Informe de la ONU: Hay una “diferencia catastrófica” entre promesas y acciones contra el calentamiento

Las cifras de reducción de emisiones a las que se han comprometido los países no permiten contener el calentamiento global a menos de 2 °C, como se requiere. Fuente: El Mercurio, 1 de noviembre de 2017.


“Los compromisos actuales de los estados cubren apenas un tercio de las reducciones de emisiones necesarias, abriendo una brecha peligrosa” que anuncia grandes desajustes (calor extremo, inundaciones, superhuracanes…), declaró ayer Erik Solheim, director del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUE), tras la entrega del informe anual de la organización sobre la acción climática mundial. El documento es publicado a pocos días de la apertura el lunes en Bonn de la 23ª conferencia de la ONU sobre el cambio climático (COP23).

El informe advierte que existe una diferencia “catastrófica” entre las promesas nacionales de limitación de emisiones de gases de efecto invernadero y las acciones necesarias para contener el calentamiento global a menos de 2 °C.

“Gobiernos, sector privado y sociedad civil deben colmar esta diferencia catastrófica”, agregó. “Un año después de la entrada en vigor del acuerdo del clima de París, estamos lejos de hacer lo necesario para impedir una vida de miseria a cientos de millones de personas”, agregó Solheim.

Lejos de los objetivos

“El acuerdo de París impulsó la acción climática, pero esta dinámica claramente se está debilitando”, opina el ministro costarricense Edgar Gutiérrez Espeleta, presidente para 2017 de la Asamblea de Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

Según el informe del PNUE, al mismo tiempo es fundamental “acelerar urgentemente las acciones a corto plazo y reforzar la ambición a largo plazo”.

“Todos los países están implicados, especialmente el G20, responsable de tres cuartas partes de las emisiones”, agrega el informe.

La revisión de los compromisos nacionales, prevista en 2020 por el Acuerdo de París, será la “última ocasión” para encontrar el camino correcto para 2030: si no es así, “es extremadamente improbable que el mundo quede por debajo del objetivo de los 2 °C y desde luego del 1,5 °C de calentamiento respecto de la revolución industrial”, advierte la publicación.

Los compromisos de reducción de emisiones en el horizonte de 2025 o 2030, que presentaron voluntariamente los estados en la COP21 a fines de 2015, harían que el termómetro suba más del 3 °C en 2100.

Para quedar por debajo de los 2 grados habría que emitir como máximo 41,8 gigatoneladas (Gt) equivalente de CO {-2} en 2030, contra 51,9 Gt en 2016. Y si los países se limitan a sus actuales compromisos, sin reforzarlos, producirán 52,8 Gt en 2030.

El PNUE cita las acciones posibles y necesarias para ahorrar más de 30 Gt por año antes de 2030 (renovación de inmuebles, energías renovables, transportes…), pero admite que persisten numerosas incertidumbres relativas a las tecnologías, y la capacidad o voluntad de los estados.

También se impone el cierre de las centrales de carbón, que según el organismo de la ONU serían 6.683, más otras en proyecto.

“El PNUE hace lo que puede para intentar conservar una visión optimista, pero el futuro es lúgubre”, comenta el climatólogo Glen Peters a la AFP.

“Ya es el octavo informe, y cada año la conclusión es la misma: “Hay que actuar urgentemente; hay medios a disposición”. Pero, en el detalle, el texto es más bien sombrío” este año, agrega.

En efecto, cada acción “está en el límite de la viabilidad”, subraya el experto del centro de investigación Cicero (Oslo). “Y si una de ellas fracasa, no podremos colmar la diferencia en 2030”, explica.

Temperatura y salud

Los “síntomas” provocados por el aumento de las temperaturas y la multiplicación de los “acontecimientos climáticos extremos” son “visibles desde hace unos años y su impacto en la salud es peor de lo que pensábamos”, concluye un estudio publicado en The Lancet.

Así, entre los años 2000 y 2016, el número de personas afectadas por las olas de calor aumentó en alrededor de 125 millones, con un récord de 175 millones de personas en 2015. Las olas de calor pueden provocar estrés térmico, agravación de insuficiencia cardíaca o una insuficiencia renal por deshidratación.

Entre 2000 y 2016, el número de desastres relacionados con el clima (huracanes, inundaciones, sequías…) aumentó en un 46%, según el estudio.

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