Conoce cómo los bosques aportan al control de la erosión y la sequía

Tanto las especies nativas como las exóticas contribuyen a la recuperación de los suelos, un desafío no menor luego de los daños que han provocado fenómenos como los mega incendios de 2017. Fuente: Lignum. 15 junio de 2018.


La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas declaró el 17 de junio el Día Mundial para Combatir la Desertificación y la Sequía, a través de una resolución aprobada en diciembre 1994, con el objetivo de llamar la atención a nivel mundial e impulsar actividades para mantener y restaurar la productividad del suelo y la tierra, así como mitigar los efectos de la sequía.

Luis Duchens, gerente de desarrollo y fomento forestal de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), explica a Revista LIGNUM que -analizando este tema a nivel local- “sin lugar a dudas la erosión y la degradación, que afectan a la mitad de los suelos del territorio nacional, según estadísticas de 2010 del Centro de Información de Recursos Naturales, constituye el principal problema sectorial de Chile”.

La relación suelo-árboles

La importancia de enfrentar estos fenómenos se explica porque el suelo es un componente relevante de los bosques y los ecosistemas forestales, debido a que ayuda a regular importantes procesos ecosistémicos, como la absorción de nutrientes, la descomposición y la disponibilidad de agua. Los suelos proporcionan anclaje, agua y nutrientes a los árboles.

A su vez, el profesor Rafael Rubilar, de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción, explica que las plantaciones forestales y bosques hacen un aporte de materia orgánica, sumado al hecho que ayudan a reducir los niveles de escorrentía superficial, lo cual tiende a estabilizar los suelos.

Efecto pendiente

Al momento de evaluar cómo enfrentar los procesos de degradación, es relevante considerar las condiciones climáticas y geográficas del lugar, debido a que “las plantaciones en zonas que son más planas probablemente pueden tener un mayor efecto sobre los continuos hídricos que se dan en las profundidades de los sistemas; versus en zonas de pendiente, donde pueden tener un aporte positivo en el balance dentro de una condición de cuenca”, menciona Rafael Rubilar (en la foto).

A ello se suma que “en general, ocurre que a mayor precipitación y pendiente, hay mayor erosión, y a mayor cobertura vegetacional, hay menor erosión. Se ha demostrado que las plantaciones forestales controlan el proceso erosivo. Sin embargo, este proceso puede reactivarse cuando hay intervenciones u operaciones forestales que no consideran factores edáficos (del suelo) limitantes y críticos”, señala Luis Duchens.

Plantaciones forestales

En ese contexto, Luis Duchens destaca que “el sector forestal ha realizado una contribución fundamental para recuperar terrenos erosionados por un uso agrícola y ganadero ancestral, proteger y manejar coberturas vegetacionales forestales en un cuarto del territorio nacional, protegiéndolos contra los procesos de erosión y sedimentación de las cuencas hidrográficas. Además, el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado, administrado por Conaf, ha contribuido a proteger la biodiversidad y funciones ecosistémicas del 20% del territorio y patrimonio natural y cultural nacional”.

Pero dicha realidad se vio fuertemente impactada por los mega incendios ocurridos en la temporada 2017 – 2018, los que afectaron una superficie de 437.039 hectáreas, con diferentes niveles de severidad.

Cabe resaltar que los efectos de los incendios forestales en suelos forestales se expresan en las propiedades físicas, químicas y biológicas, en relación a los niveles de afectación en cuanto a severidad edáfica. Es así como en las propiedades físicas del suelo se reconoce el deterioro de la textura, estructura, materia orgánica, erosión y alteraciones de las relaciones hídricas de agua-suelo-vegetación en los horizontes orgánicos y minerales.

Además, en la medida que los procesos de erosión se intensifican, pueden generar desmoronamientos de zanjas, cárcavas y taludes. Este proceso genera grados de erosión severa a muy severa, con las consecuentes pérdidas de suelos en zonas de alta severidad.

Medidas de recuperación

Luego de los daños provocados por los mega incendios, se desarrolló el “plan de acción para la recuperación del patrimonio natural y productivo afectado por los incendios de 2017”, que considera el apoyo para la rehabilitación y plantación de los suelos afectados por el fuego.

En ese contexto, Luis Duchens destaca que “la forestación tiene como objetivo la formación de una cubierta vegetacional, que constituye la principal herramienta para el control de la erosión y que se complementa con prácticas y técnicas de conservación de suelos y aguas”.

Entre las técnicas de recuperación de suelos degradados para el control de la erosión se encuentran los muretes de sacos, empalizadas de troncos quemados, ordenamiento de desechos en curva de nivel, diques de madera en quebradas y cauces. También canales de desviación y zanjas de infiltración, si la situación de estabilidad del suelo lo amerita, en función de la textura, estructura y profundidad del suelo. En este sentido, el cercado perimetral predial resulta fundamental para lograr resultados por posible presencia de ganado, conejos u otras especies invasoras.

Mientras que en áreas de quebradas y cárcavas del secano costero e interior, se considera favorecer la incorporación de especies nativas del ecosistema natural del lugar, con especies del tipo forestal esclerófilo (litre, boldo, peumo, quillay, entre otras).

En ese sentido, Luis Duchens destaca que “la gerencia de desarrollo y fomento forestal de Conaf, y con la asesoría técnica de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón, se ha desarrollado un manual de control de erosión con 25 técnicas, una guía para rehabilitar áreas devastadas por incendios forestales, folletos dirigidos a pequeños propietarios para el manejo de la regeneración natural post incendios forestales, folleto para implementación de técnicas de conservación de suelos post incendios forestales y una guía de fragilidad de suelos forestales”.

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