Las pugnas que dividen Til Til

Dos de sus localidades están en conflicto por los proyectos que operan en la zona. Rungue por una casa cultural financiada por una firma de residuos industriales, y Huertos Familiares por negociaciones de sus dirigentes con mineras. Fuente: La Tercera, 6 de mayo de 2017.


La Casa Naranja está al lado de la iglesia de la localidad de Rungue, en la comuna de Til Til, el “basurero de Santiago” como dijo su alcalde Nelson Orellana, y donde muchas de sus casas izan banderas negras en señal de luto. El inmueble es un centro cultural para los menores, donde se realizan talleres de danza y cocina; también hay una biblioteca y un punto wi-fi gratuito para estudiar. Pese a esto, hoy recibe cerca de tres niños al día. El resto prefiere no asistir. ¿La razón? La Casa Naranja fue la oficina de la empresa Ciclo en el sector, y ahora es financiada por una fundación ligada a esta firma, la cual es responsable del nuevo proyecto sanitario de la comuna: el Centro Integral de Gestión de Residuos Industriales (Cigri).

La llegada de esta nueva industria reabrió el debate al interior de Til Til, y los vecinos han intensificado las manifestaciones para evitar su construcción. Es que esta zona ha sido foco de problemas ambientales durante las últimas décadas, cuando comenzaron a instalarse mineras, vertederos, rellenos sanitarios, entre otros. Esta semana el alcalde se reunió con el ministro del Interior, Mario Fernández, para pedir que la comuna sea declarada zona saturada y así evitar nuevos proyectos. El descontento es tal, que en la última protesta se cortó la Ruta 5 Norte durante Semana Santa y el edil acabó detenido.

Andrea Díaz es vecina de Rungue y trabaja en la Casa Naranja como una de sus tres monitoras. Ella dice estar feliz en su trabajo, pero recalca estar cansada de que le griten “vendida” en las calles. “No sé por qué dicen que estoy a favor del proyecto. Efectivamente no me gustaría que viniera una empresa más a contaminar, pero yo trabajo para la fundación. Que yo trabaje acá no quiere decir que esté a favor o en contra”, agrega.

Díaz culpa a los líderes de la agrupaciones medioambientales locales y los trata de inconsecuentes por trabajar en las empresas que operan en el sector. “Yo no puedo trabajar en Casa Naranja porque supuestamente es Ciclo, pero los demás pueden trabajar en los vertederos”, enfatiza.

Para Sabina Martínez, presidenta de la agrupación Acción Ambiental y Salud de Rungue, “estos tipos tratan de mandar a los niños a paseos para comprar a la gente de Rungue (…) Algunos han ido a pintarles la Casa Naranja, porque les da rabia que se vendan por tan poco”.

Constanza Morales, también monitora de la sede, acusa que en una oportunidad miembros de este grupo les botaron la antena wi-fi desde el techo. “Ahora hay mucha gente que no me saluda de la misma manera. No diferencian Casa Naranja con Ciclo”, añade.

Ante este conflicto vecinal, el alcalde señala que “más que estar a favor del proyecto Ciclo, ellos defienden el proyecto Casa Naranja (…) Ojalá fuera financiada por otro tipo de empresa, y que siga adelante”.

Juntas de vecinos

“No postulamos a los proyectos de las empresas, porque nos hemos dado cuenta que de alguna forma empiezan a presionar o a inmiscuirse”, afirma Janet Mena, vecina de la localidad de Huertos Familiares de Til Til y presidenta del Consejo Comunal y Social del Medio Ambiente. Mena denuncia que miembros de juntas de vecinos negocian con las empresas mineras que operan en el sector para recibir beneficios: “Son como monopolios donde no te puedes meter (…) Hay cosas que podrían ser beneficiosas para toda la comunidad, pero solo están beneficiando a algunos”.

El edil explica que estas empresas “bypasean al municipio”, porque trabajan directamente con las juntas de vecinos y otros estamentos. “Les entregan recursos directamente a las organizaciones, lo que el resto de la población no comparte, porque entienden que allí hay un tema irregular. Debería ser un tema comunal, no de barrio”, cierra.

David Aguayo C.

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