Más de tres mil ejemplares han varado en el borde costero del país en los últimos cinco años

Informe del Sernapesca abarca el período 2013-2017. Fuente: El Mercurio, 28 de marzo del 2018.


Masivos varamientos incluyen unas 50 especies y un total de 3.601 ejemplares. Entre las causas se hallarían ciclos de hambruna, intervención del hombre y marea roja.

“Si se empieza a notar un aumento en la mortandad masiva de ballenas, claramente la percepción de la gente de afuera va a cambiar sobre Aysén”. Con esas palabras, Patricio Merino, habitante de Raúl Marín Balmaceda -pequeña localidad de la Patagonia-, expresa el temor por las masivas varazones de fauna marina registradas en la zona en los últimos años.

En el Golfo de Penas, cerca de Tortel, se hallaron en 2015 los restos de 367 ballenas del tipo sei, uno de los mayores casos del que se tenga registro, lo que impactó a la comunidad internacional. Un año después, también en Aysén, 124 cetáceos del tipo calderón negro vararon en las cercanías de la Isla Clemente.

Más al norte, en Mejillones, Región de Antofagasta, pobladores denunciaron en noviembre pasado una alta mortandad de tortugas marinas. Juan Menares, ex pescador artesanal que vive en el lugar, atribuye el fenómeno a la contaminación de las aguas cercanas a la bahía. “Hay muchas especies que están apenas sobreviviendo, porque si no hay cadena alimentaria de ahí para abajo muere todo”, afirma.

Según el informe del Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca), en 2013 se contabilizó el varamiento de 581 ejemplares de fauna marina en las costas chilenas. Una cifra que casi se duplicó tres años después, incluyendo 437 pingüinos. En total, en el período se han visto afectadas unas 50 especies y 3.601 ejemplares (ver infografías).

Para Carlos Guerra, doctor en Biología de la Universidad North Texas, la notoria alza en varazones de ballenas podría atribuirse a una recuperación de la población de cetáceos, “que estuvo bastante deprimida anteriormente”.

En el caso de los pingüinos, lo atribuye principalmente a ciclos de hambruna. “El pingüino es un cazador perseguidor, no come cualquier pescado. Entonces, cuando hay baja en su oferta alimentaria, llegan con inanición a la costa, muy flacos, y el mismo organismo de ellos, cuando no se alimentan bien, comienza a consumir sus músculos”, comenta el también director del Centro de Rescate de Fauna Silvestre de la Universidad de Antofagasta.

Para Mauricio Ulloa, jefe de la Unidad de Rescate y Conservación de Fauna Marina del Sernapesca, en el fenómeno también juega un rol el calentamiento global: “Desde 2009 en adelante se nota un aumento en los varamientos en general. Las razones son múltiples, pero el cambio climático en el planeta ha incidido de manera importante”. Agrega que eso ha incidido, por ejemplo, en que muchas especies deban recorrer grandes distancias para alimentarse, lo que multiplica las crías abandonadas.

Ulloa agrega que en el histórico varamiento de las ballenas en Aysén la causa se hallaría en la propagación de la marea roja en esa zona de la Patagonia, por la mayor temperatura del agua.

TOXINAS

La mayor temperatura de las aguas favorece a microalgas causantes de la marea roja, que merma las especies.

Carlos Cerda

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