobío, hay bastante confianza en las oportunidades que puede representar el cultivo de moluscos, así como también la producción de algas.

Según estudios de factibilidad biológica, técnica y económica, desarrollados por los investigadores de la UdeC, ‘los recursos que muestran mejores resultados a nivel experimental son el choro araucano (Mytilus galloprovincialis) y el chorito bicolor (Semimytilus algosus), considerando su rápido crecimiento, tecnología de cultivo probada, alto rendimiento en carne (>40%) y disponibilidad de semillas desde bancos naturales o producidas en hatchery’, expresa Tarifeño.

También se ha intentado cultivar bilvalvos enterradores, como almejas, machas y huepo. Pero se dice que su producción aún no es posible debido a la carencia de tecnologías en la fase de crecimiento y engorda, sobre todo para la producción masiva. En cuanto al erizo, existe tecnología, pero el problema es que estos recursos, al ser consumidores secundarios, requieren alimento natural (algas o choritos) o artificial (pellets), lo que complica la producción. Además, las tasas de crecimiento no son tan alentadoras, pues la talla de cosecha se alcanzaría, mínimo, en dos años.

En cuanto al cultivo de algas, en las décadas de 1980 y 1990 hubo un exitoso cultivo de pelillo (Gracilaria chilensis) en las caletas del Biobío de Tubul y Lenga. No obstante, el negocio decayó cuando la demanda internacional del recurso disminuyó con la aparición del agar sintético. Hoy, se cree sería una buena idea tratar de reflotar este cultivo, puesto que los mercados internacionales estarían, nuevamente, demandando agar natural, ya que sería de mejor calidad que el artificial. Pero aquí aparece otra limitante y es que el terremoto y tsunami de 2010 produjo un embancamiento y afloramiento de las praderas de pelillo, sobre todo en Tubul, lo que impide que en este momento se pueda retomar la actividad.

En el Biobío se está intentando también, aún en fase experimental, la producción de otras algas, como distintas variedades de lugas y chascas, actividades que podrían verse fortalecidas por la ley que bonifica el repoblamiento y cultivo de estos recursos y que estaría pronta a ser promulgada.

-Según diversas informaciones, habría más de 65 permisos de concesiones solicitados –por unas cuatro empresas– a la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura en las costas del Biobío.

-Uno de los proyectos presentados al SEIA corresponde al ‘Centro de Cultivo Oeste de Mela’. Aquí se pretende cultivar 1.900 toneladas de cojinova del norte, 3.000 toneladas de salmónidos, 618 toneladas de mitílidos y 20 toneladas de macroalgas, en una superficie de 10 hectáreas.

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