Descubrimiento de litio en Perú: desafíos de la riqueza del oro blanco

El descubrimiento en Perú del que sería el mayor yacimiento de litio del mundo, abre una serie de interrogantes sobre las consecuencias sociales y medioambientales del futuro megaproyecto. Fuente: Deutsche Welle. 1 agosto de 2018.


Lo que hasta ahora era conocido como el “triángulo del litio”, la zona ubicada entre Bolivia, Chile y Argentina, con las mayores reservas mundiales del llamado oro blanco, pronto debiera cambiar de nombre. El descubrimiento de un yacimiento en Perú que, según informaciones preliminares contendría 2,5 millones de toneladas de carbonato de litio, configura un nuevo y complejo panorama geopolítico, económico, social y medioambiental.

Según la empresa canadiense Plateau Energy, a cargo del proyecto, Falchani sería el primer depósito de litio en roca descubierto en Sudamérica y podría convertirse en una de las minas más grandes del mundo. El yacimiento, ubicado en un lago prehistórico cubierto de lava en la zona norte del departamento de Puno, en el sureste peruano, contendría también 124 millones de libras de uranio, que era, originalmente, el metal que buscaba la operadora cuando hizo el sorpresivo hallazgo.

La noticia ha causado gran expectación, considerando la creciente demanda para la fabricación de baterías, que ha triplicado el precio del carbonato de litio en los últimos tres años, cuya tonelada hoy se cotiza desde US$12.500. Ejecutivos de la empresa estiman que Perú podría comenzar la exportación por US$500 millones al año a partir del 2021.

“Hay muchas expectativas de explotación, pero también recelo de parte de la población local y regional por el impacto que el proyecto pueda tener en la zona. Perú está un momento político complicado, de búsqueda de estabilidad en el gobierno, pero es también un momento económicamente desafiante”, dijo Narda Henríquez, socióloga de la Pontificia Universidad Católica del Perú, PUCP, en entrevista con DW.

Escenario propicio para conflictos

El auge de las materias primas en América Latina en los últimos 15 años trajo un aumento de los proyectos de minería a gran escala y de extracción de otros recursos naturales. “Paralelamente, en casi todos los países surgieron conflictos sociales asociados a estas inversiones”, afirma a DW, por su parte, la politóloga Bettina Schorr, directora del Programa trAndes sobre Desarrollo Sostenible y Desigualdades Sociales en los Países Andinos.

Los mismos riesgos de conflictividad están presentes en un potencial megaproyecto de litio, donde podrían generarse disputas redistributivas, territoriales, de participación, ambientales y sociales. “La minería se asocia a costos ambientales, sobre todo para quienes viven cerca, con contaminación del agua o del suelo y escasez de agua”, subraya Bettina Schorr. También los problemas económicos y sociales, la riqueza que no beneficia a la población más pobre del lugar y la migración de personas que llegan buscando trabajo, son aspectos de este complejo asunto.

Regulaciones como los estudios de impacto ambiental y la consulta previa serán claves. “En Perú hay mucha sensibilidad en torno a los proyectos de minería y ha habido numerosas movilizaciones y conflictos locales”, indica Schorr. La presencia de organizaciones sociales, campesinas e indígenas muy activas hace prever una serie de negociaciones.

En opinión de Narda Henríquez, investigadora visitante en la Universidad Libre de Berlín del programa de posgrado trAndes, en los últimos años, los gobiernos peruanos han mostrado poca preocupación por las regulaciones ambientales. Actualmente, los problemas de corrupción en el poder judicial y la estabilidad política amenazada son temas prioritarios y hay interrogantes sobre el futuro de las políticas para el medioambiente.

Impacto en una zona de pobreza y arqueológica

“Puno es uno de los departamentos más poblados del Perú, y su zona norte, donde está el yacimiento, es de las más pobres del departamento, con alta desnutrición infantil. Las autoridades y comunidades locales van a estar muy pendientes de cómo va a afectar el proyecto a la salud, el agua y la producción agrícola local”, adelanta Narda Henríquez.

La socióloga indica que el Estado debería estar muy presente para vigilar las diferentes etapas del proceso, en beneficio de las comunidades. “El gobierno tiene que mostrar decisión, así como está ocurriendo en el caso de la corrupción judicial, también en la política ambiental”, asegura.

Las expertas han obsevado que, en casos de inversiones mineras, es posible ver cómo la comunidad se transforma con la llegada de algunos beneficios inmediatos. “Aparecen algunos edificios como elefantes blancos, o becas para la universidad, pero son beneficios muy localizados y a corto plazo. No hay una estrategia de sostenibilidad ni de superación de la desigualdad”, señala Henríquez.

Otro desafío es que la zona, ubicada a gran altura, está cerca de un área de importancia cultural y arqueólógica. La empresa minera ha asegurado que los depósitos de litio están fuera de esta zona y que, si bien depósitos de uranio están dentro de esa área, no estarían directamente afectados.

Asimismo, asegura que trabaja con experimentados consultores en temas arqueológicos y medioambientales, comunidades locales y autoridades peruanas para desarrollar un plan para proteger cualquier sitio localizado en las proximidades de futuros proyectos de infraestuctura.

Política de desarrollo sostenible

Todavía hay un largo camino que recorrer. El proyecto está en etapa de exploración y para la extracción del uranio, el primer gran desafío es que se necesita una legislación que actualmente no existe en Perú, pues se trata de un material radioactivo.

Esta es una oportunidad para que el país elabore una estrategia a largo plazo con respecto a la minería, opinan las expertas consultadas: que no se conforme con el beneficio local inmediato, sino que contemple una nueva política ambiental, de desarrollo sostenible y diversificación productiva.

Los actuales productores de litio están expectantes ante el ingreso peruano al mercado y el impacto que la mayor oferta tenga en los precios, en circunstancias que algunos analistas han adelantado que, a pesar de la creciente demanda para electromovilidad, se puede esperar una caída en el precio del litio para los próximos años.

A nivel internacional, el proyecto plantea también un debate pendiente, como propone Bettina Schoor: “En el norte global, el litio ayuda a tener tener una energía más limpia, pero su producción es algo muy sucio y son las comunidades andinas las que pagan el costo. Hay que discutir cómo se puede disminuir ese desequilibrio”.

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