Acumulación de basura en la costa y tala de árboles amenazan a futuro parque Kawésqar

“El Mercurio” navegó en parte de estas 2,8 millones de hectáreas, la más extensa de la red de parques de la Patagonia. Ahí, el único guardaparque de Conaf, Jovito González, alerta sobre daños y falta de presencia estatal. Fuente: El Mercurio. 4 mayo de 2018.


En el mapa de Chile, parece una explosión de islas de distintos tamaños, penínsulas, bahías y fiordos que dan forma a una geografía que ni la mano más experta podría dibujar fielmente. Cuesta imaginarlo, pero en el futuro parque nacional Kawésqar, en Magallanes, se estima que hay unos 70 mil kilómetros de costa, casi dos veces la circunferencia del planeta.

Tal vez quede corto el cálculo, dice Jovito González, administrador y único guardaparque de Conaf aquí, porque se refiere solo al área que ha tenido a cargo desde 2007: la reserva nacional Alacalufes, de 2,3 millones de hectáreas, creada en 1969. Es la zona fundadora del futuro parque nacional Kawésqar, a la cual se sumarán 506 mil hectáreas fiscales de la península Muñoz Gamero y otras 26 mil hectáreas de la Estancia León (donadas por la Fundación Tompkins) para conformar, con 2,8 millones de hectáreas, casi el 60% de la superficie de la nueva red de parques de la Patagonia.

Los decretos de Bienes Nacionales que crean estas áreas ingresaron a toma de razón a Contraloría en los meses finales del gobierno anterior y aún están en ese trámite, confirman en esa repartición.

“El Mercurio” navegó en el fiordo de Las Montañas y alrededores, uno de los sectores más turísticos y, por ello, afectados por desembarcos no autorizados y sin ningún aviso a Conaf.

“El Estado no tiene presencia en el área”, plantea González, quien advierte que se necesita fiscalizar el uso que se hace de esta zona protegida para impedir más daños ambientales como los que hoy ocurren.

En los patrullajes, que realiza cuatro o seis veces al año, los que se extienden hasta por 15 días en la lancha de Conaf prestada por el vecino parque Bernardo O’Higgins, ha descubierto más de cien puntos en el borde costero donde los pescadores artesanales buscan abrigo, levantando ranchos y toldos, y dejan toda clase de desechos plásticos, envases, ropas, etc. “Hay mucha basura, arrojan todo al agua. Incluso, hacen cambio de aceite a los motores y eso también va al agua”, describe.

Ha hecho varios informes de ese proceso, que es acumulativo porque todos los años unos dos mil pescadores realizan faenas y desembarcan en fiordos y bahías protegidas, donde además cortan árboles (ciprés de las Guaitecas y coigüe de Magallanes) para hacer fuego y cocinar, y también para venderlos y así aumentar sus ingresos.

Hay ocupaciones ilegales, como en bahía Virtudes, donde instalaron unas 30 casas para continuar pescando. “Pero luego desaparecieron, usaron las tablas para hacer fuego, y quedó mucha basura que se fue al fondo marino”, señala González.

En esas soledades, nadie los ve. A Conaf le resulta difícil realizar alguna denuncia y solo logra constatar los daños.

“Es un problema no tener personal suficiente y presencia efectiva adentro”, lamenta el guardaparque. La situación, detalla, quedó descrita en el plan de manejo de la reserva Alacalufes aprobado en 2014. En ese texto se propuso construir instalaciones para Conaf, asignar una lancha y sumar más funcionarios.

Pese a la decisión política de recategorizar la reserva como parque, no hubo más presupuesto para el sistema de áreas protegidas. Así, para la fiscalización de las 2,3 millones de hectáreas no se cuenta más que con $8 millones al año, presupuesto que se gasta principalmente en el combustible de la lancha.

En la Conaf argumentan que no puede controlar a quienes ingresan a pescar o con otros fines, porque eso le corresponde a la Armada y a Sernapesca. Solo los detectan por los desembarcos en el parque que dejan desechos y por la corta de árboles.

Con predominio de coigües y cipreses, el bosque fue muy explotado anteriormente por particulares, porque la condición de reserva lo permitió hasta junio de 2017. Se llegaron a sacar 35 mil árboles al año, para postes, cercos y embarcaciones. “Esto produjo un impacto en la composición del bosque, que era coigüe y ciprés principalmente, porque al sacar el ciprés se produjo un desbalance en el ecosistema forestal”, dice González.

Ausencia étnica

Ningún descendiente de kawésqar, el pueblo canoero que ocupó estas aguas hace seis mil años, vive en la zona, a diferencia del vecino Parque Bernardo O’Higgins, que rodea a las comunidades de Puerto Edén.

Cuando se comenzó a diseñar el plan de manejo vigente, en 2009, en la reserva participó solo un grupo de descendientes kawésqar. Ahora, en cambio, son 12 las organizaciones en Puerto Natales y Punta Arenas que se organizaron cuando el Ministerio de Bienes Nacionales los convocó en 2017 a una consulta indígena (por el Convenio 169 de la OIT) por la creación de parque nacional Kawésqar.

Esas organizaciones pidieron coadministrar el parque y controlar el área marítima, no otorgar más concesiones a salmoneras y evitar el turismo masivo, lo que el gobierno pasado acogió, pero dejó su solución pendiente.

Turismo al alza

Según datos de Conaf, 1.742 personas visitaron la reserva Alacalufes en 2017. El 61% eran extranjeros.

La zona es de difícil acceso; solo se llega navegando. Muchos turistas conocen el sector del fiordo de Las Montañas en las naves de Skorpios, que realiza tours para observar glaciares, aves y fauna. La empresa tiene un convenio con Conaf, paga el ingreso de los pasajeros, y ante la falta de medios de la corporación, colabora con el traslado del guardaparque para que pueda constatar la condición de las costas y del sendero de acceso al glaciar Bernal.

Es la empresa de la cual se tiene mayor información. Sin embargo, en Conaf saben que en Puerto Natales y en Punta Arenas hay agencias que ofrecen tours en lanchas sin dar aviso ni pagar entradas y desembarcan a los visitantes en el área protegida. También hay barcos de expediciones que realizan excursiones en la zona.

El año pasado, a nivel regional, se comenzó a elaborar un proyecto FNDR para dotar a este territorio de una guardería de Conaf y de una lancha para fiscalizar, como un paso básico para marcar presencia, sin tener que esperar a 2023-2026, como sugiere el plan de la red de parques.

Desde el nivel nacional, en tanto, no hubo ninguna visita a la zona ni contacto con el administrador de la reserva para recabar información antes de crear la red de parques de la Patagonia. En Santiago confirman que hubo un reconocimiento aéreo para definir los límites del parque Kawésqar y que todo eso se bajó al papel.

Todo se hizo con absoluto hermetismo. De los pasos cruciales, cuando el Consejo de Ministros aprobó la creación del parque o cuando la Presidenta Michelle Bachelet firmó los decretos, Jovito González, quien lleva 40 años de trabajo en Conaf-Magallanes -30 de ellos en el parque Torres del Paine-, dice que se enteró “como todos, por la prensa”.

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