Invasión en Cabo de Hornos

Foto: Ramiro Crego.

Un estudio de 10 años sobre las especies de mamíferos invasoras en la Reserva de Biósfera Cabo de Hornos, concluyó que el archipiélago más austral de América es dominado por mamíferos invasores, que hoy superan en números a sus homólogos nativos. Fuente: Qué Pasa-La Tercera.


Al sur de nuestro país, en el extremo sur de la ecorregión subantártica de Magallanes, está la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos. Con una superficie terrestre de 19.172 km2, cuenta con cerca de 2.200 habitantes, concentrados en Puerto Williams, en la isla Navarino, y en menor medida en Puerto Toro, en la costa este de la isla.

Hace 15 años fue identificada como una de las últimas áreas silvestres del siglo XXI. Al interior de la reserva se encuentran también otras áreas protegidas: Parque Nacional Alberto de Agostini, Parque Nacional Cabo de Hornos y Parque Nacional Yendegaia.

Contar con un espacio de esas características, es un privilegio en términos de biodiversidad para Chile. Pero un estudio alerta que está amenazado. Luego de 10 años de investigación sobre las especies de mamíferos invasoras, el trabajo no sólo estableció que superan en número a sus homólogos nativos, sino además, que en siete islas se detectaron especies invasoras, que antes no existían.

Once son las especies exóticas de mamíferos presentes: visón, castor norteamericano, perro, gato, ratón doméstico, rata almizclera, rata parda, conejo europeo, vaca, caballo, jabalí.

Publicada en la revista científica Polar Biology, contempló el estudió de 44 sitios ubicados en 13 islas de la reserva. Participaron el Programa de Conservación Biocultural Subantártica de la Universidad de Magallanes, el Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), la Universidad Austral, University of North Texas (EE.UU.) y el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).

En Chile las colaboraciones entre representantes de entidades gubernamentales y científicos, no son frecuentes. En ese sentido, Nicolás Soto, encargado regional de protección de recursos naturales renovables del SAG en la Región de Magallanes, destaca que la vinculación entre “ciencia y gestión pública” deben darse de manera fluida y permanente. “La participación del SAG de Magallanes frente al conflicto que representan las especies de fauna exótica e invasoras, se trata de un esfuerzo institucional, y respondió esencialmente al peso específico que tienen dichas poblaciones como factor de disturbio en los sistemas productivos agropecuarios y ambientales. Fue además una respuesta natural frente a la inexistencia de otros organismos que tuvieran competencias legales y operativas más específicas”, indica

Visón y castor

A través del monitoreo de cámaras-trampas, análisis de dieta de carnívoros, cuestionarios, trampeo de mamíferos pequeños y caminatas, se evaluó su expansión. Determinar si el movimiento de esas especies fue facilitado por humanos e identificar áreas que pueden ser colonizadas en el futuro próximo, era el objetivo.

En los registros se pudo determinar invasión particularmente en el área suroeste de la reserva, incluyendo islas Lennox, Picton y Nueva, además de Wollaston, la isla más grande del Parque Nacional Cabo de Hornos. “Castores y visones norteamericanos fueron las dos especies con mayor frecuencia de ser nuevamente detectados (cada una en tres nuevas islas). Además, hemos registrado fotos de perros y gatos supuestamente asilvestrados, los gatos incluso con crías, en isla Picton”, dice Elke Schüttler, científica del Programa de Conservación Biocultural Subantártica de la U. de Magallanes y del IEB.

¿Cómo llegaron los castores? En su caso, explica Schüttler, ellos pueden cruzar canales con agua fría de varios km de ancho, incluso el Estrecho de Magallanes. En la región los castores tienen una tasa de expansión de 2-6 km al año aproximadamente. Su llegada al cono sur de América fue en el año 1946, impactando ecológica y económicamente el ecosistema austral, especialmente en bosques de ribera.

En la especies silvestres, como el visón, la rata parda y el ratón de casa, el poblamiento es diferente. Pueden ser transportados en embarcaciones, indica Schüttler. De la información recopilada en encuestas con 19 pescadores, 14 (74%), señalaron haber visto visones en sus barcos. Probablemente traídos por el cebo (pescado) para la centolla. “Pero también ratas y ratones pueden haber sido transportados en embarcaciones, y a veces perros se pierden o se dejan en las islas. En conclusión, cualquier embarcación, o sea velero, lancha de pescadores, lancha de armada, crucero etc. pueda contribuir a la llegada no intencional de mamíferos invasores a las diversas islas del archipiélago subantártico”, indica.

En la Patagonia continental, dice el estudio, el visón tiene tasas de expansión lineal de 5,5 a 9 km por año. Tiene dificultades para la termorregulación durante la actividad acuática prolongada de más de cinco minutos, y las inmersiones no suelen durar más de un minuto. “Esto arroja dudas sobre su capacidad para cruzar canales de agua fría de unos pocos kilómetros y sugiere que otros mecanismos de dispersión podrían operar para el visón y otras especies invasoras”, resalta el trabajo.

Un caso crítico es el Parque Nacional Cabo de Hornos, agrega Ramiro Crego, investigador del IEB y UMAG, al realizar el estudio. El estudio sugiere que las condiciones ambientales serían óptimas para que estas dos especies invadan este parque, libre de mamíferos exóticos. “Parece que los castores podrían haber llegado por sus propios medios (solo hay evidencias indirectas), y en este caso el mejor manejo es tratar de eliminarlos en estado temprano de invasión. En el caso del visón, es muy difícil que logren cruzar nadando. Un visón que logre llegar a un sitio de anidamiento puede ser fatal para la colonia. Es por eso por lo que controles a las embarcaciones o medidas preventivas en trabajo conjunto con los pescadores u operadores turísticos son necesarias”, dice.

El aislamiento del continente que presenta la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos, ayudó a que mucha de la fauna y flora evolucionara en condiciones particulares, destaca Ramiro Crego. Eso implica, por ejemplo, que no tuvieran depredadores o grandes presiones de herbivoría. “Perros, gatos, visones, roedores, pueden ser grandes depredadores de muchas especies nativas que evolucionaron en ausencia de predadores y poco entienden del peligro que un visón o un gato representa y son presa fácil”, sostiene.

Bioseguridad

Al determinar las medidas que deben implementarse a nivel local, regional y nacional, Soto indica que se derivan especialmente de la realidad y experiencia regional. Parte de la solución pasa por fortalecer y definir las competencias legales y operativas de los servicios que tienen presencia en el medio natural, para priorizar especies, focalizar el control sobre áreas específicas, y contar con los recursos que garanticen continuidad en los trabajos.

“Necesitamos un Programa con definición clara de objetivos y metas de corto y mediano plazo, asegurar su continuidad, y focalizar el esfuerzo en la prevención de impactos mayores y en el control estratégico de áreas sensibles. El fortalecimiento de la normativa incluye, por ejemplo, llenar vacíos legales tales como la situación de animales domésticos bravíos y salvajes (perros, cerdos, gatos, otros) y dotar de facultades específicas a los Servicios vinculados con la conservación, manejo y control de fauna silvestre”, señala Soto.

Es necesario apostar a la prevención mediante medidas de bioseguridad, coincide Schüttler. Eso a través de trampas, fumigación, controles de equipaje, ropa, zapatos , entre otras medidas, en los puntos de salida, como por ejemplo, ferry, aeropuerto Punta Arenas o entrada a la reserva. “Además del control para viajes, como veleros y pescadores, entre islas”, dice.

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