Vecinos de Trehuaco realizan primer monitoreo comunitario del agua

Proyecto es desarrollado por investigadora postdoctoral de oceanografía de la U. de Concepción. Fuente: El Diario de Concepción, 30 de septiembre de 2016.


La severa escasez de agua presente en distintos sectores rurales de la Región podría poner en riesgo, incluso, el abastecimiento del líquido para el consumo humano. Y ante el negro panorama, se han encendido las alarmas en las comunidades rurales que buscan conocer la calidad del agua que tienen para beber y regar. Ese fue el principal cuestionamiento que se realizó la comunidad de Boca Itata en Trehuaco y que motivó a la doctora Mariela Yévenes, investigadora postdoctoral del departamento de Oceanografía de la Universidad de Concepción, a contactarse con ellos y desarrollar en mayo un proyecto de monitoreo comunitario del agua.

‘Querían conocer la calidad del agua que tienen para beber y regar, porque en el área hay distintas actividades que les preocupan como la silvicultura y el paso de un ducto bajo tierra de la empresa de celulosa de la zona. Yo conocía experiencias en el extranjero de participación ciudadana en monitoreo de la calidad de agua de ríos y les propuse realizarlo, considerando que el agua es un recurso vital para la vida y que contar con agua limpia en zonas rurales permite una vida más saludable’. Yévenes, quien además pertenece al Centro del Clima y la Resiliencia, explicó que el proyecto educativo, que implica mínimo dos mediciones al mes, busca entender y proteger el recurso agua en áreas rurales y, que se basa en el principio de la ciencia participativa, que define a la comunidad como actor principal en la evaluación y análisis de la calidad de agua en su zona.

En total, se capacitó a 50 vecinos, pero tres de ellos nombrados monitores, encargados de realizar análisis básicos con un laboratorio portátil que permite medir el pH, alcalinidad, hierro, cloruro, sulfito, nitrato, previa explicación de cada significado lo que less permite saber cómo es la calidad del agua. Hasta el momento, las mediciones han permitido advertir que la calidad del agua en algunos pozos está presentando algunos parámetros sobre el límite permisible para el consumo, como elevados niveles de nitrato provenientes, principalmente, de la fertilización de la tierra, alta alcalinidad que refleja aguas mas duras con abundante sales.

‘Aún no hemos analizado bacterias de coliformes fecales, que reflejan heces de ganado o pozos sépticos cercanos, pero tenemos en mente incrementar el numero de parámetros a medir’, dijo. El proyecto tiene una ejecución de seis meses y un costo de un millón de pesos que fue financiado por Conicyt y finaliza en noviembre, por lo que la investigadora está buscando financiamiento, de aproximadamente cuatro millones de pesos, para continuar por un año mas y así agregar más parámetros que son de interés para la comunidad. Para lograr el financiamiento concursarán al Fondo de Protección Ambiental. Destacó que la existencia de monitores comunitarios, no sólo en Trehuaco sino que también en otros sectores, ayudaría a tomar mejores decisiones para la gestión integral de recursos hídricos y que la información que se entregue sea relevante para el desarrollo de proyectos. Ciencia participativa Actualmente, los monitores son los encargados de trasmitir la información a la comunidad obtenida de la medición del terreno de tres pozos que son de su interés.

La llamada ciencia participativa, según la especialista, colabora en la investigación científica de académicos en forma voluntaria. Realizan preguntas o hipótesis, colectan los datos y/o interpretan los resultados con la ayuda de Yévenes. ‘Están motivados, saben que la calidad del agua depende de varios factores, como el uso de la tierra, el clima, y que algunos también dependen de ellos, como el manejo de sus residuos, el uso de fertilizantes. Pero su gran motivación es conocer si el ducto que pasa por el camino principal con aguas tratadas de la celulosa interfiere o no en la calidad del agua’. La investigadora aseveró que se pretende que la gente entienda la problemática, cuide su agua y que cuando pida un derecho fundamental como es contar con agua limpia, lo haga con mayor conocimiento ‘y por qué no formar parte de la solución al problema de la cantidad y calidad de agua que necesitan’, dijo y agregó que el tema es totalmente atingente, sobre todo, si continúa la sequía hidrológica que la Región presente desde 2010.

Destacó que, si bien a lo largo de Chile hay datos de distribución y calidad de agua dulce en Chile, existen muchas zonas rurales donde la información hidrológica es escasa, por lo que iniciativas como esta permitirán fortalecer esos datos. Mariela Yévenes agregó que el objetivo que está detrás de dicho tipo de participación comunitaria es romper el ciclo de ‘no entendimos nada de lo que nos vinieron a explicar’, dijo y detalló que se busca que las comunidades puedan ver este tipo de proyectos de cerca, los ejecuten por sí mismos y puedan sacar sus propias conclusiones sobre el estado del agua.

10 kilometros Cuadrados del sector Boca Itata en Trehuaco están siendo sometidos a análisis para determinar estado del agua.

Los lugares en que se analice el agua podrían parte de las soluciones al problema de la cantidad y calidad del agua.

Programa de acumulación de aguas lluvia

En junio partió un programa de acumulación de aguas lluvias en zonas rurales que serían destinadas al uso doméstico, producto de la sequía que aqueja a más de 40 comunas de la Región, pues muchas están recibiendo el líquido a través de camiones aljibe producto de la escasez de agua para consumo humano. El sistema consiste en la instalación de un kit de captación de aguas lluvias en los techos de las viviendas, que contiene canaletas, bomba manual, estanque de almacenamiento, filtro y sistema de cloración. La iniciativa, implementada por el Gobierno, incluye la instalación de 2.300 puntos donde se generará la acumulación de aguas lluvia que para contar con líquido de calidad, lo que incluso podría bajar el uso de camiones aljibe. El proyecto implica una inversión de $2.500 millones en la Región.

Ximena Valenzuela Cifuentes

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