Industria agroalimentaria realiza ofensiva política para evitar pagar impuestos verdes

En el gremio hacen ver que se genera una situación dispar, pues una empresa con una capacidad de 45 MW puede trabajar todo el año sin pagar el impuesto, mientras que una que posee 55 MW paga, aunque trabaje tres meses en el año. Fuente: Revista Electricidad. 22 mayo de 2018.


La industria agroalimentaria, reunida en el gremio Chilealimentos, está realizando una ofensiva en el Congreso para evitar pagar impuestos verdes. La semana pasada, la organización expuso en la Comisión de Hacienda y de Agricultura de la Cámara de Diputados, argumentando que “hay un error ambiental en el impuesto y es que no se reconoce el carácter ‘verde’ de la agroindustria”, explican el director de Chilealimentos, Karl Huber, y su gerente general, Guillermo González. Su planteamiento ya lo han hecho antes tanto con las autoridades del gobierno de Sebastián Piñera como del de Michelle Bachelet.

El impuesto verde es un gravamen que afecta las emisiones de fuentes fijas de establecimientos que tengan calderas y turbinas con potencia igual o superior a 50 megawatts térmicos.

Los representantes de la entidad detallan que los frutales y cultivos industriales abaten (neutralizan) anualmente dos millones de toneladas de CO2 (dióxido de carbono) y el impuesto a las agroindustria se impone sobre la emisión de 363 mil toneladas de CO2, considerando los cultivos de uva, manzana, durazno conservero, tomate industrial y remolacha. Es decir, si bien hay una parte del sector que contamina, es mucho mayor aquella que no lo hace y, es más, ayuda a descontaminar. “La agroindustria es una actividad verde que abate una gran cantidad de emisiones, porque los huertos frutales, hortalizas y cultivos son biomasa que capta CO2 del aire. Por ello, la señal de castigar con impuesto a esta actividad está mal dada, ya que se castiga un sector que aporta ambientalmente”, dice Huber.

Según datos del SII, al desglosar las cifras de recaudación de tributos verdes por sector, la generación eléctrica equivale al 94% del total pagado por instalaciones fijas, secundado por celulosa/papel (2%), otros (2%), agrícola (1%) y pesquera (1%).

En el gremio hacen ver que se genera una situación dispar, pues una empresa con una capacidad de 45 MW puede trabajar todo el año sin pagar el impuesto, mientras que una que posee 55 MW paga, aunque trabaje solo tres meses en el año.

“La agroindustria trabaja un período corto al año y paga el impuesto. Uno de los grandes errores al elaborar la ley fue que no se consideró el abatimiento del CO2 que realiza gran parte de la agroindustria. Si el sector deja de funcionar, el impacto medioambiental sería mayor”, hacen ver en Chilealimentos.

El impacto más dramático del impuesto para el sector agroindustrial es el aumento desproporcionado de la carga tributaria, explican. “La tasa normal de impuesto es de 27%, pero hay casos en que el impuesto ha aumentado la carga a un 43% o ha generado pérdidas en las compañías”, alerta el gremio. Con ello, disminuye la competitividad del sector, insisten.

“La forma natural de crecimiento de la agroindustria es por volumen. Hay muchas empresas que no pagando el impuesto no tienen cómo crecer, y cuando crecen, entran al impuesto, lo que afecta su competitividad. Con ello, no hay un incentivo para que las empresas crezcan”, argumenta Chilealimentos.

Las gestiones tuvieron eco entre los parlamentarios, dado que se elaborará una propuesta de proyecto de acuerdo para ser presentada en un plazo de 15 días a la Comisión de Agricultura de la Cámara.

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