Cómo evitamos los incendios forestales

Cómo evitamos los incendios forestales

Opinión de Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram. Fuente: Le Monde Diplomatique, 1 de marzo de 2017.

Sin duda los incendios forestales ocurridos en la zona centro sur de Chile, nos sorprendieron, nos asustaron y han generado importantes cuestionamientos. Para entender dónde estamos y vislumbrar hacia donde debemos ir es importante hacer un poco de historia.

La Corporación Nacional Forestal (Conaf), en términos legales es una corporación que administra fondos públicos y depende del Ministerio de Agricultura. Se creó en 1973 a partir de una modificación de los estatutos de la Corporación de Reforestación, en el gobierno de Salvador Allende. Entonces su objetivo era “contribuir a la conservación, incremento manejo y aprovechamiento de los recursos forestales del país” (1). Desde su creación a la fecha han pasado casi 44 años, sin que esta institución haya tenido grandes modificaciones, lo que sorprende en un país donde luego de su creación hubo 17 años de dictadura y 27 años de “democracia”.

En dictadura, impulsado por Fernando Léniz como ministro de Economía y por el director de la Corfo Julio Ponce Lerou, se dictó el D.L. N° 701 destinado a bonificar con dineros públicos hasta en un 75%, por una sola vez para un mismo predio plantaciones forestales. La administración de esta ley recayó en CONAF y su primera versión duró 20 años (1974-1996), durante ese lapso de tiempo el Estado de Chile bonificó el establecimiento de plantaciones forestales con especies exóticas (pinos y eucaliptus), lo que dio origen al llamado “modelo forestal chileno”. Si bien el D.L N° 701, no especificaba el tipo de especies a plantar, este decreto junto a otras medidas tomadas en la época, favorecieron el establecimiento de monocultivos de pino y eucaliptus y con ello la transformación del paisaje en la zona centro sur de Chile.

Luego ya en “democracia”, en el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, el parlamento aprobó la renovación del D.L. N° 701 en 1998 (ley N° 19.561), estableciendo un nuevo periodo de bonificaciones por 15 años y un periodo retroactivo de dos años (1996-1998). En el 2010, tras el terremoto del 27F y argumentando la necesidad de activar la producción y el empleo, el parlamento aprobó una prórroga por dos años del mismo decreto (ley N° 20.488). Desde el 2012 el Estado de Chile no ha aprobado nuevas bonificaciones, sin embargo aún se están desembolsando dineros públicos que corresponden a bonificaciones aprobadas hasta 2012. Hay que tener presente que el texto del D. N° 701, con excepción de lo que dice relación con las bonificaciones sigue vigente.

En lo que respecta a Conaf, su actual misión es “contribuir al manejo sustentable de los bosques nativos, formaciones xerofíticas y plantaciones forestales mediante las funciones de fomento, fiscalización de la legislación forestal-ambiental y la protección de los recursos vegetacionales, así como a la conservación de la diversidad biológica a través del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas, en beneficio de la sociedad” (2). Durante el actual gobierno en marzo de 2015 se creó el Consejo de Política Forestal, y se le encomendó elaborar una Política Forestal a 20 años plazo (2015-2035) (3). Lo cual podría parecer irrelevante, pero en realidad no lo es, pues desde la creación de la Conaf hasta ahora no había existido explícitamente una política forestal. Dicha política fue elaborada por un conjunto de actores públicos y privados; y se articula en cuatro ejes: institucionalidad forestal; productividad y crecimiento económico; equidad e inclusión social; protección y restauración del patrimonio forestal.

Sin cambios

Sin embargo, contar con una política forestal no es suficiente, para que ésta se materialice es importante contar con el apoyo y decisión de los gobiernos de turno. También es relevante tener presente las debilidades de Conaf y preguntarse por qué no se han hecho cambios durante tantos años. El 2008 cuando tras 16 años de permanecer en el parlamento, finalmente se aprobó la ley sobre recuperación del bosque nativo y fomento forestal, N° 20.283. Entonces el Tribunal Constitucional, le advirtió ala Presidenta Michelle Bachelet (primer mandato), que la Conaf debía transformarse en una institución pública y señaló que haría una excepción respecto ala administración de la ley N° 20.283, pero que en el futuro Conaf no podría administrar nuevas leyes mientras mantuviese el estatus jurídico de corporación. Han pasado casi nueve años y aún el país no cuenta con una institución de carácter público que se haga cargo del tema forestal, aun cuando éste es uno de los sectores productivos de importancia.

Sebastián Piñera durante su gobierno envió un proyecto de ley al parlamento en tal sentido pero éste no prosperó, algo parecido ha ocurrido durante este gobierno, pues si bien Bachelet se comprometió a enviar al Congreso un proyecto de ley para transformar a Conaf en un servicio forestal público, esto no ha sucedido, aunque hace más de un año existe un proyecto de ley de tales características que ha quedado durmiendo entre los ministerios de Hacienda y Secretaria General de la Presidencia (Segpres).

Tras los incendios ocurridos a comienzos de 2017 ha surgido la esperanza de que este Servicio Forestal se materialice pronto, muchas fueron las voces que hicieron referencia al tema mientras parte de Chile se consumía en las llamas. Desde el gobierno, el primero que hablo del tema fue el ministro del Interior, luego fue el turno de los ministros de Segpres y Hacienda, este último incluso habló que había que replantear el modelo forestal (4). Anuncio que ha sido ratificado por la presidenta Bachelet y posteriormente por la ministra Paula Narváez, con motivo de la conmemoración del día del Brigadista Forestal (5).

Sin duda, contar con un Servicio Forestal público es el primer paso para poder subsanar algunas importantes deficiencias, tales como tener una ley de prevención y combate de incendios, una ley de protección de suelos y una ley de fomento forestal que nos permita impulsar la reforestación nativa y a la vez cumplir con los compromisos voluntarios adquiridos por Chile en el Acuerdo de París sobre Cambio Climático.

Incendio catastrófico

Con este confuso e incierto marco institucional de fondo, Chile vivió los más catastróficos incendios de su historia y según consigna la prensa el segundo más grande a nivel mundial en este siglo (6). Entre el 18 de enero y el 5 de febrero de 2017, hubo del orden de 700 incendios forestales y se quemaron cerca de 470.000 hectáreas, afectando a nueve regiones de Chile, de Coquimbo a la Araucanía, pero sin duda las regiones más afectadas fueron las de O’Higgins, Maule y Biobío. En este recuento de daños es importante saber que, del total quemado más del 90% es propiedad privada y del orden de 280.000 corresponden a plantaciones forestales de especies exóticas, principalmente pino (227.000 ha). Para mirarlo en perspectiva hay que estar al tanto que entre el año 1964 al 2015 se quemaron en el país unas 2.500.000 ha., lo que da un promedio anual de 48.000 ha.

¿Qué provocó esta catástrofe?, en forma simple se podría decir que una serie de eventos desafortunados. Unos culpan a Conaf o al Gobierno, otros dicen que las grandes extensiones de plantaciones forestales, también están entre los culpables la negligencia humana o la irresponsabilidad de las empresas eléctricas. Probablemente las causas son múltiples y no hay un solo culpable o responsable como nos gustaría. Esto a pesar de que existan voces especialmente del sector parlamentario que traten de cargarle la mano al gobierno o Conaf. Lo que la historia demuestra es que hemos vivido en un país donde se ha permitido el desarrollo de un modelo forestal basado en plantaciones exóticas, que han transformado el paisaje original sin los debidos resguardos, regulaciones y fiscalizaciones.

De ello son tan responsables, los gobiernos que han permitido este desarrollo forestal como los parlamentarios que han aprobado o no han exigido regulaciones acorde con los tiempos. Hoy parece increíble constatar que Chile no cuenta con una ley de prevención y combate de incendios, que la capacidad fiscalizadora de las instituciones públicas se haya debilitado por falta de financiamiento y que los proyectos forestales no sean sometidos a evaluación de impacto ambiental. También se debe analizar con detención el presupuesto que año a año se le entrega a CONAF, para cumplir tareas de control y manejo del fuego.

Pero también hay otro tipo de información que nos señala, que Chile es un país vulnerable ante el cambio climático, que poco o nada se ha hecho en términos concretos en prevención o adaptación a este fenómeno de carácter mundial. Detrás de la catástrofe existen causas subyacentes que no tienen rostro, entre ellas están tras-formación del paisaje, largos periodos de sequías, olas de calor por sobre los promedios históricos, condiciones climatológicas de viento y humedad que favorecen la velocidad con que se expanden los incendios. Según los expertos de la Unión Europea el fuego en algunos momentos avanzó a muy alta velocidad, quemando más de 8.000 ha. en una hora y 114.000 ha en 12 horas (7). La misma información señala que en un solo día hubo 120 incendios en el país.

Sin duda toda la información que surge tras el mega incendio es muy relevante, pero no servirá de nada si no existe la disposición a generar cambios en el modelo forestal e implementar acciones concretas que nos permitan estar mejor preparados como país.

No más de lo mismo

Entonces, ¿qué hacemos ahora?, lo evidente es que no podemos seguir haciendo lo mismo, el país cuenta con información suficiente para saber que el cambio climático nos acompañara por mucho tiempo. La información que ya existe y la levantan organismos técnicos y científicos, debería ser usada para prevenir que eventos de la magnitud de los vividos entre enero y febrero de 2017.

Si las autoridades quieren hacer algo ahora deberían invertir en prevención, lo cual no solo consiste en educar a la población, municipios o instituciones públicas. Prevenir es también regular el uso del territorio independiente de quien sea la propiedad, establecer resguardos en la interfaz urbano-rural, establecer normativa para instalaciones como vertederos, plantas de tratamiento de aguas, estaciones y subestaciones eléctricas e industrias que presenten riesgos ante la propagación de incendios. Pero para que esto sea realidad necesitamos habitantes activos que presionen al tanto el gobierno como el parlamento, el generar una política de prevención de incendios no puede estar definida por “la medida de lo posible”.

También es urgente definir qué hacer con las zonas quemadas, en forma inmediata se deben tomar medidas para evitar la erosión del suelo, establecer cuales áreas serán reforestadas y con qué tipo de especies. Es urgente materializar una política forestal pública, que considere aspectos relacionados con el cambio climático, la sequía y desertificación, la interfaz urbano-rural, así como la protección de cursos de agua es de vital importancia, pero esta también debe considerar la capacidad de generar empleo local en forma temporal y permanente.

Hoy Chile y con ello quiero decir la sociedad en su conjunto tiene un gran desafío, incidir en lo que viene. Sin duda la clase política y el empresariado tienen mayor responsabilidad y poder, por tanto hay que estar atentos para que sus decisiones no estén cruzadas por intereses mezquinos, negocios de corto plazo o discursos para sumar votos o adeptos. Los otros actores sociales, ambientales, científicos, profesionales y población en general debemos estar bien informados y desde allí influir en la toma de decisiones.

Es evidente que lo ocurrido este verano puede volver a pasar. Conocer la geografía, ecología, hidrología y climatología de nuestro país resulta imprescindible en un país y en un mundo que crecientemente debe afrontar las consecuencias del calentamiento global y cambio climático. Muchas veces los seres humanos nos olvidamos que vivimos en estrecha relación y dependencia de la naturaleza, creemos que podemos transformar la tierra y el paisaje y emitir gases de efecto invernado a nuestro antojo, pero de una u otra forma, la naturaleza nos recuerda que existen fenómenos que no podemos predecir ni controlar, aunque creamos estar preparados para ello. En un mundo cambiante las políticas públicas deben dejar un margen para lo imprevisible.

Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram.

Fuentes:
1. http://www.conaf.cl/quienes-somos/historia/

2. http://www.conaf.cl/quienes-somos/mision-yobjetivos/

3. http://www.conaf.cl/wp-content/files_ mf/147204722435024LIBRO.pdf

4. http://www.biobiochile.cl/noticias/opinion/ entrevistas/2017/01/31/ministro-valdes-y-reconstruccion-lo-que-mas-preocupa-es-el-mundo-forestal-y-la-replantacion.shtml

5. http://www.conaf.cl/gobierno-agradece-y-resaltalabor-de-brigadistas-forestales-de-conaf/

6. http://www.latercera.com/noficia/balance-conafmegaincendio-segundo-mas- destructivo-del-siglo/

7. http://www.latercera.com/noticia/balance-conafmegaincendio-segundo-mas- destructivo-del-siglo/

 

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