Compensación por medio de forestación: Desafíos de un proceso necesario

Junto con las complejidades técnicas, vinculadas por ejemplo a disponer de terrenos y plántulas adecuadas, se suma la importancia de contar con mecanismos que permitan la continuidad de dichas acciones. Fuente: Lignum.cl, 21 de junio de 2017.


La inclusión de la forestación como uno de los ejes de la Estrategia Nacional de Cambio Climático y Recursos Vegetacionales 2017-2025 de Chile, grafica la importancia de la actividad como mecanismo de mitigación ambiental y protección de la biodiversidad en el país. Y es que uno de sus principales beneficios radica en el hecho que, al reducir la pérdida de bosques, se favorece la captura de dióxido de carbono (CO2).

El potencial de los bosques como depósito natural de carbono es ampliamente conocido. La Convención Marco de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático (CMNUCC) contempla la Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques (Programa REDD) como un mecanismo efectivo y de largo alcance, desde hace más de una década.

En lo medular, las estrategias REDD y REED+ buscan que se reconozca en los bosques en pie un mayor valor respecto al que tendrían talados, pues el carbono almacenado en los árboles crea un valor en lo económico, social y ambiental.

En el caso concreto de Chile, a fines de 2013 se llevó a cabo la entrega de los primeros bonos de carbono producto de la desforestación y degradación evitada en el país (REDD+). Se trató de una iniciativa proveniente de la Reserva Costera Valdiviana de The Nature Conservancy (TNC) que abarcó un área de 50 mil hectáreas, con un potencial de almacenamiento de más de 800 toneladas de carbono por hectárea.

A ello se suma la contribución en 2014 por US$9,6 millones tramitados por el Banco Mundial a través del Fondo Global del Medio Ambiente (GEF) y el Fondo Cooperativo del Carbono Forestal (FCPF), con el propósito que la Corporación Nacional Forestal (Conaf) continuara implementando en el país la Estrategia Nacional de Cambio Climático y Recursos Vegetacionales, a través de dos proyectos que realizó en coordinación con la Agencia Chilena de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AGCI).

Dichos recursos fueron destinados a los proyectos Manejo Sustentable de las Tierras y el de REDD+ asociado al Fondo Cooperativo del Carbono Forestal, ambos aprobados en lo técnico y administrativo durante 2013.

La vinculación nacional con este mecanismo ambiental se vio reforzada en 2014, cuando Conaf fue nominada como la entidad que representa a Chile ante la ONU para implementar las acciones que contempla el programa REDD+.

A lo anterior se suma el hecho que la actual Estrategia Nacional de Cambio Climático y Recursos Vegetacionales de Chile, aprobada por el Fondo Cooperativo del Carbono Forestal (FCPF) del Banco Mundial e instancias afines, contempla implementar medidas de acción que generen un impacto medible en término de evitar o reducir la deforestación, la degradación forestal y aumentar los sumideros de carbono vinculados a bosques.

Continuidad como desafío

El mecanismo REDD+ resulta de gran relevancia para países como Chile, advierte Ángelo Sartori, coordinador nacional de Bosques y Cambio Climático de Conaf, considerando que “en la actualidad no existen subsidios estatales para la forestación con especies exóticas ni con especies nativas”.

En ese contexto, una de las alternativas disponibles para promover la forestación son los compromisos de compensación que deben realizar las empresas por la corta de bosque nativo, debido a la construcción de obras civiles necesaria para la actividad productiva del propietario o una necesidad de interés nacional.

En esa línea, se han analizado los obstáculos que podrían surgir en la concreción de dichos compromisos, como la disponibilidad de un terreno de condiciones similares al lugar donde se realizó la corta, o de contar con plantas nativas con una procedencia genética más o menos conocida. Respecto a ese último punto, Conaf está tratando de apalancar recursos de la comunidad internacional, con miras a fortalecer los viveros y por ello, la producción de plantas que sirvan para la forestación orientada a la compensación.

Además, el hecho que si la empresa tiene el compromiso legal de desarrollar una compensación forestal durante cinco años, surge la inquietud de cómo y quién se hará responsable de la misma al término de dicho período.

En ese contexto, Sartori menciona que se está evaluando un mecanismo que permita sustentar la continuidad de los planes de compensación mediante el pago por los servicios ambientales del bosque, que corresponde a los beneficios que la comunidad recibe de los diferentes ecosistemas forestales, como la captación y filtración de agua, o la mitigación de los efectos del cambio climático, entre otros.

Gestión y participación

Junto a la relevancia de contar con los recursos financieros necesarios para desarrollar y dar continuidad al plan de forestación, los especialistas señalan además la importancia de realizarlo como un proceso planificado, que considere la participación de los diversos actores.

María José Ruiz-Esquide, gerente técnico de la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN), advierte la necesidad de un enfoque integral del territorio, donde se realice una propuesta de ordenamiento, en el que “uno establece hacia dónde nos dirigimos con la restauración, con la reforestación, con qué especies plantamos, pero eso en virtud de las necesidades de cada territorio”.

En esa línea, el WWF está promoviendo el concepto de Plantaciones de Nueva Generación (PNG), “el cual incorpora una mejor planificación territorial en cuanto a la localización y diseño de las plantaciones y una mirada de paisaje resiliente, es decir, establecer paisajes multifuncionales con la finalidad de responder a temas sociales y ambientales complejos involucrados en el balance de las necesidades productivas y la sustentabilidad de los ecosistemas”, señala Cecilia Alcoreza, líder global de la Agenda de Celulosa, Papel y Embalaje de WWF.

La profesional explica que la “PNG recomienda mejores prácticas, como la restauración forestal, la protección de la vegetación ribereña, la protección de los bosques y las Áreas de Alto Valor de Conservación, todo en el marco de una planificación que tome en cuenta el paisaje y considere la participación activa de los actores locales. El objetivo final de esta visión inspiradora no solo busca transformar el desempeño ambiental y social de las empresas, sino también influir en la legislación y las políticas públicas, así como en otras partes interesadas y los diversos sectores productivos presentes en los paisajes”.

Exigencias

Los mecanismos de financiamiento REDD+ solicitan a los países el desarrollo de cuatro elementos base, que permitirán acceder a los beneficios de pagos por resultados establecidos:

Una estrategia o plan de acción nacional

Un sistema de información de salvaguardas

Un nivel de referencia forestal / nivel de referencia de emisiones forestales

Un sistema nacional de monitoreo, reporte y verificación

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