Los Ríos se consolida como guardián del patrimonio genético del bosque nativo

Desde 1997, Infor, junto a la Conaf y asociación Aprobosque AG, mantienen el único banco genético de cuatro especies de alto valor: Laurel, roble, raulí y coigüe. Fuente: Diario Austral de Valdivia, 9 de abril de 2017.


Una alianza de trabajo que se extiende por más de 20 años, tiene actualmente a la región de Los Ríos liderando a nivel nacional la investigación genética de recursos forestales. Y es que desde el año 1997, que el Instituto Forestal (Infor), a través de su Grupo de Conservación y Mejoramiento Genético, lleva adelante en conjunto con la Corporación Nacional Forestal (Conaf) y la Asociación Chilena de Propietarios del Bosque Nativo (Aprobosque A.G.), la implementación del único banco de reservas genéticas de cuatro especies nativas: Laurel, Roble, Raulí y Coigüe

Este innovador trabajo se lleva a cabo principalmente en el Centro de Mejoramiento Genético de Huillilemu, en la comuna de San José de la Mariquina. En esta unidad de mejoramiento y producción, propiedad de la corporación Forestal, se implementó el año 1997 el único banco de reserva genética de laurel, roble, raulí y coigüe con que cuenta el país, esto complementado con ensayos genéticos en terrenos de propiedad de los socios de la Asociación Chilena de Propietarios del Bosque Nativo (Aprobosque A.G.). Estas especies nativas tienen un alto potencial productivo para el sector forestal nacional, debido a su alta disponibilidad, calidad de su madera y sus buenos índices de crecimiento.

“La importancia de contar con las reservas genéticas de estas especies es que, ante cualquier evento natural -como los incendios forestales que afectaron a la regiones del centro-sur del país este verano o los efectos ya palpables del cambio climático-, la descendencia de estas especies está asegurada y no existe riesgo que desparezcan”, explica el doctor Roberto Ipinza, investigador del Grupo de Conservación y Mejoramiento Genético del Infor.

COLECTA DE SEMILLAS

Para llegar a contar con este patrimonio genético en Huillilemu y en Aprobosque AG, el Infor inició el año 1997 la colecta de semillas de estas cuatro especies, que en el caso del roble, se realizó desde la región Metropolitana a Los Lagos; en raulí, desde la región del Maule a Los Lagos; y en el caso del Coigüe, del Maule a Los Ríos; y el Laurel, desde la región de O`Higgins hasta la de Los Lagos.

Luego de este trabajo de colecta de semillas, comenzó el proceso de potenciación del Centro de Mejoramiento Genético de Huillilemu, el cual ha resultado fundamental para desarrollar un trabajo vanguardista en el sector forestal.

FUERTE ALIANZA

En este sentido, el doctor Ipinza indica que ha sido fundamental en estos logros y avances en materia de recursos genéticos forestales, la alianza de trabajo que han llevado adelante el Infor con Conaf y la asociación Aprobosque AG. “Con este trabajo conjunto, hemos complementado a la perfección el conocimiento con la gestión. De partida, tener este banco genético de las cuatro especies en Huillilemu, ha asegurado su permanencia en el tiempo y ha posibilitado que Conaf utilice este material en sus áreas protegidas y que además esté comenzando a fomentar el uso de este material genético entre propietarios de bosque nativo, lo que da aún mayor valor al trabajo realizado en estos años”, destaca el investigador.

UN TEMA DE COSTOS

Ahora, si este trabajo con el laurel, roble, raulí y coiguë ha dado tan buenos resultados, ¿Por qué este trabajo de “conservación genética” no se extiende a otras especies nativas?, la respuesta de Roberto Ipinza es una sola: un problema de costos.

“Cuando implementamos este trabajo en Huillilemu el año 1997 -en alianza con la Conaf, Aprobosque A.G. y la Universidad Austral de Chile, además del apoyo de Conicyt-, el costo total fue de un millón de dólares. Y seguramente ese costo hoy sería mucho mayor, ya que no es un tema económico de implementar. Sería ideal contar con los recursos y poder sumar otras especies de igual o mayor valor productivo. Lo positivo, es que en la región contamos tanto con la capacidad de gestión como con el conocimiento para hacerlo”, concluyó el genetista.

No es un trabajo de largo plazo

Para Roberto Ipinza un tema que es necesario desmitificar en la creencia colectiva es que la genética es de largo plazo. Como ejemplo, señala que los efectos del cambio climático, a nivel genético, se pueden observar en una generación. “Si los bosque se manejaran con un criterio de mejorar lo árboles semilleros, de escoger o recolectar semillas de arboles que no estén emparentados, haríamos un gran aporte a mantener la biodiversidad y, de paso, protegernos de los efectos del cambio climático y así evitar las enfermedades y plagas que afectan al sector forestal.

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