Informe IPBES: el bienestar de los ecosistemas requiere acciones concretas

Editorial de Fundación Terram sobre las cifras relevadas por el informe IPBES y la realidad nacional.


El resumen del último informe de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) relevado esta semana por la prensa nacional e internacional nos pone en alerta sobre una realidad que estábamos ignorando, pero que no logra pasar desapercibida: los efectos de la actividad humana están deteriorando cada día más rápido los ecosistemas y acelerando de manera impresionante la extinción de especies, pues hay cerca de un millón de especies amenazadas con desaparecer de la faz de la Tierra.

En este informe, los más 145 autores –que contaron con la colaboración de otros 310 autores contribuyentes- identificaron los cinco impulsores directos de la transformación de la biodiversidad global: el cambio en el uso de suelo y el mar, la explotación directa de organismos, el cambio climático, la contaminación y la introducción de especies exóticas invasoras.

Así también el reporte mundial sobre biodiversidad destaca que América Latina es la región más afectada con esta realidad, ya que durante los últimos años son los bosques tropicales y subtropicales de nuestro continente los que se han visto más alterados por el cambio de uso de suelo, una de las principales causas del deterioro ambiental que estamos presenciando, y que en nuestra región se ha dado principalmente por el rol agroexportador que ha tomado a nivel global, al basar su economía en la distribución de alimentos para mercados externos.

A nivel nacional, los cambios en el uso del mar y su sobreexplotación parecieran invisibles -debido al distanciamiento que existe en la mayoría de la población nacional con este medio-, pero cuando observamos que el 70% de las pesquerías nacionales se encuentran sobreexplotadas, agotadas o colapsadas y que la salmonicultura está buscando expandir sus instalaciones hacia áreas de conservación (como la Reserva de la Biósfera Cabo de Hornos y la Reserva Nacional Kawésqar) en la Región de Magallanes y la Antártica Chilena –ya que no se están otorgando nuevas concesiones en las regiones de Los Lagos y Aysén debido a las condiciones sanitarias y ambientales que posee la industria en ambas zonas-, es entonces que comprendemos que tenemos un problema en el manejo de nuestras costas, pues estamos sobrecargando este ecosistema mucho más de lo que él mismo puede regenerarse y de paso contribuyendo a una situación en los océanos que pareciera, según indica el reporte del IPBES, irreversible a nivel global.

Sin embargo, el IPBES nos deja una esperanza: aun no es demasiado tarde para comenzar a actuar, si y solo sí, comenzamos desde ya a trabajar arduamente en reducir nuestro impacto sobre todas las formas de vida que alberga este planeta, con iniciativas en las escalas locales, nacionales y globales. Desde Fundación Terram hemos destacado de manera incansable que uno de los grandes motores para acelerar un cambio de paradigma debe venir de regulaciones estatales que nos lleven a enfocar nuestro modelo de desarrollo en la sostenibilidad del entorno, un modelo que asegure el bienestar de los ecosistemas naturales nacionales para las generaciones presentes y futuras, tomando medidas como, por ejemplo, prohibir la expansión de industrias impactantes (como es la salmonicultura) en áreas protegidas, medida que solo cambiará si el Estado realiza los cambios regulatorios correspondientes. Sí. Detener la devastación ambiental solo depende de acciones concretas que, obviamente, no vendrán desde los/as invesionistas.

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