Las causas de los incendios en California

Al menos 31 personas han muerto en el norte de California, donde el fuego ha consumido unas 104 mil hectáreas. La sequía, rachas de vientos, récord de altas temperaturas y una mala planificación urbana serían las responsables. Fuente: El Pingüino. 13 noviembre de 2018.


Alrededor de 8.000 bomberos federales luchan contra los incendios forestales más mortíferos de la historia del estado de California, Estados Unidos.

En el siniestro, al menos 31 personas han fallecido, 228 continúan desaparecidas y cientos de miles han debido ser evacuadas. Hasta ahora, los siniestros que comenzaron la semana pasada, han quemado 104.000 hectáreas de bosques y zonas urbanas en el norte del estado. El “Camp Fire”, que afectó Sacramento y Paradise, se ha convertido en el más destructor, con más de 6.700 inmuebles destrozados. “Esto es realmente una tragedia “, dijo el gobernador Jerry Brown en una rueda de prensa.

Para California, los incendios son uno de los desastres que se repiten cada año. Las altas temperaturas que se registran en verano suelen crear un ambiente propicio para el surgimiento de fuegos. Sin embargo, durante el último tiempo, las temporadas de incendios se han alargado y potenciado por la intensa sequía que sufre hace seis años, temperaturas récord y fuertes vientos, que científicos atribuyen al cambio climático.

Durante los últimos inviernos, California vio amainada la sequía con el registro de mayores niveles de lluvia. La caída de agua provocó el crecimiento de arbustos y pastos en las principales zonas boscosas, pero en julio la ola de calor del verano siguiente secó todo a su paso.

En la ciudad de Santa Ana alcanzó un máximo de 45,5°C, superando la marca establecida en 1917, que era de 44,4°C, según el Servicio Nacional de Meteorología; en Los Ángeles se registró un récord de 44 °C, batiendo la marca de 1939; mientras que en Riverside, al noreste del estado, se registró una temperatura máxima de 47,7 grados, la más alta en las últimas nueve décadas para dicha zona. Así, el nuevo material forestal generado por las lluvias invernales terminó sumándose a la masa vegetal que murió durante los años de sequía, y se transformó en más “bencina” para los incendios. A ello, se suma que ahora las noches, aprovechadas por bomberos para combatir los incendios debido al descenso de las temperaturas, ya no son tan frescas como antes incluso en meses otoñales como octubre y noviembre.

Esto no solo implica una mayor dificultad para controlar las llamas, sino que también se generan nuevos focos de fuego durante la madrugada, aún más peligrosos al verse disminuida la capacidad de reacción de las víctimas. El viento no lo pone más fácil. Las rachas huracanadas que llegan hasta los 100 kilómetros por hora se han vuelto más habituales en los últimos años, provocando una mayor propagación del fuego. El Servicio Nacional de Meteorología advirtió este fin de semana que se pronostican vientos de 80 kilómetros por hora en la región costera de California, y hasta de 96 km/hr en las áreas montañosas.

“Hace diez o veinte años, te quedabas en tu casa cuando había un incendio y eras capaz de protegerte”, explicó a la prensa el jefe de Bomberos del condado de Ventura, Mark Lawrenson. Pero “las cosas no son lo que eran. La tasa de propagación es exponencialmente mayor de lo que era “, dijo. “Esta no es la nueva normalidad, esta es la nueva anormalidad.

Y esta nueva anormalidad continuará en los próximos 10, 15 o 20 años (…) Desafortunadamente, la mejor ciencia nos dice que el calor, la sequía, todas esas cosas, se intensificarán”, advirtió por su parte el gobernador Jerry Brown.

Uno de los focos de incendio más graves registrados en la última temporada de verano, denominado Carr Fire, se habría iniciado a comienzos de julio por un vehículo que provocó chispas en el Bosque Nacional Shasta-Trinity en el norte de California. Solo un par de semanas de desatarse el incendio ya consumía más de 64.700 hectáreas y dejaba siete fallecidos.

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