Una bahía sin peces

Diversos organismos coincidieron que en la bahía de Mejillones el problema era la falta de oxígeno, especialmente bajo los 25 metros de profundidad. Fuente: La Prensa de Tocopilla, 2 de agosto de 2016.


Aparte de un par de pescadores sentados en el muelle conversando y un puñado de embarcaciones fondeadas en la bahía, a mediodía la caleta de Mejillones parece tan tranquila como un cuadro. Tanto así que cuesta imaginarse que, acá mismo, hace un tiempo atrás, la arena de la costa estaba oculta bajo toneladas de anchovetas muertas que vinieron a dar acá después de la más impresionante varazón que viera este puerto en décadas, debido a la falta de oxígeno de sus costas. A mediados de mayo, no había metro cuadrado de playa que no estuviese cubierta por hambrientos pelícanos que tenían la comida servida como si fuera un buffet.

De las anchovetas y la interminable bandada de pájaros ya no queda nada. Tres meses después, la arena está tan limpia como siempre y el mar se ve puro, cristalino. Para un turista con algo de ojo artístico podría ser una buena foto. Para José Sánchez, 45 años como pescador artesanal, el mar está demasiado cristalino. Después que se fueron los rastros de la varazón, en la bahía no se ven peces por ninguna parte y ni aquí ni hasta donde alcance la vista es un buen lugar para ir de pesca.

-Tu ves la bahía y está muerta- dice.

Cuando se vino la varazón encima, según las cifras oficiales, de las costas sacaron 200 toneladas de peces que quedaron atrapados en la bahía. José, secretario del Sindicato de Pescadores y Buzos Mariscadores de Mejillones -uno de los cinco que hay en el puerto-, cuenta que antiguamente acá se sacaban hasta ochenta cajas diarias de pejerrey, cifra que fue bajando hasta que definitivamente ya no se vio mas por la orilla.

Los pescados, dice, se fueron corriendo cada vez más al fondo, al extremo que ahora hay que pegarse piques que duran días para sacar la cojinova, la cabrilla y el monito. El que no se vio más, dice, fue el lenguado en la orilla. Sánchez apunta a las empresas del barrio industrial que se ven al fondo, en el horizonte.

-Sabíamos que la anchoa se iba a morir porque la bahía está sin oxígeno. La anchoa no la dejó sin oxígeno, es la bahía que está sin oxígeno por la industria que esta ahí- indica.

El esperado estudio

Días después del problema de mayo, diversos organismos, como la Armada o el Centro de Investigación Aplicada del Mar (CIAM) coincidieron que en la bahía de Mejillones el problema era la falta de oxígeno, especialmente bajo los 25 metros de profundidad. Ahora saber por qué razón es el punto y todos están de acuerdo en que el estudio de la bahía es realmente urgente. Mientras ese estudio no esté listo, sólo quedan especulaciones.

-Yo creo que es falta de oxígeno, pero de otra forma no. Si el pescado estuviera contaminado y con problemas, el pájaro se habría muerto- reflexiona el alcalde Marcelino Carvajal, quien también fue pescador durante veinte años. Para el edil también hay antecedentes de pesca en exceso en el pasado, además del arrinconamiento de peces por la acción de lobos marinos y delfines, pero no apunta un responsable directo de la situación en la bahía.

-Siempre los dardos son al municipio por abrir la puerta al desarrollo, pero yo no soy el fiscalizador, yo soy el que autoriza crecimiento y desarrollo, me puedo equivocar- dice Carvajal. -En la bahía se ha mejorado porque las aguas están turquesas y cristalinas, y el impacto que puede haber lo tendrá que decir el estudio.

Durante el gobierno del Presidente Sebastián Piñera se intentó licitar un estudio de $350 millones, pero quedó desierto. Después de lo ocurrido en Mejillones, el estudio se volvió a licitar y se recibieron diez propuestas, que al Ministerio de Medio Ambiente le corresponde la ponderación para que una quede aprobada por el Gobierno Regional. La fecha límite para la adjudicación es el 12 de septiembre y, una vez esté lista la empresa que haga el estudio, tendrá 18 meses para ejecutarla. Si todo sale de acuerdo a los plazos, en 2018 se podría saber qué pasa exactamente en la bahía.

-(El estudio) busca un enfoque ecosistémico. No busca determinar responsabilidades- señala el seremi de Medio Ambiente, Felipe Lerzundi. -Sin embargo, el gran valor es que trae como propuesta un sistema integrado de la bahía, que eso sí en definitiva ayuda en caso de haber desviaciones en el comportamiento de las descargas a la bahía, establecer responsabilidades, una vez que esté implementado el sistema de gestión.

José Sánchez no confía en los estudios, porque piensa que los reportes de las universidades pierden la credibilidad por no ser participativos. Como miembro del sindicato, quiere pedir que en el estudio también tenga el aporte de pescadores y mariscadores de la zona, “que sabemos donde está la chuchoca”, dice. Cuando vio las anchoas, supo que antes que todas se iban a morir. “Si no se trata de ir a la universidad, pero los años de experiencia me lo dicen. ¿Tú creí que no me dio rabia?”

Y mientras tanto, qué

Francisco Sánchez es otro de los pescadores que a esta hora conversa con los colegas bajo la sombra que deja una muralla. Varias veces a la semana tiene que andar correteando con su barco a los esquivos pescados que cada vez se van más lejos al norte, a Cobija, a Michilla. “Allá también tenemos contaminación”, dice. El pescador dice que la gente ya no quiere comer mariscos de la zona, “porque se enferma la gente, nadie quiere decirlo”.

-¿Qué solución le ve al tema?

-La bahía ya no tiene arreglo. No le vamos a ganar a la empresa, nunca le vamos a ganar al progreso- se lamenta. Resignado, Francisco piensa que acá hay que llegar a un acuerdo que beneficie a los 110 pescadores de la comuna y a sus familias. -Ya tenemos sesenta años. Unos cinco años más y no vamos a poder salir a trabajar lejos- dice.

A su lado, José dice que le molesta que vengan soluciones sin consultas a las bases. “¿Sabí que pasa? Ellos están en sus períodos de cuatro años y se van. Pero no están con la problemática de la gente, llegan, se desahogan y chao. Yo te aseguro que van a pasar los años y ahí va a estar el estudio base”.

Cuando vienen las jornadas de pesca, como promedio José Sánchez saca unos 35 mil pesos por noche de trabajo. Al final, en la repartija, le quedan siete mil. Antes, era el doble o el triple, dice. Si esas cifras se vuelven a repetir en el futuro, dependen que la bahía de Mejillones, la misma que ahora parece un mero estacionamiento de botes, renazca.

A mediodía casi no hay nadie en el muelle. Ahora los pescadores están pendientes de capturar pulpo, luego que se levantara su veda, pero a simple vista no se ve ningún bote trabajando. Todos están lejos de la vista, a unas tres horas de viaje de la costa mejillonina.

En tanto, “La Estrella” envió un correo a la Asociación de Industriales de Mejillones para conocer su opinión con respecto a la situación en la bahía. La entidad se comprometió a entregar su análisis del tema en los próximos días.

“Sabíamos que la anchoa se iba a morir porque la bahía está sin oxigeno”

José Sánchez, secretario del sindicato de Pescadores y Buzos Mariscadores de Mejillones.

“La bahía ya no tiene arreglo. No le vamos a ganar a la empresa, nunca le vamos a ganar al progreso”

Francisco Sánchez, pescador de Mejillones.

Ignacio Araya Ch.

Comments are closed.