Científico advierte que en devastada Villa Santa Lucía la amenaza sigue latente

Señala que sobrevuelos en la zona muestran la existencia de una laguna represada por el deslizamiento, que podría ser una nueva amenaza para el lugar. Recomienda tomar precauciones en el lugar. Fuente: El Diario Austral de Valdivia. 20 de diciembre de 2017.


Cada día que pasa, la magnitud de la catástrofe vivida en Santa Lucía, en la Provincia de Palena, se acrecienta, dejando al descubierto la fragilidad de los sistemas de alerta y prevención de desastres en el país.

El Gobierno, a través de Sernageomin, ha iniciado el proceso de recolección de datos, para entender las causas del evento que hasta el momento ha cobrado la vida de 13 personas, provocando pérdidas económicas y la interrupción la conectividad vial.

En la Universidad Austral de Chile, el ingeniero ambiental Dr. Bruno Mazzorana, del Núcleo de Investigación en Riesgos Naturales y Antropogénicos (RINA) y perteneciente al Instituto de Ciencias de la Tierra, señala que no existe una sola variable para explicar lo ocurrido, sino que se trata de concatenación de hechos.

El profesional relata que la revisión de imágenes sateitales del sector indica que el aluvión pudo deberse a una remoción en masa en la parte alta de la cuenca del río Burritos, lugar donde probablemente había ocurrido un deslizamiento anterior (en los últimos 50 años). La avalancha de rocas comprometió además un glaciar existente en el lugar.

Eso pudo gatillar un evento de flujo de alta energía con material sólido, líquido y leñoso que se propagó a lo largo del corredor fluvial del Burritos y posteriormente del Rio Frio encauzándose en un tramo confinado aguas arriba del poblado y desembocando de este tramo como flujo hiperconcentrado muy destructivo.

En la zona afectada situada en la llanura aluvial ocurrió la dinámica distributiva típica de eventos extremos en zonas de montaña, que en virtud de su intensidad y magnitud buscan su propio camino desbordando el cauce principal, “Porque el río en ese sector está menos confinado y se pudo mover más libre debido a la geomorfología de la zona, formando una especie de abanico aluvial. Las características deposicionales sugieren que se pudo tratar de un flujo particularmente denso en transición entre un comportamiento líquido y plástico dejando un margen deposicional neto típico de este tipo de procesos”, sostuvo.

CAMBIO CLIMÁTICO

Mazzorana fue enfático en señalar que la amenaza en el sector sigue latente, “ya que es muy posible el desprendimiento de nuevas masas de material, por lo que la acción de las autoridades en el corto y largo plazo debiese planificarse teniendo en cuenta el riesgo existente”. De hecho sobrevuelos en la zona muestran la existencia de una laguna represada por el deslizamiento que podría ser una nueva amenaza.

Así también el científico de RiNA, apunta que el cambio climático favorece esta dinámica.

“Antes los glaciares servían como un mecanismo de protección ante estos eventos, sin embargo, hoy, con el retroceso y debilitamiento de estas capas de hielo, lamentablemente pasa a ser una causa de riesgo de aluviones”, afirmó.

De acuerdo a la visión personal de Mazzorana, se deben levantar datos y documentar el evento, “para que permita el trabajo con herramientas, como el plano regulador que permita la zonificación del riesgo y así evitar que este tipo de desastres afecte a la comunidad en el futuro”.

El científico participó en el proyecto internacional RCUKConicyt project “Glacial Hazards in Chile: processes, assessment, mitigation and risk management strategies” y entre cuyos resultados se señala la elevada susceptibilidad del territorio chileno a procesos de este tipo y se recomienda analizar de forma sistemática estos procesos de amenaza como antecedente para la planificación de la infraestructura estratégica potencialmente expuestas.

“Es muy posible el desprendimiento de nuevas masas de material, por lo que la acción de las autoridades debiese planificarse teniendo en cuenta el riesgo” Bruno Mazzorana Investigador Núcleo RINA.

Trabajo de la Mach en Chaitén

La Universidad Austral de Chile, a través de un proyecto Fondecyt del investigador Andrés Iroumé, en el cual también participa Bruno Mazzorana, está trabajando en la zona con el objetivo de estudiar el cambio de la geomorfología fluvial del río Blanco, después de la erupción del volcán Chaitén en el año 2008.

Galo Valdebenito, Director Núcleo RINA.

-¿Somos una sociedad preparada?

La tragedia de Villa Santa Lucía no ha dejado a nadie indiferente. Yes que la naturaleza se encarga de recordarnos nuevamente de que vivimos en un país en permanente condición de riesgo. Porque en Chile se conjuga lo que queramos: erupciones volcánicas potentes, sequías, incendios enormes, inundaciones, el terremoto más grande de la historia, tsunamis y por si fuera poco, aluviones que de norte a sur empiezan a asomarse con cada vez más frecuencia, como tal vez un anticipo a un siglo de profundas transformaciones de todo tipo a esto del cambio climático.

Lo ocurrido el fin de semana pasado en esa bella localidad de la Ruta Austral obedece a un fenómeno ciertamente no poco habimal que conjuga fuertes pendientes, deforestación, lluvias intensas e inestabilidad geotécnica de las laderas, ¿Algo predecible?

Ciertamente el conocer la geomorfología, hidrología y las principales variables que gatillan estos procesos ayuda muchísimo a evitar pérdidas como esta. Contar con mapas de amenaza nos permite conocer lo que nos puede causar dolor. Pero además es necesario conocer que tan susceptibles somos ante esa amenaza, lo que llamamos vulnerabilidad, ingredientes esenciales que nos permiten conocer el riesgo de un sector. En un país con particulares condiciones de amenaza, el manejo del riesgo debe ser una política de estado, inserto a todo nivel en los planes escolares, que realmente donde forjamos una sociedad resiliente. Estos fenómenos se liarán cada vez más frecuentes a consecuencia del cambio climático. La pregunta es dónde ocurrirá la próxima vez, y qué liaremos para anticiparnos.

El Marco de Sendai establece que se debe primar por una oportuna gestión del riesgo de desastres, más que en la gestión del desastre en sí mismo. No puedo estar más de acuerdo. Y es que en materia de gestión del riesgo aún nos falta mucho el 27F nos hizo despertar. Es de esperar que no nos volvamos a dormir.

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