Punilla: embalse que hunde la tranquilidad de San Fabián

En abril del 2018 las primeras 31 familias afectadas con la construcción del embalase y la represa deberán salir de sus terrenos, sin tener aún claro donde se ubicarán y como subsistirán tras el desarraigo. Fuente: Crónica de Chillán, 13 de agosto de 2017.


Hablar del embalse Punilla con alguna de las 87 familias que están afectadas por el proyecto, es sinónimo de dolor. El desconsuelo de tener que dejar los terrenos donde tienen acumulados todos sus recuerdos, su vida y su trabajo, producto de la inundación que generará la represa, sólo se traduce en lágrimas.

Bajo la pena de lo que está pasando y lo que pronto sucederá, es como cada familia relata la larga historia que hay detrás del muro de 136 metros de altura, que se ubicará a 3 kilómetros donde confluyen los ríos Ñuble y Los Sauces, punto en el cual hacia el sector de la cordillera se acumulará el cauce, lo que ocasionará la inundación de 1.700 hectáreas, en cuyo fondo quedará sumergido su pasado. Ese es el punto cero para los 87 hogares. Ese es para ellos la muralla que cambiará su vida de raíz. “Este es el problema más grande que tenemos, ya que nos transforman la vida com- pleta. Es como volver a nacer, así de radical porque esta vida hermosa que tenemos, de los que somos nacidos y criados acá, la van a quitar y vamos a tener que dejar todo atrás.

Desde que partió el proyecto, todo ha sido muy injusto y no hay nadie que pueda decirme lo contrario, porque si uno vive tranquilo y feliz, y de un momento para otro te dicen que te debes ir de tu propiedad, la cual pagaste y más encima no te dan las herramientas para que el lugar donde quedes sea lo más pareddo a lo que tienes, eso es injusticia, y para colmo es el Estado quien te lo quita, justamente quien nos debería cuidar”, criticó Héctor Labrín, uno de los tantos afectados.

De los cinco sectores que serán afectados por la represa (Los Sauces – La Punilla, Chacayal – Santa Gertrudis, El Roble El Roble Huacho, PichirrincónQuebrada Oscura y Las Veguillas), la Dirección de Obras Hidráulicas del Ministerio de Obras Públicas ha expropiado 160 lotes desde el 2013 a la fecha, los cuales deberían aumentar a medida que avance el proyecto, el cual tiene una planificación de 10 años de construcción. Con este cronograma de trabajo, este será el último invierno para las primeras 31 familias que fueron expropiadas de sus timas, ya que en abril de 2018 la salida de sus casas sería inminente, dado que el sector en el que se ubican, La Punilla y algo de Los Sauces, es el primero que será inundado.

Justamente este invierno ha sido el más lluvioso en los últimos cinco años, como si la naturaleza los despidiera haciendo gala de lo marcado de sus estaciones, para que el recuerdo que los acompañe por el resto de sus vidas sea como cuando eran niños, donde la nieve tocaba el río y el viento en las hojas era música para los oídos. “Vivimos de los animales, somos crianceros. Si tenemos hambre vamos a la huerta y traemos el almuerzo, si queremos algo para el pan está la mermelada que preparan las señoras; si queremos calentar nuestras casas, la leña está en nuestros patios.

Si nos vamos a la ciudad y no tenemos dinero, no podemos comprar leña o cocinar. Se nos mintió desde un inicio, se nos dijo que íbamos a quedar igual o mejor que antes, cuando llegaron a mi casa nos dijeron que si uno tenía 15 vacas adonde nos ubicarían íbamos a poder criar 20 y ahora me dicen que tengo que vender las vacas, porque no hay solución para eso. Se nos dijo que los niños mayores de 18 años, que estén dentro de una familia, iban a ser indemnizados aparte y eso no pasó, díganme si eso no es una mentira”, reclamó Héctor Labrín, quien en la amplia cocina de campo, donde el olor a leña se mezcla con las cebollas colgadas en las vigas, se planifica lo que será el último año en casa.

A LA ESPERA DEL MILAGRO

Los proyectos de vida que han trazado las familias afectadas, hoy están detenidos y a la espera de lo que ellos llaman “un milagro” que termine con esta megaobra. Desde el sector La Punilla para arriba, hasta Los Sauces, están ubicados quienes primero deberán partir de sus tierras; en tanto las familias que se encuentran en los extremos del proyecto (sector El Roble y Puente Inglés) serán los últimos en salir y quienes tendrán el privilegio de sentir esos últimos años la tierra aún seca del San Fabián de Alico que luego se inundará. “Cuando vi las sinopsis del programa Lugares que Hablan y aparecía toda la belleza que tenemos, pensé que esto se perdería y me dije que no podía ser. Dios no puede permitir esto”, susurra Miryam Fuentes mientras su voz se ahoga en su llanto, pero desde la pieza su hijo de 5 años que la observa atento le grita: “Miryam, recuerda que no estés triste. Sin llorar”. “En televisión todos los días muestran lo que está pasando con el cambio climático y que no se debe permitir la deforestación en la precordillera y con este proyecto se está haciendo eso.

Se van a inundar grandes hectáreas de bosque nativo. Tengo la esperanza muy rara que algo va a pasar, cuando se piense en el daño que se le hará a la naturaleza, todo se revertirá y me voy a quedar acá, mantengo la esperanza. La verdad es que yo no sé si le tengo más cariño a este terruño que a mi casa, porque si me dijeran que me tengo que ir porque van a hacer aquí una reserva, no voy me a sentir con tanto dolor como el que siento ahora que me dicen que se va a inundar. Eso me duele más”, dice Miryam.

PLAN DESARROLLO SOCIAL

Son décadas en que los vecinos de los sectores que quedarán sumergidos aseguran no haber molestado a nadie con sus problemas de conectividad, de suministros básicos, de alimentación o de carencia de acompañamiento estatal. Tal como ellos dicen “nunca hemos tenido la necesidad de golpear las puertas del Estado para pedirle ayuda”.

Esta frase hoy resuena en los 43 puntos que abarca el Plan de Desarrollo Social (PDS), el cual se debe aplicar previo al inicio de las obras, con el objetivo de que las familias que salgan de sus predios cuenten con todas las herramientas para iniciar una vida sin complicaciones y dentro de las cuales está el monto que se les debe pagar por concepto de expropiación y bono de relocalización.

“Acá hubo una consultora primero, no recuerdo el nombre pero hicieron una serie de reuniones que no tomaron en cuenta todo lo que dijimos, sobre lo que se debía modificar. Nada de eso se incluyó en el Plan de Desarrollo Social; es más, éste no se encuentra validado por los vecinos, fue la ex alcaldesa quien lo validó y no se tomó en cuenta lo que dijo la comunidad afectada.

Ahora dicen que sólo van a aplicar lo que dice el PDS y en él no está considerado casi nada, como por ejemplo lo que va a pasar con los negocios que tiene la gente de acá. Entonces nos sentimos muy desamparados, es más, cuando empezaron a llegar empresas para hacer estudios les dijimos que no pueden entrar, porque en una parte de la Resolución de Calificación Ambiental (RCA) dice que no puede entrar mientras no esté aplicado el PDS con la familia”, explicó Sylvia Valenzuela, quien vive en el predio de sus padres, sitio que será expropiado.

El plan de trabajo de construcción del embalse detalla que la salida de las 87 familias se hará en forma progresiva. Primero las 31 del sector que está más cercano al muro, que es además con el que se inicia la inundación, y luego con los dos sectores que están en los extremos del embalse. Y si bien hasta este punto se contabilizan tres villorios, los otros dos que se incluyeron (Las Veguillas y Pichinincón) tendrán compensaciones, pero no las familias sino que la comunidad de San Fabián.

“Tenemos nuestras raíces acá y este embalse nos tiene completamente afectados, ya que nada ha sido concreto y no se cumplió lo que se prometió, nos expropiaron a la pinta de ellos. Desde que se inició el proyecto han cambiado muchas cosas, esto es igual que cuando nos decían que venía el lobo y el lobo nunca llegó, pero ahora el lobo está encima.

Nos van a atrancar las raíces de donde vivimos, ¿cómo creen que nos sentimos al tener que dejar toda una vida acá? Que nos digan que debemos dejar el terreno así no mas, como cuando uno deja cualquier cosa, no me parece, porque somos propietarios y criamos a toda nuestra familia. Esta casa está construida de esta forma porque teníamos un proyecto de trabajo y ahora ya no hay proyecto, y tampoco se nos va a indemnizar por este trabajo que construimos a pulso”, precisó Hortencia Marabolí, cuya casa está a metros de donde se edificará el embalse.

CERCA DEL VOLCÁN

Una de las críticas que realizó en su momento la comunidad sanfabianina fue la exclusión del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) de participar en el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) del proyecto, sobre todo por el posible riesgo vulcanológico en torno a la represa, a raíz de que su muro se ubica a una distancia aproximada de 20 kilómetros del complejo volcánico Nevados de Chillán.

“El muro se va a construir a 16 kilómetros del complejo volcánico, pero en línea directa son mucho menos. Tiene una falla geológica que quedó desde el terremoto del 2010 y hay un estudios de la Universidad de Chile que señala esta falla geológica y otro estudio dice que el complejo volcánico es un peligro inminente, y por lo tanto se debería hacer un muro de similares condiciones y altura en el río El Gato, porque ése es el afluente más directo del volcán y que de esta manera se retenga todo el sedimento, ya que podría generar un desastre mayor y de eso nadie se ha hecho cargo. ¿Cómo se explica que Sernageomin, en la votación del proyecto, donde se debe evaluar, se excluya, para que no se responsabilice cuando el complejo pueda hacer erupción? Aquí hubo lahares”, aclaró Lorena Navarrete, dirigenta de los vecinos afectados.

Las investigaciones hechas en torno a los tres volcanes que componen este complejo, junto con la posibilidad de que se genere un lahar, fueron materia de estudio que quedó atrás y hoy la lucha se mantiene en torno a que la construcción de los 136 metros de altura y 500 me-tos de coronamiento que tendrá el muro sea hecha de la mejor forma y sin pasar a llevara la comunidad.

“Tengo una opinión mucho más radical, a mí no me van a convencer ni van a comprar mi conciencia, porque la forma de vida que tiene la gente acá no la va a tener en otro lado, no van a compensar nunca la tranquilidad”, subrayó Lorena Navarrete.

El proyecto, que tiene una antigüedad de casi 90 años y permitirá regar cerca de 70 mil hectáreas con una seguridad de un 85%, mucho más que las 30 mil que hoy se consiguen, tiene además un doble propósito, ya que cuando se saca el agua para riego ahí mismo pasa por una turbina, con la cual se produce electricidad, lo que a juicio de los vecinos se incluyó al final.

“Nos hemos sentido engañados porque primero se habló de un embalse y ahora de una hidroeléctrica. Todo es complicado por el hecho de que nos cortan los brazos, se puede decir lo mismo de mi trabajo. No hay palabras como para explicar lo que uno siente, porque el dolor que uno siente es tan grande, que a uno lo saquen de su casa”, confesó Héctor Valenzuela, lugareño cuyo negocio es el arriendo de caballos en el área de influencia del embalse.
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87 Familias son afectadas directamente con la construcción del embalse, de las cuales 31 deben salir en abril del próximo año.

136 metros de altura tendrá el muro del embalse que inundará 1.700 hectáreas y que permitirá el riego de 70 mil hectáreas.

Crianceros de ganado

La crianza de chivas, vacuno o caballos es parte de la economía de la gente que vive en los lotes que ya fueron expropiados. “A uno como que le da un poco de impotencia tener que salir de acá y partir de nuevo, comenzar de abajo otra vez y sin saber dónde, porque con la miseria de plata que están pagando no sabemos dónde vamos a ir a parar. Ni donde vamos a criar nuestros animales”, se cuestionó Osman Fuentes. Las mismas preguntas pasan por la cabeza de Vitelino González, quien lleva más de seis décadas en su propiedad. “Es una pena grande, porque acá están todos nuestros recuerdos. somos crianceros. ¿Y qué voy a hacer con eso?, ¿terminar todo?, ¿y de qué vamos a vivir después?. ¿qué haré con mis animales? No hay respuesta para todo esto”.

Ingrid Acuña Caballero

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