Extinción de especies: un llamado urgente al compromiso global

Opinión de Elizabeth Soto, bióloga marina de Fundación Terram, a propósito del Día de la Tierra 2019.


Para la conmemoración del Día de la Tierra de este año, se ha elegido como lema la biodiversidad de especies que hay en el planeta, reivindicando el llamado a “proteger nuestras especies». No deja de llamar la atención la referencia a “nuestras”, pues nos dice mucho de la visión que tenemos los seres humanos sobre el planeta que habitamos: es nuestro al igual que las especies que lo habitan.

La verdad no puede estar más lejos, lo cierto es que somos una especie más dentro de un planeta donde coexisten gran variedad de seres vivos y donde todos cumplimos funciones y roles dentro de un entramado natural sumamente complejo y diverso.

Sin embargo, la humanidad, que se atribuye como suyas a las otras especies con las que cohabita este planeta, es la responsable de estar arrastrando a la Tierra a una sexta gran extinción masiva de especies, la única que sería provocada por la actividad antrópica y no por causas naturales como fueron las cinco extinciones que le precedieron.

El cambio climático y la pérdida de biodiversidad producidos como consecuencias de la actividad humana, se apuntan como las principales razones de la extinción de especies. La desforestación de grandes zonas del planeta y la utilización indiscriminada de agua dulce en sistemas silvoagropecuarios poco eficientes, la contaminación ambiental y las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera producto de la utilización de combustibles fósiles, la depredación y contaminación de los océanos, son causas del mismo problema, una escala de producción que va más allá de los límites soportables por el planeta, donde se promueve un crecimiento económico infinito en un planeta finito.

Esta destrucción sistemática de la biósfera está teniendo graves repercusiones sobre la diversidad biológica y, a su vez, esta pérdida de poblaciones tendrá efectos sobre los ecosistemas ya deteriorados. Existen ejemplos de especies íconos que ahora están en peligro de extinción, como las jirafas y los leones, lo cual se ve agravado por la desaparición de ciertas especies de insectos -como las abejas que son esenciales para funciones naturales como la polinización– proceso que sustenta nuestra vida en la Tierra.

En los océanos, este punto es aún más dramático, pues especies que aún no se han descubierto podrían estar desapareciendo por las actividades de pesca excesiva, la contaminación y el cambio climático. Se estima que, de no detener el avance de este último fenómeno, antes de terminar el siglo ni siquiera las medidas de mitigación -como son la creación de áreas marinas protegidas-, serían suficientes para proteger a las especies y los ecosistemas en un océano más caliente y ácido.

El caso de la extinción especies emblemáticas, como los osos polares, es una representación de lo que está sucediendo en todos los niveles de la cadena trófica, en ecosistemas marinos y terrestres, lo cual nos está demostrando que hay especies que no logran adaptarse a las condiciones ambientales provocadas por el deterioro del entorno y que, como consecuencia, terminarán desapareciendo.

En el año en que a Chile le corresponde liderar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, es crucial que los compromisos sean categóricos y no se queden en palabras de buena crianza; es momento de tomar decisiones en serio para reducir las emisiones y evitar la destrucción de la biodiversidad y ecosistemas. Para ello, es necesario que nuestro país tome un rol protagónico y empuje una agenda ambiciosa no tan solo en reducción de emisiones, sino que también en adaptación y en promover la inclusión de temas nuevos que deben ser discutidos por el conjunto de países.


Publicado en: Opinión

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