«Freirina 2.0»: la lucha de los vecinos de San Javier ante la irregular instalación de una chanchera

"El olor es tan desagradable, es fuerte y ácido, se pega en la nariz y no te deja comer después, porque cada vez que comes algo sientes ese olor", es parte de lo que denuncian los vecinos del sector. Fuente: El Mostrador, 30 de abril de 2019.


En abril del 2012, la comunidad de Freirina, en la Región de Atacama, se cansó de los malos olores y comenzó una enorme movilización en contra de la planta de crianza y faenamiento de cerdos de Agrosuper que se ubicaba en la zona. Ese fue un momento complicado para la que era, entonces, la primera administración de Sebastián Piñera, al punto que el ministro de Salud de la época, Jaime Mañalich, decretó alerta sanitaria para la Provincia de Huasco y ordenó el cierre de la planta.

De acuerdo a un estudio realizado por la Comisión de Evaluación Ambiental (CEA), eran 4 las razones de los malos olores: la falla de los aireadores de la planta de tratamiento de purines y agua, los pozos homogeneizadores, las canchas de compostaje y el traslado de los animales. Finalmente, el 11 de diciembre del 2012, Agrosuper anunció que cerraba indefinidamente la planta, dando fin a una de la emergencia sanitaria.

A poco más de 930 kilómetros de Freirina y en la Región del Maule, se encuentra la comuna de San Javier. Ambas localidades no comparten clima ni fauna, pero sí una historia similar: los fuertes y desagradables olores provocados por una chanchera. Esta vez no de Agrosuper, sino de la empresa Agrícola Coexca S.A., que instaló una planta en la zona de Arbolillo. La planta, que está actualmente funcionando, ha generado la movilización de los vecinos de San Javier que ya no resisten los problemas de convivir con esta chancera en su comuna.

Álvaro Letelier es uno de los voceros de la «Agrupación Maule Sur por la vida». No es el que está más cercano a la planta, pero afirmó que siente los mismos malos olores. Su día a día –contó– es «una sensación permanente de que no se sabe cuándo va a llegar un olor. A las 12 del día se pasa un poco, ya no hay olor, porque el viento corre para otro lado, pero en la tarde uno está esperando a que llegue. Estás todo el día pensando ‘a qué hora llega’, estás con todos los sentidos esperando. Varios vecinos lo describían como una réplica de un terremoto. En el fondo uno siente que viene la réplica después».

Letelier calificó la sensación como estresante, que «el olor es tan desagradable, es fuerte y ácido, se pega en la nariz y no te deja comer después, porque cada vez que comes algo sientes ese olor, el alimento como que queda con ese olor». Y en las noches, la situación no cambia –agregó–, porque el «olor es tan fuerte que a todos nos despierta».

La pesadilla de San Javier comenzó el año 2008, cuando la Agrícola Coexca S.A., instaló en el kilómetro 25 de la Ruta Los Conquistadores, el proyecto llamado ‘Plantel porcino 10.000 madres, San Agustín del Arbolito», aprobado por la Comisión Regional del Medio Ambiente.

El proyecto consistía en un plantel de crianza y engorda de 10 mil cerdos hembras, en un predio de 7 hectáreas, con el objeto de exportar carne a países asiáticos y nórdicos, como Dinamarca. En la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) que presentó la empresa, el proyecto no contempla un tratamiento efectivo de los purines –orina, fecas y agua de lavado de cerdos– y solo considera el paso de los desechos por membranas, que separarán los sólidos de los líquidos. Estos últimos serían transportados hacia piscinas anaeróbicas, obsoletas ya en el año 2008, que descargan en un embalse de acumulación de 77 hectáreas. Allí permanecerán durante seis meses (otoño e invierno), para luego ser extraídos en la época estival y utilizados en el riego de plantaciones forestales de pino ubicadas en las zonas altas cercanas al predio de la planta.

De acuerdo al relato de vecinos de la chancera, la empresa debe comunicar a través de la prensa local, radial o escrita, la construcción de un proyecto de esta envergadura. Y lo hicieron, aunque 10 kilómetros más lejos de donde está instalada actualmente la chanchera: lo hicieron cerca del kilómetro 33 de la Ruta Los Conquistadores, cerca de Cauquenes. «Ni siquiera Arbolito existe en ese sector», criticó el dirigente social.

Debido a esta equivocación, los vecinos jamás supieron de la instalación de la chanchera sino hasta el año 2015, cuando recién comenzaron a construir y funcionar, trayendo los primeros planteles de cerdos e instalando un moderno biodigestor, el que no estaba contemplado en el CEA del 2008. La empresa, por tanto, solicitó ese mismo año una nueva, donde comunicaba la construcción del biodigestor –el que estaba funcionando ya sin permiso– y además modificaba el plantel inicial de cerdos, pasando a ser un solo pabellón de 44 mil ejemplares, todos juntos.

Según la Ley 19.300 –y su modificación incluida en la Ley 20.417–, la construcción de un proyecto sin Resolución de Calificación Ambiental que genere impactos en el entorno, constituye «una falta gravísima».

Este cambio, a todas luces irregular según Letelier, fue aprobado por el SEA de la Región del Maule. Eso irritó a la comunidad, que comenzó con más fuerza a manifestar su enojo por la instalación de la chanchera. Los vecinos aseguraron que tras esta modificación se le debió haber puesto término anticipado a su evaluación, ya que carece de información relevante y esencial.

En ese sentido, no se pueden determinar los impactos ambientales, según lo establece el artículo 11 de la Ley General de Medio Ambiente, porque no contiene la información para ello, así, no contiene los permisos sectoriales que se comprometieron en la RCA, ni información respecto de las comunidades.

Según los vecinos, la empresa amenazó a las autoridades locales indicando que si no aprobaban esta modificación al proyecto, «iban a construir el anterior diseño, que era más grande que Freirina. Ante eso, aprobaron el ‘mal menor'», relató Letelier. Un documento confirma que las autoridades conocían estas modificaciones, por lo que reconocían que la compañía se hallaba construyendo algo que no estaba en los planos iniciales.

En junio del 2018 aprobaron la modificación y, al mes siguiente, la comunidad contraatacó, presentando ante el SEA una reclamación. La diferencia es que la presentaron a nivel central, en Santiago y no en el Maule. El resultado fue a favor de los vecinos, anulando el CEA del 2018. La chanchera, por tanto, no podía funcionar más.

La empresa se percató de las manifestaciones de los vecinos e intentó «comprarlos» –como describe Letelier– ofreciéndoles cajas con carnes o productos que necesitaran, gracias a una encuesta realizada por una empresa externa que fue contratada por Coexca. A los vecinos más cercanos, de hecho, les ofrecieron comprar su terreno, pero solo los derechos de propiedad.

La chancera siguió funcionando. En efecto, sacaron permisos sectoriales para distintas obras basándose en la RCA del 2018, la misma que ya había sido anulada, por lo que todos esos permisos también fueron anulados. Así, Coexca no tiene autorización para el cambio de uso de suelo, tampoco el de la DGA para obras mayores (para el embalse de 76,76 hectáreas ni para cambios de cursos de aguas, entre otros y, a pesar de eso, igual ha realizado obras en los cursos de agua del sector).

Los vecinos también reclamaron ante la Seremi de Salud del Maule, Marlenne Durán, y ante la Superintendencia de Medio Ambiente de la región. De acuerdo a Letelier, fue necesario reclamar ante la Contraloría General porque «no hacían nada» con las denuncias y que solo después de eso la Seremi le pasó un sumario sanitario a la firma. ‘Aquí se rumorea que hay corrupción, porque no puede ser que esta empresa haga tanto daño a todos nosotros y las autoridades no hagan nada’, recalcó Letelier.

En la actualidad, la planta construida tiene un homogeneizador 63 veces más grande y una laguna anaeróbica 7 veces más grande que las aprobadas inicialmente, además de no tener construidos los sistemas de contención de aguas contactadas y escurrimientos al río Purapel.

Allí, en ese sector, debería estar construido un muro y un embalse de seguridad.

La agrícola Coexca posee capitales daneses (45%) y maulinos, se dedica a la exportación de carne de cerdo, con una facturación anual que supera los $50 mil millones.

El plantel porcino ‘Criadero San Agustín del Arbolito’ habría recibido aportes del Fondo Danés de Agronegocios (DAF) que ingresó como socio de la empresa chilena, al igual que JB Equity Limited, con sede en Edimburgo, Escocia.

Incluso el mismo embajador de Dinamarca en Chile, Jens Godtfredsen, publicó en su cuenta oficial de Twitter una foto el pasado 22 de enero visitando una granja de Coexca, ubicada cerca de Talca, con el siguiente mensaje: «En terreno ayer visitando la granja de Coexca en San Agustín, Talca, que cuenta con una importante inversión danesa. A mi nuevo amigo aquí le gusta los estándares de producción danesas».

El episodio no pasó desapercibido. Letelier junto a otros representantes de la comunidad fueron a reclamar a la embajada de Dinamarca, obteniendo solo como respuesta que el capital era de «jubilados franceses».

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