El difícil panorama para la pesca artesanal

Zona Norte. Cambio climático y desastres naturales han afectado a pescadores artesanales del Norte. Fuente: Aqua.cl, 21 de septiembre de 2016.


La situación de la pesca artesanal en la zona norte no ha sido nada fácil el último tiempo. Las capturas de recursos pelágicos han tenido una fuerte caída producto del último Fenómeno El Niño, al que, con justa razón, se le ha llamado ‘Godzilla’, pues se cree que podría ser el peor desastre natural que ha afectado en las últimas décadas a América Latina. Los recursos demersales y bentónicos tampoco han andado muy bien. Se dice que la escases de algas pardas ha motivado la disminución de varias pesquerías. De acuerdo con datos del último Informe Sectorial de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca), en 2015 las capturas de anchoveta –el principal recurso del extremo norte– en la Macrozona de las regiones de Arica y Parinacota a Antofagasta totalizaron 456.006 toneladas (t), cifra un 37% menor que las 729.250 t de 2014. El panorama se ha mantenido este año 2016. Revisando las cifras acumuladas al mes de junio, se tiene que en la mencionada macrozona los desembarques sumaron 142.414 t, un 34% menos que el mismo período de 2015. Considerando solo la pesca artesanal, a junio este segmento ha capturado 36.856 t de anchoveta, mostrando una baja de un 52% en comparación con el año previo.

El presidente de la Asociación de Armadores Pesqueros de Naves Menores de Arica (Asoarpe), Manuel Guajardo, comenta que ‘la pesca ha estado pésima. El cambio climático –junto con el Fenómeno El Niño– ha afectado mucho a la anchoveta, la cual se encuentra dispersa. Nos da la impresión de que tiene poco alimento y eso hace que su desarrollo sea lento. Es por eso que hemos tenido vedas programadas y algunas voluntarias, donde nosotros mismos hemos decidido, por ejemplo, salir solo algunos días a la semana. Pronto también vendrá una veda de desove’.

Para este armador, la situación de la anchoveta tiene que ver netamente con los efectos de El Niño y no con problemas asociados a la condición de la pesquería. ‘No es que el recurso este colapsado o que esté desapareciendo, pues hemos visto que hay bastante reclutamiento’, precisa. De ese modo, los pescadores esperan que ahora que el evento climático está en retirada la pesquería pueda ir mostrando, con el tiempo, una mayor recuperación. De todas maneras, en esta macrozona ya está funcionando el Comité de Manejo de la Anchoveta –en el cual participa Manuel Guajardo–, donde ‘estamos preparando un Plan de Manejo en el cual estableceremos cómo queremos que se administre la pesquería y donde estamos revisando las distintas inquietudes en torno a la especie, viendo posibles soluciones desde el punto de vista biológico, pesquero, ambiental y social’.

ORDENANDO LA EXTRACCIÓN DE ALGAS

En el norte también hay pescadores artesanales que se dedican a la pesca de especies como la cojinoba, el pejeperro, el apañado y el mulato, pesquerías que estarían siendo afectadas por la escases de algas. De acuerdo con lo expuesto por el presidente del Sindicato Guardiamarina Riquelme de Iquique, Juan Cáceres, los últimos años se ha estado produciendo una alta captura de algas pardas, como el huiro, realizada muchas veces por recolectores informales –donde aparecen inmigrantes y desempleados de otros sectores– que han llevado a estos recursos a una complicada situación, arrastrando con ello a otras pesquerías. ‘Hay quienes cortan las algas de raíz. Se debería fortalecer la fiscalización de toda la cadena de este comercio ilegal que está perjudicando mucho a especies aledañas al huiro. Tenemos varios recursos, como el pejeperro, el apañado y el mulato que están desapareciendo por la falta de recursos algales. Lo mismo con la cojinoba’, dice el dirigente. Desde la Subpesca, el director zonal de la Macrozona de la Región de Arica y Parinacota a Antofagasta, Marco Soto, expresa que ‘los desembarques de peces y moluscos han disminuido en el último tiempo.

Estos han sido reemplazados por la recolección de algas pardas, cuyas capturas en los dos últimos años se han mantenido bajas también producto de la implementación de un Plan de Manejo y a causa de una caída en los precios’. Respecto de la situación que acusa Juan Cáceres, acerca de la explotación del huiro, la autoridad comenta que ‘llevamos tres años trabajando en el Comité de Manejo de Algas Pardas en las regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta, existiendo actualmente un Plan de Manejo funcionando en cada región. Antes de eso, había mucha informalidad e ilegales en la actividad. La extracción que se realizaba atentaba contra la sustentabilidad del recurso. No obstante, eso se ha ido solucionando con la implementación de los planes. Hoy, solo está autorizada la recolección del alga que vara de forma natural, donde existe una nómina de personas autorizadas y se realiza un monitoreo de los desembarques. También estamos avanzando con la implementación de un límite de extracción. Eso, junto con el control que realiza el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), ha hecho que se vaya ordenando la actividad’.

SOBREVIVIENDO A LOS DESASTRES NATURALES

La situación de la pesca artesanal en la Macrozona de las regiones de Atacama a Coquimbo tampoco ha sido la mejor. Aquí, las capturas de pelágicos –donde participa solo la pesca artesanal– sumaron en 2015 un total de 20.099 t, un 41% menos que en 2014. A junio de 2016, en tanto, las capturas del recurso alcanzaron las 15.752 t, un 2% menos que en el mismo período del año pasado. En el caso de la pesca de crustáceos que se realiza en la zona, el camarón nailon capturado por los artesanales también ha mostrado una merma importante los últimos meses. A junio de 2016 estos desembarques sumaron 196 t, cifra un 52% más baja que lo acumulado a junio de 2015. La captura de langostino amarillo, por su parte, registra 341 t a junio, mostrando una disminución de un 33% en comparación con el mismo período del año pasado.

La pesca de langostino colorado, en tanto, se ha mantenido estable este primer semestre, con poco más de 200 t. Se puede recordar que el año pasado estas regiones sufrieron de desastres naturales que golpearon fuerte a la pesca artesanal. En marzo de 2015, la Región de Atacama fue víctima de un temporal de enormes proporciones que desencadenó en aluviones con graves efectos en las zonas costeras. La Región de Coquimbo, en tanto, vivió fuertes temporales en agosto del año pasado, mientras que a mediados del septiembre sufrió un terremoto con tsunami que hizo que cientos de pescadores perdieran sus embarcaciones y equipamientos de captura. En Chañaral (Región de Atacama) vive Tomás Fredes, quien hasta hace poco figuraba como el presidente del Sindicato de Algueros de dicha localidad.

Figuraba porque, al cierre de esta edición, el dirigente pensaba renunciar a los cargos que lo ligaban a la pesca artesanal, puesto que, según sus palabras, la actividad está prácticamente desapareciendo en la zona a causa de los efectos que dejaron los aluviones. ‘Si la bahía de Chañaral estaba contaminada, quedó peor’, dice precisado que los pocos pescadores que quedan han tratado de subsistir buscando capturas en lugares aledaños a los que antes frecuentaban. El ex dirigente explica que la costa de Chañaral y de lugares como Pan de Azúcar quedaron sepultadas por los sedimentos arrastrados por las lluvias. En algunos sitios, antes había alrededor de 18 metros para desembarcar, mientras que ahora hay solo 2 metros.

Además, es difícil vender los escasos recursos capturados, ya que los compradores consideran que vienen desde aguas contaminadas. ‘Recién ahora están comenzando los trabajos que se requerían, como la construcción de un muelle para poder desembarcar. El proceso ha sido lento’, relata Tomás Fredes. El director zonal de la Subpesca en las regiones de Atacama y Coquimbo, Javier Chávez, comenta que para enfrentar estas catástrofes la Subsecretaría, a través del Fondo de Administración Pesquera (FAP), ha realizado un importante apoyo en términos de financiamiento para ayudar a reactivar la actividad. A ello, se suman los recursos del Fondo de Fomento de la Pesca Artesanal (FFPA), que también ha jugado un papel importante en el asunto. En el caso de la Región de Atacama, el FAP aportó con alrededor de $9 millones, lo que permitió apoyar la reparación de las embarcaciones dañadas por efectos del aluvión.

En cuanto a la Región de Coquimbo, ‘desde el Gobierno central se desarrolló el programa ´Reemprende Coquimbo´, que aglutinó los instrumentos de distintos servicios. En nuestro caso, solo el FAP ha invertido más de $624 millones en distintas iniciativas, como la reparación de más de 196 embarcaciones pesqueras artesanales, la recuperación del muelle provisorio de Caleta La Herradura y la entrega de equipamiento y artes de pesca. Todo eso nos permite decir que hemos reactivado al sector, lo que nos tiene muy contentos’, expresa la autoridad zonal. Es así como hoy, más de 95% de la flota de esta zona se encuentra operativa. El apoyo de las autoridades sectoriales es reconocido por el tesorero de la Asociación Gremial de Pescadores Artesanales de Tongoy, Julio Alfaro. ‘El Gobierno se ha portado bien. La ayuda llegó a tiempo y repusieron los botes rápidamente.

A fines de 2015 ya teníamos resuelto ese tema. No nos podemos quejar pues todo salió bien. Este año por fin esperamos tener ganancias’, dice el dirigente que representa, fundamentalmente, a pescadores que se han reconvertido –con bastante éxito– a la acuicultura de pequeña escala ligada al cultivo de ostión del norte. A pesar de las dificultades, los pescadores artesanales del norte siguen en pie, esperando, eso sí, que los eventos climáticos y desastres naturales se olviden de ellos por un buen tiempo, con el fin de que puedan retomar sus actividades con normalidad y comenzar a tener mejores ganancias. Los ‘viejos’ cruzan los dedos para que haya buena pesca, pues en este momento, con la minería por el suelo, no es fácil salir del sector y encontrar empleo en otros rubros. También hay quienes postulan que se debería avanzar en la diversificación de la actividad a través de la pequeña acuicultura.

Es el caso del director del Programa de Acuicultura en Áreas de Manejo de la Universidad Católica del Norte, Cristian Sepúlveda, quien comenta que aquello ‘podría ser un aporte, pues se estaría incorporando una nueva práctica productiva complementaria respecto de las tradicionales y que supone una transformación de las formas culturales de la pesca artesanal. Pero esto requiere de apoyo permanente’. El profesional cree que incluso se podría dar paso a un modelo donde los pescadores les vendan sus recursos acuícolas a las empresas que dan empleo y necesitan alimentar a miles de trabajadores en las mineras. Con esto, ‘se podría esperar una vinculación más ética entre las grandes compañías y la pesca artesanal’, dice el investigador.

La situación de la pesca artesanal en la zona norte no ha sido nada fácil el último tiempo. Las capturas de recursos pelágicos han tenido una fuerte caída producto del último Fenómeno El Niño. Los recursos demersales y bentónicos tampoco han andado muy bien.

En el norte también hay pescadores artesanales que se dedican a la pesca de especies como la cojinoba, el pejeperro, el apañado y el mulato, pesquerías que estarían siendo afectadas por la escases de algas.

Los pescadores artesanales del norte siguen en pie, esperando, eso sí, que los eventos climáticos y desastres naturales se olviden de ellos por un buen tiempo, con el fin de que puedan retomar sus actividades con normalidad y comenzar a tener mejores ganancias.

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