Los grandes incendios serán cada vez más frecuentes en Chile

El foco hoy es la prevención, y así lo han entendido países como EEUU., que ha visto un incremento sostenido de esta emergencia. Fuente: El Mercurio, 30 de enero de 2017.


“Lo peor que Chile puede hacer es pensar que esto es un evento que ocurrirá una sola vez en la vida. A medida que la temperatura de la Tierra aumente, tendremos incendios más frecuentes y mayores, por lo que hay que estar preparados”, dice tajante Park Williams, bioclimatólogo y profesor de la U. de Columbia, EE.UU.

Un estudio, del cual Williams es coautor, afirma que el cambio climático es la causa principal de que en los últimos 30 años la superficie afectada por incendios forestales se haya duplicado en el oeste de EE.UU. Una razón ampliamente conocida, pero que nadie había cuantificado.

El estudio midió, desde 1984, la superficie consumida por el fuego, la cantidad de megaincendios forestales y la duración de la temporada en las cuales estos se producían. Comprobaron que desde ese año, el área afectada por estos siniestros se ha duplicado. Y seguirá en alza.

Así como un terremoto de magnitud 8 en la escala de Richter libera una energía exponencialmente mayor a la de uno de 7, el incremento en 1,5 °C en la temperatura global respecto de hace 40 años hará que el aumento en los incendios crezca en forma exponencial en las próximas décadas.

“Esto que vemos en Estados Unidos, probablemente explica lo que también está ocurriendo en Chile, considerando dos factores en común: la sequía, que ha afectado al país en los últimos años, y el aumento global de las temperaturas, a lo que ahora se suman las olas de calor”, dice Park a “El Mercurio”.

“El ambiente está siendo presionado más allá del umbral: los combustibles -es decir, árboles y material vegetal que se acumulan en los bosques- están excepcionalmente secos y, por lo tanto, se queman con mucha facilidad”, asevera.

Más que apagar

Dado el escenario y aunque parezca contradictorio, una estrategia que se basa solo en la supresión del fuego, a la larga puede ser contraproducente.

“Todos los ecosistemas han evolucionado para adaptarse a un incendio; entonces, si quitas el factor fuego de la ecuación por demasiado tiempo, vas a tener un incendio catastrófico. El combustible se acumula”, señala Valery Charlton, experta sudafricana en prevención de incendios, que recientemente visitó Chile invitada por la Corporación de la Madera (Corma).

Williams coincide. “Hemos luchado contra los incendios en los últimos cien años, y como resultado tenemos ecosistemas que no han ardido en siglos, lo que significa que hay mucho combustible en el paisaje. Demasiados árboles y, a la postre, una gran cantidad de combustible que va a arder. Y es por eso que nuestros incendios han respondido con más fuerza al cambio climático”.

Una estrategia que se está implementando en diversos países es bajar esa carga de combustibles en áreas donde no se quiere tener incendios devastadores. Para ello, se recurre a técnicas como prescribir incendios a una zona para que puedan ser manejables y sean de baja intensidad.

Canadá ha evolucionado hacia este enfoque. Desde 1970, reconoce que el fuego es importante en algunos ecosistemas. La forma en que se enfrentará se basa en una serie de variables. Por ejemplo, la cercanía a poblados, la probabilidad de propagación, el alto valor productivo, el atractivo turístico. Según ello, se toman decisiones que van desde extinguir completamente el fuego hasta no intervenir y dejar que se apague solo.

El Canadian Forest Service emplea una serie de modelos predictivos y sistemas de información que les proporcionan valiosos datos para saber cómo actuar.

Otra fórmula es la tala selectiva de árboles, para reducir su densidad, tanto de bosques nativos como plantaciones. Especialmente cuando están cerca de áreas pobladas, de valor productivo o de alta biodiversidad.

“Un factor realmente importante es reducir los combustibles vegetales alrededor de áreas, pueblos y ciudades. Que no haya combustible seco alrededor de lugares poblados”, dice Williams.

Al respecto, la Sociedad Chilena de Ecología del Paisaje (IALE-Chile) -la filial de la Asociación Internacional de Ecología del Paisaje- acaba de lanzar un documento en el que plantean que la introducción de especies foráneas a gran escala genera una matriz homogénea del paisaje, muy vulnerable a incendios.

Vulnerabilidad vs. heterogeneidad

La clave para reducir el riesgo de incendio, plantean, está en la heterogeneidad, que se traduce en la creación de áreas de distinta composición, donde se combinen paños de plantaciones forestales, áreas de cultivos y franjas de bosque nativo, explica Cristián Echeverría, académico de la U. de Concepción y miembro de IALE-Chile.

“Lo que hay que evitar son extensas áreas de un solo tipo de cobertura de suelos. Por ejemplo, solo bosques de especies exóticas”.

Y respetar también cortafuegos naturales, como los ríos y sus bosques ribereños. “Si se elimina esta vegetación y en vez de ella se realizan plantaciones hasta el borde del río, estas dejan de ser una barrera natural”, aclara Echeverría.

Otra medida es la creación de franjas alrededor de las ciudades que eviten lo que pasó en Santa Olga, por ejemplo, donde el bosque llegaba prácticamente hasta el patio de las casas.

“Se trata de parques o espacios abiertos de 100 a 500 metros de ancho que actúan como cortafuegos. Se pueden destinar a juegos o espacios para deportes. Lo importante es que el espacio sea útil para la comunidad y no un sitio eriazo donde se acumule basura o la población la invada construyendo casas”, agrega Sonia Reyes, investigadora del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable de la U. Católica y miembro de IALE-Chile.

Otro pilar fundamental es el trabajo preventivo y de primera respuesta con las comunidades.

“En el combate del incendio, un montón de personal y equipos costosos no garantiza evitar los daños. Aquí, el trabajo con la comunidad es clave, porque son ellos los que están en el lugar todo el tiempo, los primeros en sufrir las consecuencias de un incendio fuera de control, pero también los que pueden prevenirlo si cuentan con educación y están capacitados”, dice Charlton, impulsora del método FireWise de prevención de incendios.

El enfoque, que ya se emplea en Sudáfrica, España, California y Portugal, comenzará a implementarse entre febrero y marzo en comunidades de las regiones del Biobío, Maule, Araucanía y Los Ríos, con apoyo de Corma. “La idea es empoderar y capacitar a las comunidades que viven en zonas vulnerables para que se organicen y autoprotejan ante incendios y cualquier riesgo de desastre natural”, explica Emilio Uribe, gerente de Corma en Biobío.

Por último, Park Williams cree que los municipios y las comunidades deben implementar planes de prevención y de información, tal como sucede con los maremotos. “Debe considerar señalética, rutas de escape conocidas por la población, instalación de sirenas de alarma y programas de educación que le den herramientas a la comunidad para que sepa qué hacer ante un megaincendio”.

-“La homogeneidad del paisaje aumenta la vulnerabilidad a amenazas de incendios. Es urgente que nuestros políticos debatan sobre las vías para evitar la alta exposición a esta clase de siniestros”.
CRISTIAN ECHEVERRÍA
Soc. Chilena de Ecología del Paisaje (IALE-Chile)

-“Todos los ecosistemas han evolucionado para arder. El riesgo de incendio siempre estará ahí, por un motivo muy claro, y es que si hay combustible, hay fuego”.
VALERY CHARLTON
Impulsora del método FireWise

-“El enfoque no es detener los incendios, sino reducir las posibilidades de que lleguen a poblados y otros sitios que queremos proteger”.
PARK WILLIAMS
U. DE COLUMBIA (EE.UU.)

Paula Leighton y Alexis Ibarra

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