Estudio comprueba que la contaminación atmosférica perjudica el desarrollo cerebral de los niños

UNICEF insta a tomar medidas inmediatas para reducir la contaminación del aire tras la presentación de nuevas pruebas que indican que el aire tóxico puede afectar el desarrollo del cerebro de los niños pequeños. Fuente: Unicef.org, 6 de diciembre de 2017


Casi 17 millones de bebés menores de un año viven en zonas donde la contaminación atmosférica excede al menos seis veces los límites internacionales, una situación que les expone a respirar aire tóxico y pone en peligro su desarrollo cerebral, según un nuevo documento de UNICEF publicado hoy. Más de las tres cuartas partes de estos niños pequeños –12 millones– viven en Asia meridional.

Danger in the Air: How air pollution can affect brain development in young children (Peligro en el aire: cómo la contaminación del aire puede afectar el desarrollo del cerebro en los niños pequeños) señala que respirar partículas de aire contaminado puede dañar el tejido cerebral y socavar el desarrollo cognitivo, con implicaciones y contratiempos para el resto de la vida.

“Los contaminantes no solo dañan los pulmones en desarrollo de los bebés, pueden dañar permanentemente sus cerebros en desarrollo y, por lo tanto, su futuro”, dijo el Director Ejecutivo de UNICEF, Anthony Lake. “Proteger a los niños de la contaminación del aire no solo beneficia a los niños. También beneficia a sus sociedades al reducir los costos de la atención médica, aumentar la productividad y crear un entorno más seguro y más limpio para todos”.

Las imágenes por satélite revelan que en Asia meridional se encuentra la mayor proporción de bebés que viven en las zonas más afectadas, ya que hay 12,2 millones de bebés que residen en lugares donde la contaminación del aire exterior excede seis veces los límites internacionales establecidos por la Organización Mundial de la Salud. La región de Asia oriental y el Pacífico es el hogar de unos 4.3 millones de bebés que viven en zonas que exceden seis veces el límite.

El documento muestra que la contaminación del aire, como la nutrición y la estimulación deficientes, y la exposición a la violencia durante los primeros 1.000 días fundamentales de la vida, pueden afectar el desarrollo de los niños en la primera infancia al afectar sus cerebros en crecimiento:

• Las partículas ultrafinas de contaminación son tan pequeñas que pueden ingresar en el torrente sanguíneo, viajar al cerebro y dañar la barrera hematoencefálica, lo que puede causar neuroinflamación.

• Algunas partículas de contaminación, como la magnetita ultrafina, pueden penetrar en el cuerpo a través del nervio olfatorio y el intestino y, debido a su carga magnética, crear estrés oxidativo, un trastorno que se sabe que causa enfermedades neurodegenerativas.

• Otros tipos de partículas contaminantes, como los hidrocarburos aromáticos policíclicos, pueden dañar las zonas del cerebro que desempeñan una función esencial al ayudar a las neuronas a comunicarse, algo que constituye la base para el aprendizaje y el desarrollo de los niños.

• El cerebro de un niño pequeño es especialmente vulnerable porque puede sufrir daños con una dosis menor de sustancias químicas tóxicas que el cerebro de un adulto. Los niños también son muy vulnerables a la contaminación del aire porque respiran más rápido y también porque sus defensas y su inmunidad física no están completamente desarrolladas.

El documento describe medidas urgentes para reducir el impacto de la contaminación del aire en los cerebros en crecimiento de los bebés, entre ellas acciones inmediatas que los padres pueden llevar a cabo para reducir la exposición de los niños en el hogar a humos dañinos producidos por productos derivados del tabaco y el fuego de las cocinas y los calentadores:

• Reducir la contaminación del aire invirtiendo en fuentes de energía más limpias y renovables para reemplazar la combustión de fósiles; proporcionar acceso asequible al transporte público; aumentar los espacios verdes en zonas urbanas; y brindar mejores opciones para la gestión de desechos a fin de evitar la quema al aire libre de productos químicos nocivos.

• Reducir la exposición de los niños a los contaminantes procurando que se trasladen durante los períodos del día en que la contaminación del aire es menor; proporcionar máscaras de filtración de aire apropiadamente ajustadas en casos extremos; y establecer una planificación urbana inteligente para que las principales fuentes de contaminación no estén ubicadas cerca de escuelas, clínicas u hospitales.

• Mejorar la salud general de los niños para facilitar su capacidad de recuperación. Esto incluye la prevención y el tratamiento de la neumonía, así como la promoción de la lactancia materna exclusiva y una buena nutrición.

• Mejorar el conocimiento y el seguimiento de la contaminación del aire. La reducción de la exposición de los niños a los contaminantes y las fuentes de contaminación del aire comienza por comprender en primer lugar la calidad del aire que respiran.

“Ningún niño debería tener que respirar aire peligrosamente contaminado, y ninguna sociedad puede permitirse ignorar la contaminación del aire”, dijo Lake.

Bajar documento en inglés aquí Danger_in_the_Air

 

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